El grupo Toyota está desmantelando de manera acelerada su red histórica de participaciones accionarias cruzadas. Esta práctica, típica de muchas corporaciones japonesas, ha estado siendo gradualmente reemplazada por estrategias más enfocadas en la eficiencia financiera y la creación de valor sostenido. El cambio cobra especial importancia en momentos en que Toyota necesita liberar recursos para potenciar su transformación hacia la electrificación.
Durante el último ejercicio fiscal cerrado en marzo de 2025, las ventas de valores por parte de las principales empresas del grupo Toyota —entre ellas Toyota Motor, Denso, Aisin y Toyota Tsusho— ascendieron a 1,21 billones de yenes, equivalentes a aproximadamente 8.300 millones de dólares. La cifra representa un aumento del 50 % respecto del año anterior, cuando se habían vendido 837.000 millones de yenes. Estas transacciones implicaron la desvinculación de participaciones en 70 compañías, reduciendo el total de firmas en cartera a 153, lo que equivale a la mitad del número registrado hace solo dos años.
Uno de los casos más destacados fue el de Denso, proveedor clave de autopartes y sistemas electrónicos para vehículos. La empresa vendió acciones por un valor de 438.500 millones de yenes, más del triple de lo registrado el año anterior. En un giro estratégico relevante, Denso se deshizo completamente de sus tenencias en otras firmas del grupo como Aisin y Jtekt, mientras que reforzó su posicionamiento en el sector de semiconductores mediante adquisiciones específicas, como la de acciones en Rohm. No obstante, también vendió todas las participaciones cruzadas que mantenía en cinco compañías cotizantes.
Toyota Motor, por su parte, lideró las ventas con una cifra cercana a los 643.300 millones de yenes, duplicando el volumen del ejercicio previo. La empresa no se limitó a reducir sus inversiones en otras integrantes del grupo, sino que también avanzó con la liquidación de participaciones en conglomerados ajenos, como Sumitomo Mitsui Financial Group, y recortó su exposición en empresas del sector de telecomunicaciones, como KDDI.
A finales de marzo de 2025, Toyota Motor mantenía acciones cruzadas en 34 empresas que cotizan en bolsa, con un valor total cercano a los 2,95 billones de yenes. Esto representa una reducción del 16 % en valor respecto al año anterior y la desvinculación de seis compañías adicionales. Este repliegue se enmarca en una estrategia de largo plazo que busca reconfigurar la estructura corporativa del grupo.
Durante décadas, Toyota cultivó una arquitectura empresarial basada en vínculos accionariales entre sus diferentes subsidiarias y afiliadas, una práctica heredada desde los tiempos de Toyota Industries, la empresa matriz original. Sin embargo, en los últimos años esta estructura ha comenzado a transformarse, dando paso a reorganizaciones internas, como la oferta pública de adquisición lanzada para tomar control total de Toyota Industries. En ese proceso, varias compañías del grupo han vendido todas sus acciones en la firma, lo cual generará una reconfiguración en la relación de inversión entre fabricantes de autopartes. Por ejemplo, tras el cierre de las operaciones, Denso dejará de tener participación en fabricantes de componentes del grupo, mientras que Aisin solo mantendrá su vínculo con Jtekt.
Las implicancias de esta estrategia exceden al universo Toyota. A fines de marzo de 2024, Toyota Motor figuraba como el quinto mayor tenedor de acciones cruzadas entre las compañías japonesas listadas, y como el número uno dentro del sector no financiero. Por lo tanto, su decisión de reducir esas posiciones podría generar un efecto dominó en otras grandes corporaciones del país.
El contexto regulatorio y financiero en Japón también está empujando a las empresas a abandonar las viejas estructuras de participación. En marzo de 2023, la Bolsa de Valores de Tokio solicitó a las compañías cotizadas que gestionen sus operaciones considerando el costo de capital y el precio de sus acciones, promoviendo metas como alcanzar una relación precio-valor contable (price-to-book) igual o superior a 1. Esta exigencia ha sido reforzada por inversores institucionales, que históricamente han criticado las tenencias cruzadas por considerarlas una forma de protección para la dirigencia empresarial, más que una estrategia de generación de valor.
En paralelo, Toyota ha establecido metas ambiciosas de rentabilidad, como un retorno sobre el capital del 20 %. Para lograrlo, se espera que la compañía destine los fondos liberados a segmentos estratégicos como la conducción autónoma, los servicios postventa y el desarrollo de nuevas plataformas digitales. La electrificación, que representa uno de los mayores desafíos industriales de los próximos años, también requerirá grandes inversiones, y este proceso de desinversión podría ser clave para financiarlo.
De acuerdo con estimaciones del Nomura Institute of Capital Markets Research, la práctica de tenencia cruzada de acciones ha caído a niveles cercanos a una quinta parte de los máximos registrados en 1990. Esto confirma que la tendencia de desmantelamiento de estas estructuras ya está en una fase avanzada, e incluso podría estar acercándose a su fin.
El gran desafío para Toyota y sus empresas vinculadas será, entonces, encontrar formas efectivas de reinvertir los recursos liberados. Esto requerirá no solo una estrategia clara de asignación de capital, sino también una redefinición del perfil accionario del grupo. La desaparición progresiva de las participaciones cruzadas implica la necesidad de atraer nuevos inversores institucionales con una mirada centrada en el crecimiento a mediano y largo plazo.
La irrupción de inversores activistas en el ecosistema japonés ha introducido una dinámica más exigente, que pone el foco en la eficiencia operativa, la transparencia y la rentabilidad sostenible. En este escenario, la evolución de Toyota puede convertirse en un modelo de transición para muchas otras compañías que aún conservan estructuras accionariales heredadas.
Así, mientras avanza hacia la electrificación y nuevos modelos de negocio, Toyota también lidera una transformación silenciosa, pero profunda, en el corazón del capitalismo corporativo japonés.
Colaboradora en ReporteAsia.














