India concede, pero protege: así es el TLC con Reino Unido

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La reciente firma del Tratado de Libre Comercio (TLC) entre India y el Reino Unido marca un hito en las relaciones económicas bilaterales. Aunque el acuerdo contempla significativas reducciones arancelarias para las exportaciones automotrices británicas, el gobierno indio ha estructurado el tratado de manera cuidadosa, incluyendo salvaguardas clave para proteger a los fabricantes nacionales de automóviles.

El acuerdo, concluido formalmente el pasado 6 de mayo, representa un esfuerzo estratégico de India para impulsar el comercio exterior sin comprometer la competitividad y estabilidad de uno de sus sectores industriales más importantes: la manufactura automotriz.

India ha accedido a reducir progresivamente los aranceles a las importaciones de automóviles provenientes del Reino Unido, que pasarán del actual 100% al 10% en un plazo de 10 años. Sin embargo, esta reducción no se aplicará de manera uniforme en todas las categorías de vehículos.

“El enfoque de India es muy matizado”, afirmó un alto funcionario del gobierno que participó en las negociaciones. “Las reducciones de aranceles y los cupos estarán definidos por el precio y la cilindrada del vehículo”. De esta forma, los autos de lujo o aquellos con mayores emisiones podrían no beneficiarse de las reducciones arancelarias de la misma manera que los vehículos eléctricos o híbridos.

Los fabricantes indios, que abastecen ampliamente al mercado interno, han manifestado tradicionalmente su preocupación por la posible entrada de vehículos extranjeros a precios competitivos. El gobierno, consciente del papel que juega esta industria en la economía nacional, ha introducido salvaguardas como cuotas de importación y un cronograma gradual de reducción de tarifas que permitirán a los fabricantes locales adaptarse sin un choque abrupto.

Qué pasa con la producción nacional de India y el acuerdo con Reino Unido

India también mantiene una firme política de promoción de la producción nacional a través del programa Make in India, el cual incentiva la inversión extranjera directa, pero con producción y ensamblaje en territorio indio. Este modelo ha sido adoptado por diversas marcas internacionales, incluyendo varias automotrices británicas, lo cual refuerza el argumento de que el mercado local puede beneficiarse de la apertura sin necesariamente perder competitividad.

Uno de los puntos clave del acuerdo es el énfasis en los vehículos eléctricos (EV), en línea con la política del Reino Unido de prohibir la venta de vehículos nuevos a gasolina y diésel a partir de 2030, con un mandato de emisiones cero para 2035.

Con el 80% de su producción automotriz destinada a la exportación —principalmente a Europa—, el Reino Unido busca ampliar su presencia en nuevos mercados, como India, especialmente con su creciente línea de vehículos eléctricos.

Desde la perspectiva británica, el acuerdo permite posicionar al Reino Unido como un proveedor líder de tecnología de movilidad sostenible, mientras se diversifican los mercados ante la incertidumbre post-Brexit y los desafíos logísticos europeos.

Aunque la reducción de aranceles para automóviles ha sido uno de los puntos más debatidos del TLC, las autoridades señalan que el acuerdo “entrega más en servicios que en bienes”. En 2024, el comercio bilateral ascendió a USD 56.760 millones, de los cuales el 58% correspondió al sector de servicios.

India exportó a Reino Unido servicios por un valor de USD 19.570 millones, frente a los USD 13.450 millones en servicios que el Reino Unido vendió a India. Esto refleja la complementariedad de las dos economías, particularmente en tecnología, educación, servicios financieros, turismo médico y consultoría.

Por su parte, el Reino Unido se beneficia de acceso facilitado para productos icónicos como el whisky escocés, que históricamente ha enfrentado altos aranceles en el mercado indio. Asimismo, las industrias británicas del automóvil y la ingeniería ven en India una plataforma para expandir sus exportaciones gracias a este acuerdo.

India, a su vez, verá aranceles reducidos para el 99% de sus exportaciones hacia el Reino Unido, con el 85% de esas líneas tarifarias completamente libres de aranceles en un plazo de 10 años. Esto incluye sectores como textiles, productos farmacéuticos, tecnología de la información y manufacturas ligeras.

Aunque el texto final del acuerdo ya fue cerrado, actualmente se encuentra en etapa de “legal scrubbing”, un proceso técnico-jurídico que se espera dure tres meses. Luego, deberá pasar por el proceso de ratificación en el Parlamento británico, lo que podría demorar hasta un año. En consecuencia, la implementación plena del tratado se estima para dentro de 15 meses.

Las empresas de ambos países ya comienzan a prepararse para capitalizar las oportunidades que emergerán del TLC. Cámaras de comercio, organismos exportadores y consultoras legales han iniciado seminarios y capacitaciones para que empresarios y ejecutivos comprendan los beneficios y condiciones del nuevo marco comercial.

Ambos gobiernos han manifestado su deseo de duplicar el comercio bilateral hacia 2030, alcanzando un volumen de USD 120 mil millones. Para ello, el TLC representa una herramienta fundamental, pero no el único instrumento.

“Este acuerdo debe verse como un punto de partida para una colaboración más ambiciosa”, dijo un analista de comercio internacional. “El éxito dependerá también de las inversiones recíprocas, la cooperación tecnológica y el apoyo a las pymes”.

El TLC entre India y el Reino Unido marca una nueva etapa en sus relaciones económicas, equilibrando la apertura comercial con una defensa inteligente de los intereses industriales domésticos. En particular, la política automotriz incluida en el acuerdo ejemplifica cómo los tratados modernos pueden ofrecer beneficios sin sacrificar la estabilidad de sectores estratégicos.

A medida que se acerque su implementación total, el acuerdo será observado de cerca no solo por empresarios e inversores, sino también por otros países que negocian acuerdos similares con ambas potencias. Para India, representa un avance hacia su consolidación como centro manufacturero global. Para el Reino Unido, una reafirmación de su compromiso con el comercio post-Brexit y la transición hacia la movilidad eléctrica.

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