El Edificio Alas, majestuosamente ubicado en el Barrio San Nicolás de Buenos Aires, emerge con su imponente presencia en el horizonte de la ciudad. “Con sus más de 40 pisos que se alzan hacia el cielo, este rascacielos emblemático busca salvaguardar los vestigios de su época dorada, cuando ostentaba el título de la torre más alta de la ciudad hasta 1994” explica Marcel Erwin Melhem, especialista en desarrollo inmobiliario y real state.
Con su imponente altura y su ubicación estratégica en una de las avenidas más prominentes de Buenos Aires, la Avenida Leandro Alem, el Edificio Alas se convierte en un hito arquitectónico que atrae la atención de locales y visitantes por igual.
“Su presencia imponente se destaca en el paisaje urbano, y es testigo de la evolución y transformación de la ciudad a lo largo de los años” dice Melhem.

Desde sus primeros días, el Edificio Alas se convirtió en un símbolo de progreso y modernidad en Buenos Aires. Su altura sin precedentes en Sudamérica en su momento capturó a los habitantes de la ciudad y marcó un nuevo hito en la arquitectura argentina. Durante décadas, fue un punto de referencia un símbolo del espíritu innovador de la ciudad.
Originalmente concebido como edificio ATLAS, el edificio está compuesto de tres cuerpos, el primero llega hasta los 65 metros, el segundo tiene 12 metros y el tercero es una esbelta torre de 55 metros.
“Construido con una estética racionalista, destaca por su fachada recubierta de granito y su imponente hall principal revestido de mármol travertino. En su interior, el bloque central alberga nueve departamentos por piso. Además, originalmente contaba con un almacén de abastecimiento y locales comerciales de uso interno” explica Marcel Erwin Melhem.
La historia del Edificio Alas incluye un cambio de nombre y un cambio de propietario. Originalmente perteneciente a la Agrupación de Trabajadores Latinoamericanos Sindicalizados S.A., fue expropiado y pasó a manos de la Fuerza Aérea Argentina, quien lo concluyó y destinó a viviendas para su personal de diversos rangos. Fue en este momento que el edificio adoptó su nombre actual, «ALAS».

Entre 1957 y 1978, los estudios de Canal 7 funcionaron en los dos subsuelos, la planta baja, el entrepiso y el primer piso del Edificio Alas. En la actualidad, los subsuelos se utilizan como cocheras.
A pesar de los cambios y desafíos que ha enfrentado a lo largo del tiempo, el Edificio Alas se mantiene como un hito arquitectónico que perdura en la memoria colectiva de Buenos Aires.
Un récord arquitectónico
El Edificio Alas destacó por ser el primer rascacielos en Sudamérica en alcanzar los 40 pisos. Construido con una estructura de hormigón armado, desafió los límites de la altura inmobiliaria argentina
A pesar de su grandeza, ha generado opiniones encontradas en cuanto a su estética. Una encuesta realizada en 2013 ubicó al edificio en la lista de las construcciones más feas de la ciudad de Buenos Aires, en contraposición al Edificio Kavanagh que recibió las más altas valoraciones.

“Sin embargo, algunos argumentan que la sobriedad y contundencia de su fachada pueden haber sido malinterpretadas, y que su diseño racionalista merece ser apreciado en su contexto histórico y urbano” indica Melhem, agregando que “el edificio ha permanecido como un testigo silente de los cambios políticos y sociales que han ocurrido a lo largo de los años, formando parte integral del paisaje urbano de Buenos Aires”.
Retos de su preservación
Aunque cuenta con una superficie de 99,000 metros cuadrados, una imponente azotea que se eleva hasta los 141 metros y una sólida estructura compuesta por 185 verticales, el deterioro de su fachada y la existencia de problemas relacionados con la caldera, ha llevado a la implementación de restricciones en el uso del agua.
“La conservación adecuada de un edificio de esta magnitud y significado histórico requiere un cuidado constante y una inversión en labores de mantenimiento y restauración” explica Melhem, argumentando que “el edificio, como uno de los íconos arquitectónicos de Buenos Aires, merece ser preservado para las generaciones futuras, tanto por su valor estético como por su importancia histórica”.
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“La relevancia del Edificio Alas hace que su preservación sea una responsabilidad colectiva, también se requiere de una conciencia y aprecio por su valor patrimonial, impulsando iniciativas de sensibilización y educación sobre la importancia de conservar este ícono arquitectónico” agrega Melhem.
En última instancia, preservar el Edificio Alas no solo implica asegurar su supervivencia física, sino también mantener vivo su legado político y cultural.
Aunque pareciera que su época dorada ha pasado ya hace un buen tiempo, el Edificio Alas representa una parte integral de la identidad de Buenos Aires y su conservación es esencial para comprender y apreciar la evolución arquitectónica y social de la ciudad a lo largo del tiempo.
Colaboradora en ReporteAsia.












