TCP y el sindicato portuario suman más de 25 días de interrupciones en 2026, mientras el presidente Yamandú Orsi califica la situación en el Puerto de Montevideo de «compleja» y el sector privado exige una respuesta del Gobierno.
El Puerto de Montevideo atraviesa una nueva escalada de su conflicto laboral, con la Terminal Cuenca del Plata (TCP) —su principal terminal de contenedores— paralizada desde el viernes 7 de agosto. La empresa informó que no atendería camiones el sábado 8, el domingo 9, ni el lunes 10 hasta nuevo aviso, tras una asamblea del Sindicato Único Portuario y Ramas Afines (SUPRA) que resolvió no reintegrarse a las tareas hasta una reunión tripartita en el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social (MTSS), prevista para hoy.
TCP pertenece en un 80% al operador logístico belga Katoen Natie y en el 20% restante a la Administración Nacional de Puertos (ANP), el organismo estatal uruguayo. Por sus instalaciones circula la mayor parte del comercio exterior de Uruguay, además de cargas en tránsito hacia otros destinos de la región, lo que la convierte en una pieza clave de la hidrovía Paraná-Paraguay que utilizan también Paraguay y Bolivia para acceder al Atlántico.
El origen de la disputa se remonta al 27 de abril, cuando venció el convenio colectivo que regía a los 550 trabajadores de la terminal. Según el sindicato, el vencimiento se produjo por una cláusula impuesta por la propia empresa, lo que hizo caer tanto los beneficios vigentes como la llamada «cláusula de paz» —el compromiso de no tomar medidas de fuerza mientras se negocia—. Desde entonces, TCP y SUPRA no lograron cerrar un nuevo acuerdo.
Los reclamos del sindicato incluyen una reducción de la jornada laboral sin pérdida salarial y un incremento sustancial en la cantidad de jornales garantizados, además de denuncias por falta de agua caliente en las áreas operativas durante el invierno y una infraestructura sanitaria insuficiente para el personal. La empresa, por su parte, sostiene que esas demandas son inviables para el sector portuario y que su imposición como condición previa obstaculiza una negociación de buena fe hacia un convenio «viable y sostenible».

El conflicto no es un hecho aislado sino una tendencia que se viene consolidando desde 2025, cuando el puerto acumuló 36 días con algún tipo de interrupción operativa, incluyendo una crisis previa por la implementación del sistema operativo Navis N4 que provocó paralizaciones, cancelación de escalas y desvío de buques hacia otros puertos de la región. Navieras como MSC, Maersk, ONE (la japonesa Ocean Network Express) y Hapag-Lloyd llegaron a cancelar servicios y recaladas por la incertidumbre operativa en Montevideo. En lo que va de 2026, ya se contabilizan 25 jornadas con afectaciones.
Hubo un intento de destrabe a mediados de julio, cuando el sindicato y TCP alcanzaron una tregua por mediación del MTSS con el objetivo de negociar el nuevo convenio, pero el acuerdo no resolvió el problema de fondo y las protestas se reanudaron hacia fines de julio. El presidente Yamandú Orsi calificó la situación de «compleja» y dijo que lo tiene «muy preocupado», mientras que organizaciones empresariales uruguayas reclamaron al Gobierno que adopte medidas para garantizar la continuidad operativa, advirtiendo que las interrupciones deterioran la confiabilidad de la principal puerta de comercio exterior del país y afectan su imagen como plataforma logística regional.
Lo que está en juego excede lo estrictamente laboral. Montevideo compite de manera directa con los puertos argentinos y brasileños de la región por captar tráfico de carga y escalas de las grandes navieras internacionales, en un momento en que el comercio con Asia —y en particular con China, principal socio comercial de buena parte del Mercosur— depende cada vez más de la previsibilidad logística de estos nodos portuarios.
La participación de navieras asiáticas como ONE en los desvíos de 2025 no es un dato menor: en un contexto donde Beijing viene profundizando inversiones en infraestructura portuaria en distintos puntos de América Latina como parte de su estrategia de conectividad comercial, cada día de interrupción en Montevideo empuja a esas mismas navieras a evaluar alternativas de escala más confiables, con el riesgo de que el tráfico de carga se reordene de forma más permanente hacia otros puertos de la región. Para un país como Uruguay, cuya estrategia de inserción internacional pasa en gran medida por consolidarse como plataforma logística confiable entre el Atlántico y la hidrovía, la resolución de este conflicto no es solo una cuestión sindical sino una definición sobre qué lugar quiere ocupar en el mapa del comercio global.
Co-fundador de ReporteAsia.














