El estudio midió a 42.151 personas en 36 países y encontró que Chile y México son los únicos casos latinoamericanos donde Beijing supera claramente a Washington en confianza.
Un nuevo estudio del Pew Research Center muestra un giro en la percepción pública chilena sobre las dos principales potencias globales. Según la encuesta, el 49% de los chilenos tiene una opinión favorable de China, contra apenas el 37% que valora positivamente a Estados Unidos, una brecha de 12 puntos que marca un contraste fuerte respecto de 2014, cuando la aprobación de Washington en el país trasandino llegaba al 72%.
El relevamiento se realizó entre el 8 de febrero y el 13 de mayo de 2026, con entrevistas a 42.151 personas en 36 países, incluyendo 6.132 encuestados de Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Perú. Los datos posicionan a Chile como uno de los cuatro países de la región —junto a Argentina, México y Perú— donde China ya recibe una valoración general más favorable que Estados Unidos. En Brasil y Colombia, en cambio, las opiniones sobre ambas potencias aparecen más equilibradas.
Las percepciones de Chile
La ventaja china no se limita a la simpatía general. Cuando se pregunta específicamente por confiabilidad como socio internacional, el 55% de los chilenos elige a China contra el 47% que confía en Estados Unidos. Chile y México son, de hecho, los únicos dos países latinoamericanos del estudio donde esa diferencia resulta estadísticamente significativa; en Argentina, Brasil, Colombia y Perú las brechas entre ambas potencias no alcanzan relevancia estadística.
El otro dato que sobresale tiene que ver con la percepción de intervencionismo. El 84% de los chilenos considera que Estados Unidos interfiere en los asuntos internos de otros países, frente a solo el 46% que le atribuye esa conducta a China. Esa cifra ubica a Chile como el país de la región con la percepción más alta de intervencionismo estadounidense, por encima de Brasil (76%), Argentina y Colombia (75% cada uno), México (73%) y Perú (65%).
Washington conserva todavía una ventaja en un terreno específico: el respeto por las libertades individuales, donde sigue siendo mejor valorado que Beijing. Pero el estudio señala que incluso esa distancia se redujo en los últimos años, en gran parte por el deterioro de la imagen estadounidense en la región más que por una mejora sustancial de la percepción china.
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Dos economías cada vez más cercanas
Los resultados chilenos no son un dato aislado sino el reflejo de una relación económica cada vez más densa. China es el principal socio comercial de Chile y el principal destino de sus exportaciones, con vínculos que se extendieron en los últimos años hacia inversiones, energía, minería, telecomunicaciones, agricultura y cooperación científica.
Esa profundidad económica ayuda a explicar por qué Chile, junto con México, se despega del resto de la región en su valoración de Beijing como socio confiable: son las dos economías latinoamericanas con la relación comercial más estructurada y diversificada con China.
Lo que revela esta encuesta va más allá de la simpatía puntual hacia uno u otro país: describe un reacomodamiento silencioso en la manera en que América Latina lee el orden global. Durante décadas, la centralidad de Estados Unidos en la región se sostuvo tanto en lazos económicos como en una superioridad percibida en materia de valores democráticos y previsibilidad institucional. Hoy esa ventaja se erosiona en el terreno de la confianza práctica —quién es un socio comercial más fiable, quién interviene menos— aunque Washington retenga cierto capital simbólico en libertades individuales.
Beijing mira agradecido
Para Beijing, estos números funcionan como validación de su estrategia de diplomacia económica de bajo perfil político en la región: mientras Washington es percibido como un actor que condiciona e interviene, China logra proyectarse como un socio pragmático centrado en el comercio.
El desafío de fondo, que el propio estudio sugiere, no es menor para países como Chile: sostener una política exterior autónoma que capitalice esa relación sin derivar en una dependencia excesiva de una sola potencia, en un tablero donde Washington y Beijing disputan influencia con herramientas cada vez más distintas.










