Reconversión industrial de Stellantis en Argentina acelera el cambio hacia la electromovilidad

La reconversión industrial de Stellantis en Argentina atraviesa una nueva etapa en julio de 2026 con cambios profundos en las plantas de El Palomar y Ferreyra. La compañía avanza con la modernización de sus procesos productivos como parte del plan global Dare Forward 2030, que busca ampliar la fabricación de vehículos electrificados y reducir el impacto ambiental de sus operaciones. La transformación incluye la incorporación de nuevas tecnologías, la reorganización de líneas de producción y una redefinición de las estrategias laborales e industriales que la automotriz desarrollará en el país durante los próximos años.

La transición no se limita a la llegada de modelos híbridos y eléctricos. También implica una adaptación de la infraestructura, la capacitación de trabajadores, nuevas relaciones con proveedores y un rediseño del esquema productivo para responder a las exigencias de un mercado que evoluciona hacia sistemas de movilidad más eficientes. En este contexto, Argentina ocupa un lugar relevante dentro de la estrategia regional del grupo, que busca convertir a sus plantas sudamericanas en centros preparados para producir vehículos compatibles con las nuevas plataformas globales.

El plan que redefine la producción automotriz

La transformación que lleva adelante Stellantis responde a una estrategia diseñada para toda la compañía a nivel mundial. El programa Dare Forward 2030 fija objetivos concretos relacionados con la reducción de emisiones, la electrificación de la gama y la utilización de energías renovables en las plantas industriales.

En Argentina, ese proceso comenzó a hacerse visible con el cierre de algunas líneas de producción tradicionales y la preparación de las fábricas para recibir nuevas tecnologías. Uno de los cambios más significativos ocurrió en El Palomar, donde dejaron de fabricarse modelos históricos como la Peugeot Partner y la Citroën Berlingo, vehículos que durante casi tres décadas formaron parte del paisaje industrial de la planta bonaerense.

La decisión representa mucho más que el final de un ciclo productivo. También refleja el cambio de rumbo que atraviesa la industria automotriz internacional, donde la fabricación de vehículos con motores de combustión comienza a convivir con plataformas híbridas y completamente eléctricas.

Dentro de ese escenario, la empresa proyecta que antes de finalizar la década más de la mitad de la producción regional incorpore algún tipo de sistema de propulsión electrificado. Esa meta obliga a modificar procesos industriales, adaptar instalaciones y desarrollar nuevos estándares tecnológicos.

La estrategia contempla además inversiones destinadas a mejorar la eficiencia energética de las plantas mediante proyectos de generación solar y acuerdos con proveedores para fabricar componentes compatibles con las nuevas arquitecturas eléctricas.

El impacto sobre el empleo y la reorganización de las plantas

Toda reconversión industrial genera cambios que trascienden el aspecto tecnológico. En este caso, la reorganización también alcanzó al personal de las fábricas.

Durante 2025, más de 2.500 trabajadores de la planta de El Palomar participaron en programas de retiros voluntarios como consecuencia del cierre de las líneas destinadas a los utilitarios tradicionales. La empresa sostiene que esta etapa forma parte de una transición necesaria para crear nuevos perfiles laborales vinculados con la fabricación de vehículos electrificados.

El desafío consiste en reemplazar tareas asociadas a procesos convencionales por puestos relacionados con tecnologías de mayor complejidad, donde adquieren importancia conocimientos sobre electrónica, software, automatización y gestión energética.

En paralelo, el complejo industrial de Ferreyra, en Córdoba, también avanza en su proceso de actualización. Allí continúa la producción de motores Firefly y parte de la gama Fiat, aunque la planificación contempla incorporar versiones electrificadas en los próximos años.

Para concretar esa transformación, Stellantis destina alrededor de 150 millones de dólares a obras de infraestructura, actualización tecnológica y programas de capacitación destinados al personal técnico.

La intención es que las plantas puedan adaptarse gradualmente a los nuevos sistemas de producción sin interrumpir completamente el ritmo de fabricación.

Según datos de la Asociación de Fábricas de Automotores (ADEFA), durante 2025 la compañía concentró cerca del 32% de la producción nacional de vehículos, manteniéndose como uno de los principales actores de la industria argentina pese al contexto económico complejo.

La relación con España y el efecto de la economía argentina

Las decisiones que toma la empresa en Argentina también tienen repercusiones sobre la estructura financiera internacional del grupo.

Durante 2025, la filial española registró una fuerte caída en sus beneficios, pasando de 718,9 millones de euros a 156,6 millones, según datos difundidos por Reuters.

Parte de ese resultado estuvo vinculado con la pérdida de valor de Peugeot Citroën Argentina, afectada por la inflación y la devaluación del peso. Esa situación impactó directamente sobre los balances europeos y evidenció el peso que las operaciones latinoamericanas tienen dentro de la organización global.

Diversas fuentes señalaron que el deterioro contable relacionado con la filial argentina explicó una parte importante de las pérdidas registradas por Stellantis España.

Lejos de reducir la importancia de la región, este escenario llevó al grupo a reforzar su estrategia de eficiencia productiva y reducción de costos mediante la incorporación de nuevas tecnologías.

La compañía considera que la modernización de sus plantas permitirá mejorar la competitividad y reducir los efectos derivados de las fluctuaciones económicas que afectan a los distintos mercados donde opera.

Nuevos modelos y el avance de la electrificación

Uno de los proyectos más relevantes para la segunda mitad de 2026 será el desembarco de Leapmotor en Argentina.

La marca china especializada en vehículos eléctricos pasará a formar parte del portafolio regional del grupo con modelos como los SUV B10 y C10, ambos desarrollados sobre plataformas de propulsión completamente eléctrica y con autonomías superiores a los 400 kilómetros.

La incorporación de esta nueva marca responde a la necesidad de ampliar la oferta de vehículos electrificados y acompañar una demanda que comienza a crecer en distintos mercados de América del Sur.

Mientras tanto, la planta de El Palomar continuará fabricando el Peugeot 208, que actualmente permanece como el automóvil más producido del país.

La planificación industrial también contempla el inicio de la producción local del Peugeot 2008 Bio-Hybrid durante 2027, un modelo equipado con un sistema híbrido parcial que permitirá ampliar la oferta regional de vehículos con menor consumo de combustible.

La llegada de estos productos obligará a toda la cadena de proveedores a adaptarse a nuevos estándares de fabricación.

Componentes como baterías, motores eléctricos, sistemas de gestión de energía y módulos electrónicos comenzarán a tener una participación creciente dentro del proceso productivo.

Para numerosas pequeñas y medianas empresas del Gran Buenos Aires y Córdoba, esta transición representa una oportunidad para desarrollar nuevos productos y participar en segmentos tecnológicos con mayor valor agregado.

Un cambio que también modifica el mercado regional

La transformación que experimenta Stellantis no ocurre de manera aislada.

Brasil, Chile y otros países de la región avanzan en políticas destinadas a reducir emisiones contaminantes y promover la incorporación de vehículos electrificados.

En ese escenario, la experiencia argentina funcionará como referencia para futuras adaptaciones industriales dentro de Sudamérica.

La transición también plantea desafíos importantes.

Actualmente, muchos de los componentes eléctricos continúan siendo importados, lo que incrementa los costos de producción y repercute sobre el precio final de los vehículos.

Ante esta situación, el Gobierno argentino analiza distintas alternativas para incentivar la fabricación local de piezas tecnológicas mediante beneficios fiscales y herramientas que favorezcan la inversión industrial.

El objetivo consiste en reducir la dependencia del exterior y consolidar una red de proveedores capaz de abastecer a las terminales instaladas en el país.

Al mismo tiempo, los perfiles laborales también comienzan a modificarse.

Las empresas demandan cada vez más especialistas en programación, electrónica, automatización industrial y mecatrónica, áreas que tendrán un papel central en la producción automotriz durante los próximos años.

Los desafíos hacia el final de la década

La hoja de ruta establecida por Stellantis contempla metas ambiciosas para 2030.

Entre ellas figura la neutralidad de carbono en todas las operaciones industriales, el abastecimiento mediante energías renovables y una gama donde la mayoría de los vehículos cuente con algún tipo de electrificación.

Sin embargo, alcanzar esos objetivos dependerá de distintos factores.

La estabilidad económica, el desarrollo de infraestructura para la movilidad eléctrica y la expansión de redes de carga continúan siendo elementos decisivos para consolidar este proceso.

La empresa considera que el crecimiento de estaciones de carga y corredores eléctricos será fundamental para acompañar la llegada de nuevos modelos durante los próximos años.

Diversos informes internacionales sostienen que la modernización de las operaciones argentinas tendrá un papel importante dentro de la recuperación global del grupo entre 2026 y 2027.

Aunque la transición inicial implicó costos elevados y una profunda reorganización industrial, la expectativa es que las nuevas plataformas permitan mejorar la eficiencia y fortalecer la competitividad regional.

Más allá de los cambios tecnológicos, la transformación refleja una nueva etapa para la industria automotriz argentina.

La incorporación de vehículos electrificados, la adaptación de las plantas y el desarrollo de nuevos proveedores muestran un escenario donde la innovación deja de ser una tendencia futura para convertirse en parte del presente productivo.

La reconversión industrial que atraviesa Stellantis no representa únicamente un cambio en los modelos que salen de las líneas de montaje. También redefine la forma en que se organiza el trabajo, se planifican las inversiones y se proyecta el desarrollo del sector automotor argentino de cara a los próximos años. Con ese horizonte, la compañía busca posicionar a sus plantas como piezas estratégicas dentro de una red global cada vez más orientada hacia la movilidad eléctrica y la producción sustentable.

+ posts