Cada 15 de julio, el mundo del vino celebra el Día Internacional de las Old Vines —las viñas viejas. Para Argentina, la fecha tiene algo especial: el país conserva una de las mayores superficies de viñedos antiguos, masales y a pie franco del mundo.
La explicación mezcla historia, viticultura y algo de azar. Durante buena parte del siglo XX, Argentina no incorporó masivamente clones modernos. Cada vez que los productores iban a plantar un nuevo viñedo, usaban sus propias estacas o las de otros productores, no importaban plantas de otros países, manteniendo selecciones masales pre-filoxéricas. Pre-filoxéricas significa que se originaron antes del siglo XX en Francia y que son genéticamente diversas. Sin buscarlo, el país conservó una diversidad genética que hoy es muy difícil de encontrar en otras regiones.
El mundo perdió sus viñas viejas. Argentina, conservó una gran parte.
Cuando la filoxera, una peste que ataca las raíces de las vides, arrasó los viñedos europeos a finales del siglo XIX, la solución fue injertar las variedades sobre portainjertos americanos resistentes al insecto. Fue una decisión necesaria, pero también cambió la forma de reproducción de los viñedos. Esa decisión, marcó un cambio en la diversidad genética de los grandes viñedos del mundo. El injerto requería técnica y escala, y con él llegó la selección clonal: reproducir unas pocas vides de alto rendimiento, genéticamente idénticas entre sí, en lugar de preservar la diversidad en cada viñedo. El resultado es que hoy la mayoría de los viñedos del mundo están plantados con pocos clones de cada variedad.
Argentina escapó a esa lógica por razones que en su momento nadie consideró ventajosas: el aislamiento económico y político de la segunda mitad del siglo XX impidió la importación masiva de plantas de vid, entre ellos los clones modernos. Las viñas que llegaron de Francia y Chile en el siglo XIX, antes de la filoxera, se quedaron. Y siguieron reproduciéndose por selección masal —tomando estacas de las mejores plantas individuales— y a pie franco (pie franco significa que no usan portainjertos americanos resistentes) conservando toda su diversidad genética.
El resultado, décadas después, es que aproximadamente 89% de los viñedos argentinos están plantados a pie franco y no son clonales, si no, pre-filoxéricos y de selección masal. Según investigadores del sector, podría haber alrededor de 150.000 hectáreas de viñedos masales a pie franco en el país, lo que convertiría a Argentina en la nación con mayor superficie de este tipo de plantaciones en el mundo. En 2023, el viticultor e investigador sudafricano Dr. Etienne Neethling, radicado en Francia, lo resumió con una frase que recorre los foros de viticultura internacional: «Cuando se trata de diversidad genética de Vitis vinifera, el Nuevo Mundo podría salvar al Viejo Mundo.»
El viñedo Angélica: 100 años de historia de Malbec
En Lunlunta, en la llamada Primera Zona de Mendoza, existe un viñedo que lleva el nombre de la abuela paterna de Laura y Adrianna Catena: Angélica Zapata. Fue plantado entre 1922 y 1924 con una selección masal de Malbec a pie franco traída de Francia antes de la filoxera. Hoy, más de un siglo después, esas vides siguen produciendo uva.
El viñedo Angélica es una biblioteca genética. Sus plantas no son clones —no son copias idénticas entre sí— sino una población de individuos distintos, cada uno con características propias de maduración, rendimiento y expresión aromática. Laura Catena lo describe como una herencia familiar en el sentido más literal: «Estas viñas no solo representan un momento en la historia, sino que son también una reserva mundial de diversidad genética.»
En 2003, el equipo de investigación del Catena Institute of Wine puso a prueba esa intuición con un experimento formal: plantaron viñas jóvenes del mismo material genético del viñedo Angélica, en el mismo suelo, junto a las plantas centenarias. Los resultados mostraron que las viñas viejas producían fruta con niveles significativamente más altos de antocianos y catequinas.
La importancia de las viñas viejas
Las raíces de una vid centenaria pueden alcanzar entre tres y seis metros de profundidad. Ese sistema radicular, construido durante décadas de adaptación al suelo específico de cada viñedo, accede a agua y nutrientes que las viñas jóvenes simplemente no pueden alcanzar. En años de poca disponibilidad de agua o condiciones de altas temperaturas, esa diferencia es la que separa una planta que tiene raíces superficiales como las jóvenes, de las plantas viejas que tienen más resiliencia en condiciones más extremas. La selección masal añade otra dimensión: la diversidad genética de un viñedo de este tipo genera variaciones naturales en el tiempo de maduración de hasta dos o tres semanas entre distintas plantas dentro del mismo bloque —un seguro biológico contra los fenómenos climáticos extremos. El alcance internacional de este argumento científico llevó a Laura Catena a abordarlo en el podcast Vineyard Underground, uno de los más influyentes del sector vitícola angloparlante, donde explicó por qué los viñedos a pie franco y de selección masal de Argentina son hoy una referencia global para viticultores que buscan resiliencia a largo plazo.
Laura Catena sintetiza el argumento con precisión: «Las viñas viejas expresan el terruño con mayor consistencia que las jóvenes, gracias a sus profundos y antiguos sistemas radiculares y al conjunto de microbios que viven en el suelo y las micelas.»
La Chica de las Old Vines
Dentro del equipo de Catena Zapata hay una figura que en los últimos años se convirtió en sinónimo del trabajo de preservación: Silvina Van Houten, ingeniera agrónoma y responsable de Sustentabilidad, conocida en Mendoza como La Chica de las Old Vines. Su trabajo consiste en identificar viñedos antiguos en riesgo, recolectar estacas y preservar el material genético antes de que desaparezca.
El resultado de ese trabajo se materializa en dos proyectos. Viejito de Rivadavia, un viñedo que preserva más de 18 selecciones masales de distintas variedades. Por otro lado, Jardín Eterno alberga 1.137 accesiones de Malbec, convirtiendo a Catena Zapata en el custodio del mayor banco de diversidad genética de Malbec del mundo. Al día de hoy, Catena posee 25 viñedos propios registrados en el Old Vine Registry internacional. Esta entidad, premió recientemente a Silvina Van Houten por su trabajo de preservación y registro de más de 700 viñedos ubicados a lo largo y ancho del país.
«Creo firmemente que las viñas masales a pie franco de Argentina son un patrimonio de la humanidad», dice Van Houten. El dato que más la emociona no es estadístico sino humano: un viticultor de su equipo, que durante años priorizó los rendimientos por sobre cualquier otra consideración, se acercó un día a contarle que había encontrado un viñedo de 80 años en el este de Mendoza y quería preservarlo.
Para Van Houten, ese cambio de mentalidad es la prueba de que el trabajo está dando frutos.
Los vinos que cuentan esta historia
Catena Zapata Malbec Argentino lleva desde la cosecha 2023 en adelante, la leyenda “Old Vine”: un reconocimiento formal de que el vino está elaborado con material pre-filoxérico de selección masal del viñedo Angélica de más de 100 años de edad. La relación entre los viñedos Angélica y Nicasia —que comparten el mismo material genético en una relación que el equipo de Catena describe como madre e hija— permite que el vino capture tanto la estructura característica de las viñas centenarias de Lunlunta como la acidez y frescura del Valle de Uco en el viñedo Nicasia de la familia Catena.
Para preservar vides viejas, old vines, pertenecientes a pequeños productores mendocinos, Laura Catena fundó en 1999 Luca Winery, un proyecto específicamente diseñado para mostrarle al mundo la extraordinaria calidad y singularidad de los vinos de vides viejas. El resultado es Luca Old Vine Malbec.
Así lo explica Laura Catena: «Puedo decir honestamente hoy que a través del Proyecto Old Vine de Luca hemos salvado miles de viñas de ser arrancadas. No solo por nuestros vinos, sino porque otros productores en Argentina comenzaron a entender los niveles de calidad que existen al trabajar con uvas de viñedos de viñas viejas.»
Por qué importa este 15 de julio
El Día Internacional de las Old Vines no es una celebración del pasado. Es una conversación urgente sobre el futuro de la vitivinicultura.
Argentina tiene algo que el resto del mundo vitivinícola perdió hace décadas: una reserva viva de diversidad genética, preservada por accidente histórico y sostenida ahora por decisión deliberada. Cada viñedo centenario que se arranca es una pérdida irreversible —no solo para el vino, sino para la capacidad de adaptación de la viticultura global ante el cambio climático.
El trabajo de la familia Catena y su equipo—científico y humano— es la demostración de que preservar las viñas viejas no es nostalgia: es la decisión agronómica más inteligente que Argentina puede tomar hoy.
Para quienes quieran profundizar en esta historia desde la perspectiva de quienes la protagonizan, Laura Catena la cuenta en primera persona en el podcast Detrás de una Copa: su recorrido de médica a vitivinicultora, y por qué las viñas viejas son el centro de esa historia.
Periodista, viajera full-time, especialista en Cultura, Negocios y Lifestyle.








