Cinco años después de huir del régimen talibán, el seleccionado femenino de cricket de Afganistán, con sus jugadoras repartidas entre Australia, Canadá y el Reino Unido, obtuvo el compromiso del Consejo Internacional de Cricket de financiar su desarrollo y habilitarlas a disputar eventos clasificatorios antes de 2030.
En 2021, cuando los talibanes retomaron el poder en Afganistán, jugar al cricket se convirtió en una sentencia para las mujeres del país. Las deportistas pasaron a ser perseguidas y sus vidas corrieron peligro por el solo hecho de practicar el deporte que amaban. Benafsha Hashimi, integrante del seleccionado femenino afgano, fue una de las que tuvo que huir. Cinco años después, ella y sus compañeras acaban de conseguir lo que parecía imposible: el reconocimiento de la comunidad deportiva internacional, la continuidad de su carrera y hasta una audiencia con el rey Carlos III.
El encuentro con el monarca británico se produjo en junio, durante la reciente gira del equipo por Inglaterra, y fue apenas el capítulo más simbólico de una campaña de reconocimiento que se libró, sobre todo, fuera de la cancha. Hashimi lo resumió con una pregunta retórica: quién habría creído que la chica que pasaba días sin comer, cuya familia no tenía nada, terminaría reunida con el rey.
La batalla administrativa comenzó en diciembre de 2022, cuando el equipo escribió por primera vez al Consejo Internacional de Cricket (ICC, por sus siglas en inglés) pidiendo ayuda. En aquella carta, las jugadoras plantearon que querían demostrar que ni la guerra, ni la inseguridad, ni la desigualdad habían apagado su esperanza de representar a su país. No recibieron respuesta. Entonces siguieron escribiendo.
Esta semana llegó la recompensa: el ICC anunció la continuidad del financiamiento para el equipo, junto con la promesa de habilitarlas a competir en eventos clasificatorios hacia 2030. Para un plantel que nunca pudo disputar un partido oficial completo y cuyas integrantes quedaron desperdigadas entre Australia, Canadá y el Reino Unido tras el exilio, el anuncio marca un hito en la historia del deporte.
Shafiqa Khan, jugadora radicada en Canberra, contó que la noticia las conmovió profundamente porque trabajaron muchísimo para llegar a este día, y que ahora podrán mostrar al mundo el talento y la fortaleza de las mujeres afganas.
El esquema institucional detrás del anuncio incluye una fuerza de tareas especial que supervisará el desarrollo de las jugadoras, integrada por Cricket Australia, la junta de cricket de Inglaterra y Gales (ECB) y la todopoderosa junta india (BCCI), el actor más influyente del cricket mundial. El grupo buscará equilibrar la exposición, la representación y la mejora del nivel competitivo de las deportistas, y estará encabezado por la directora independiente del ICC Ros Rivaz y la directora ejecutiva de Cricket Ireland, Sarah Keane. El programa contempla entrenamiento estructurado, oportunidades competitivas reales y vías de alto rendimiento.

El director ejecutivo de Cricket Australia, Todd Greenberg, explicó que los detalles del esfuerzo colaborativo de financiamiento todavía se están negociando con el ICC, pero fue claro en la filosofía: hay que invertir en la base del programa para garantizar su continuidad en el tiempo, idealmente hasta 2030 e incluso hasta los Juegos Olímpicos de Brisbane 2032. El dato olímpico no es menor: el formato T20 debutará en Los Ángeles 2028 y en el ambiente del cricket se da por descontado que se mantendrá en Brisbane, lo que abre una ventana inédita para las afganas.
El trasfondo político sigue siendo espinoso. La Junta de Cricket de Afganistán, controlada por los talibanes, no reconoce al equipo femenino, lo que durante años representó una barrera administrativa para el ICC, cuya estructura descansa sobre las federaciones nacionales. El contraste con el seleccionado masculino afgano es brutal: mientras las mujeres mendigaban una respuesta, los varones se consolidaban como sensación mundial con estrellas globales como Rashid Khan.
El punto de inflexión llegó por el propio juego: un partido de exhibición disputado en Melbourne a comienzos del año pasado atrajo la atención de los medios internacionales, y la tenacidad de las jugadoras, sumada a la potencia de sus historias personales, se ganó la admiración del mundo deportivo. En los meses siguientes, el ICC lanzó una iniciativa específica para el cricket femenino afgano, con apoyo económico directo a las jugadoras y un programa de alto rendimiento que ya financió la gira por Inglaterra y campamentos de entrenamiento en Australia e India. La exsubcapitana inglesa y actual número dos de la ECB, Clare Connor, celebró el desenlace: tres años y medio después de aquella primera carta, las jugadoras finalmente tienen su respuesta.
Para Khan, la síntesis es simple: fue un camino largo y lleno de desafíos, pero lo importante es que nunca se rindieron. Por eso hoy están acá, y juegan juntas.
Periodista, viajera full-time, especialista en Cultura, Negocios y Lifestyle.














