El este de Afganistán amaneció este lunes entre escombros y lamentos después de que un fuerte terremoto de magnitud seis sacudiera la provincia de Kunar la noche anterior, dejando al menos ochocientas víctimas fatales y más de dos mil quinientos heridos, según cifras oficiales del gobierno talibán. El epicentro, ubicado cerca de la ciudad de Jalalabad en la vecina Nangarhar, causó destrucción masiva en aldeas enteras y dejó a miles de personas atrapadas bajo los restos de viviendas mal construidas.
En Nurgal, uno de los distritos más golpeados, un habitante describió un panorama de desesperación: niños, ancianos y jóvenes quedaron atrapados por igual. “Necesitamos ayuda. No hay manos suficientes para sacar a los cuerpos de entre las ruinas”, dijo en un testimonio que refleja la magnitud de la tragedia.
La sacudida ocurrió poco antes de la medianoche y fue seguida por varias réplicas. Al tratarse de un sismo superficial, los daños se multiplicaron. Imágenes difundidas mostraron a rescatistas trasladando heridos en camillas hacia helicópteros, mientras vecinos excavaban con las manos para intentar salvar a familiares y amigos.
El portavoz principal de los talibanes, Zabihullah Mujahid, confirmó en conferencia de prensa el número de víctimas y advirtió que la cifra podría aumentar, ya que varias aldeas permanecen incomunicadas y todavía no se ha podido acceder a todos los lugares afectados. Carreteras bloqueadas han obligado a equipos médicos a caminar durante horas para llegar a las zonas de desastre, mientras el aeropuerto de Nangarhar ha sido utilizado como centro de traslado aéreo de heridos.
Entre los sobrevivientes hay historias de dolor profundo. Sadiqullah, un padre que logró rescatar a tres de sus hijos antes de quedar atrapado bajo los restos de su casa, relató que perdió a su esposa y a dos de sus pequeños. “Sentí que la montaña entera se movía. Estuve sepultado durante horas hasta que vecinos de otras aldeas lograron sacarme”, contó desde un hospital de Nangarhar.
La magnitud de la catástrofe se ve agravada por la fragilidad estructural de las viviendas en la región, construidas en gran parte con ladrillos de barro y madera, incapaces de resistir sacudidas de esta fuerza. Autoridades sanitarias reconocen que aún no tienen un panorama completo de las bajas y que muchas comunidades no han podido reportar datos.
El desastre reaviva recuerdos del terremoto de octubre de 2023, cuando otro movimiento telúrico dejó miles de muertos en el oeste del país. Esta vez, organizaciones internacionales como la Federación Internacional de la Cruz Roja advirtieron que las necesidades humanitarias podrían superar con creces las de aquel episodio. Se requiere apoyo urgente en rescate, atención médica, alimentos, agua potable y reapertura de caminos.
La comunidad internacional comenzó a reaccionar. El alto comisionado de la ONU para los Refugiados, Filippo Grandi, pidió a los donantes no abandonar a Afganistán, que ya enfrenta sequías y el retorno forzado de millones de refugiados desde Pakistán e Irán. El primer ministro paquistaní, Shehbaz Sharif, expresó condolencias y ofreció asistencia, pese a las tensiones recientes tras la expulsión masiva de afganos de su territorio.
Mientras los equipos continúan removiendo escombros, la incertidumbre domina a los sobrevivientes. El gobierno talibán advirtió que el número de muertos puede aumentar con el hallazgo de nuevas víctimas en aldeas aisladas. En una tierra castigada por la guerra, la pobreza y los desastres naturales, el terremoto de Kunar deja a Afganistán frente a otra tragedia humanitaria de proporciones aún incalculables.













