El gobierno de Japón lanzará una ambiciosa iniciativa de investigación en carbono azul para capturar dióxido de carbono (CO₂) mediante plantas marinas cultivadas y almacenarlo en aguas profundas, como parte de sus esfuerzos por alcanzar la neutralidad de carbono hacia 2050. El proyecto buscará aprovechar el potencial de vegetación costera y oceánica, como manglares, algas marinas y pastos marinos, que poseen una alta capacidad de absorción de carbono disuelto en el agua, mucho mayor que la de la vegetación terrestre.
Según fuentes gubernamentales, el Ministerio de Medio Ambiente encargará el desarrollo del proyecto a la Agencia Japonesa de Ciencia y Tecnología Marino-Terrestre (JAMSTEC), en colaboración con empresas como Eneos Corp., una de las principales distribuidoras de petróleo del país. El estudio evaluará el comportamiento de las algas al ser sumergidas a grandes profundidades, así como el impacto ambiental de estos procesos de captura y almacenamiento submarino.
El concepto de carbono azul se refiere al carbono fijado y almacenado en ecosistemas marinos a través de la fotosíntesis, y que puede terminar depositado en el lecho oceánico. A diferencia del “carbono verde”, capturado por los bosques, el carbono azul ofrece una alternativa emergente con gran potencial de expansión, especialmente en un país insular como Japón.
Actualmente, Japón depende en gran medida de sus bosques para absorber CO₂, con una capacidad de captación de 45 millones de toneladas durante el año fiscal 2023. Sin embargo, este rendimiento está en declive debido al envejecimiento de los árboles, lo que obliga a buscar nuevas soluciones.
En ese contexto, el gobierno se ha fijado como meta capturar un millón de toneladas de CO₂ anualmente mediante tecnologías de carbono azul para el año fiscal 2035, y duplicar esa cifra para 2040. En comparación, las plantas costeras absorbieron apenas 34 toneladas en 2023, lo que muestra tanto el margen de mejora como el desafío por delante.
Un funcionario del Ministerio de Medio Ambiente señaló que, si se logra demostrar que es viable fijar CO₂ de forma estable en el fondo marino, esta tecnología podría convertirse en un pilar fundamental de la estrategia climática japonesa. La investigación no solo evaluará la eficiencia del proceso, sino también su sostenibilidad a largo plazo y los riesgos potenciales para los ecosistemas marinos.
Con esta apuesta por el carbono azul, Japón se suma a una tendencia global que busca soluciones basadas en la naturaleza para enfrentar el cambio climático y ampliar el menú de herramientas tecnológicas en la lucha contra las emisiones.







