Incluso en la actualidad, con el nivel de contaminación y las consecuencias del cambio climático en todo el mundo, el reciclaje parece seguir siendo un desafío importante.
A pesar de décadas de campañas y esfuerzos, muchas personas no comprenden completamente cómo reciclar correctamente o no le dan la importancia que amerita. El reciclaje de plásticos, por ejemplo, sigue siendo muy bajo: menos del 10% de estos residuos se reciclan de manera efectiva. Este problema se extiende también a los residuos alimenticios, que a menudo terminan en vertederos o en la calle. Frente a esta problemática persistente, Corea del Sur ha logrado convertir el obstáculo en una oportunidad, posicionándose como un referente en el manejo de residuos alimentarios.
De acuerdo con estudios recientes, cerca del 30% de los residuos del país provienen de alimentos. No obstante, más del 90% de estos desechos son recogidos y procesados eficazmente.
Jae-Cheol Jang, profesor del Instituto de Agricultura de la Universidad Nacional de Gyeongsang, señala que el país procesa anualmente alrededor de 4,56 millones de toneladas de restos de comida, de las cuales 4,44 millones se reciclan, lo que equivale a un asombroso 97,5% del total de desechos.
A pesar del éxito actual en el tratamiento de los desechos, la situación no siempre fue la misma. En la década de los 80, Corea del Sur atravesó un proceso acelerado de industrialización y urbanización, lo que generó un problema importante en la gestión de residuos.
Con una densidad poblacional de más de 530 personas por kilómetro cuadrado, el país comenzó a ver cómo los vertederos se multiplicaban cerca de las grandes ciudades, generando un problema sanitario y ambiental. Los malos olores y la acumulación de basura desencadenaron protestas ciudadanas que llevaron a cambios significativos en la legislación.
En 2005, la nación prohibió oficialmente el vertido de restos de alimentos en los vertederos. Sin embargo, el cambio más significativo vino en 2013 con la implementación de un sistema de pago por peso de residuos alimenticios. En lugar de incentivar el reciclaje con recompensas económicas, como en otros países, Corea del Sur optó por la estrategia opuesta: los ciudadanos deben pagar cada vez que desechan restos de comida.
Cómo funciona este innovador sistema
El sistema varía según la región, el distrito o incluso entre diferentes bloques de apartamentos. Las personas tienen tres opciones principales para deshacerse de sus residuos de manera correcta:
En primer lugar, pueden usar bolsas autorizadas por las autoridades. Estas bolsas amarillas, con una capacidad de tres litros, cuestan unos 300 wones (20 céntimos de euro) y se usan para depositar los restos de comida. Cuando están llenas, se colocan en la calle para ser recogidas por los servicios municipales.
Luego están los sistemas automatizados. En algunos edificios de apartamentos, existen máquinas que identifican a los residentes mediante tarjetas de radiofrecuencia. Los usuarios colocan sus residuos en un recipiente de acero, y la máquina calcula el peso y el coste correspondiente, deducido automáticamente del sistema de crédito de la tarjeta de residencia.
Por último, existen las pegatinas en el caso de los desechos de los restaurantes. Los sitios de comida compran pegatinas prepago que colocan en los contenedores para demostrar que ya han pagado por la recogida de residuos. Esto es especialmente importante en un país con la tradición del banchan, donde se sirven múltiples platos pequeños junto a la comida principal, lo que puede generar un desperdicio considerable.
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El sistema ha resultado eficaz en cuanto al cambio de los hábitos de la población. Para aquellos que no cumplen, las sanciones pueden ser severas. En edificios residenciales, las cámaras de seguridad registran si los vecinos no utilizan correctamente los sistemas de reciclaje. Las multas por infracciones pueden alcanzar un monto equivalente a 63 euros, una cifra considerable para aquellos infractores frecuentes.
En el caso de los restaurantes, la situación es aún más estricta. Si las autoridades sospechan que no se están desechando suficientes residuos de alimentos, pueden imponer multas de hasta 6.800 euros, lo que ha hecho que el cumplimiento en este sector sea bastante elevado.
Si bien el sistema surcoreano ha demostrado ser exitoso, no está exento de desafíos. Aproximadamente el 49% de los residuos reciclados se utiliza para alimentar animales de granjas, lo que, si no se procesa adecuadamente, podría representar un riesgo sanitario.
En 2019, un brote de fiebre porcina obligó al Gobierno a prohibir temporalmente la alimentación con restos de comida procesada, un recordatorio de la importancia de mantener altos estándares de seguridad.
Además, la implementación de este tipo de sistemas en otras partes del mundo podría no ser tan sencilla. Rosa Rolle, experta en pérdida y desperdicio de alimentos de la FAO, sugiere que, aunque el modelo surcoreano es eficaz, no sería adecuado replicarlo tal cual en países de Latinoamérica, donde la prioridad debería ser reducir el desperdicio de alimentos a través de donaciones o maximización de recursos.
Si has ido a algún restaurante coreano, sabrás que hay un plato principal que está rodeado por otros muchos platillos como verduras, carnes o diferentes salsas que sirven para complementar ese plato principal, pero si desperdicias, hay multas, como veremos más adelante.
Tres opciones. A la hora de reciclar y procesar eficazmente estos residuos, los ciudadanos tienen tres opciones que varían dependiendo de la región, el distrito o, incluso, entre diferentes bloques de apartamentos de una misma ciudad. Yuna Ku es reportera de BBC y comenta cómo es el sistema:
- Bolsas autorizadas: son bolsas amarillas de unos tres litros que cuestan unos 300 won —20 céntimos— y que, cuando están llenas de residuos, se sacan a la calle para que el servicio municipal las recoja. También hay de 20 litros que cuestan algo más de un euro.
- Sistema automatizado: están en bloques de edificios y son máquinas por identificación por radiofrecuencia que permiten pesar los residuos de comida. El usuario lleva un recipiente de acero con sus residuos, lo coloca en la máquina y, automáticamente, esta lee el código de la tarjeta de residencia de la persona. Esta tarjeta tiene los datos de identificación de la vivienda y también un sistema de crédito. Cuando pesa los residuos, los deposita en su interior y cobra el dinero correspondiente. Yuna afirma que suele tirar residuos por valor de unos 4,5 euros al mes.
- Pegatinas: esto está pensado para restaurantes. Se trata de pegatinas prepago que los restaurantes compran y colocan en los contenedores para que el servicio de recogida sepa que… ya han pagado. Aquí es donde está el verdadero desafío debido al mencionado banchan.












