La policía de Nueva Zelanda, se enfrenta a una urgente búsqueda para localizar golosinas contaminadas con niveles potencialmente letales de metanfetamina, después de que fueran distribuidas por una organización benéfica en Auckland.
La Auckland City Mission, dedicada a combatir la pobreza, entregó hasta 400 paquetes de alimentos que contenían estas golosinas, donadas anónimamente en un envoltorio sellado, sin saber que estaban contaminadas. Tres personas, incluyendo un niño, buscaron atención médica tras consumir las golosinas, aunque ninguna permanece hospitalizada.
El caso ha generado gran preocupación, dado que cada una de las golosinas podría tener un valor en la calle de unos 1.000 dólares neozelandeses. Aunque las autoridades no han determinado si se trató de un accidente o de un acto deliberado, la situación pone de relieve los riesgos de la contaminación en productos donados.
La organización benéfica fue alertada por un beneficiario que notó un sabor extraño en los dulces, lo que llevó a que el personal de la misión los probara y también experimentara malestar. Pruebas realizadas por la Fundación de Drogas de Nueva Zelanda confirmaron que las golosinas contenían hasta 3 gramos de metanfetamina, una cantidad extremadamente peligrosa, ya que una dosis típica oscila entre 10 y 25 miligramos.
La empresa Rinda, fabricante de las golosinas, expresó su preocupación al enterarse de que sus productos pudieron haber sido manipulados. La compañía aseguró que no utiliza ni aprueba el uso de drogas en sus productos y que colaborará con las autoridades para esclarecer el incidente. El gerente general de Rinda, Steven Peh, señaló que el dulce contaminado, que en fotos aparece de color blanco, no coincide con el producto original, que es amarillo.
Hasta el momento, la policía ha recuperado 16 paquetes, pero no se conoce el número exacto de golosinas distribuidas. La misión benéfica ha comenzado a contactar a quienes recibieron alimentos desde el 1 de julio, aunque se estima que los dulces entraron en circulación a mediados de ese mes. La posibilidad de que otras organizaciones benéficas también hayan distribuido golosinas contaminadas ha llevado a que la Auckland City Mission extienda la alerta.
El caso resalta la realidad de las difíciles condiciones económicas en Nueva Zelanda, donde uno de cada cinco residentes enfrenta inseguridad alimentaria. En medio de este contexto, el incidente es especialmente preocupante, según la directora ejecutiva de la misión, Helen Robinson, quien describió la situación como devastadora. Además, expresó su angustia ante el hecho de que algunos de los destinatarios de las golosinas son clientes de los servicios de adicción de la organización, lo que añade un nivel de complejidad al impacto de este suceso.













