Kimchi y microplásticos: una bacteria podría ayudar a expulsarlos del cuerpo

Un equipo del Instituto Mundial del Kimchi en Corea del Sur descubrió que una bacteria presente en este alimento fermentado podría ayudar a eliminar microplásticos del cuerpo humano. El hallazgo, publicado en 2026, abre una nueva línea de investigaciones sobre cómo los probióticos pueden interactuar con contaminantes internos.

Un hallazgo que vincula alimentación tradicional y ciencia moderna

La creciente preocupación por la presencia de microplásticos en el cuerpo humano ha impulsado numerosos estudios sobre su posible eliminación biológica. En ese contexto, el descubrimiento de un grupo de científicos surcoreanos ha captado la atención de la comunidad internacional. Investigadores del World Institute of Kimchi (WiKim), una entidad pública dependiente del Ministerio de Ciencia y TIC de Corea del Sur, informaron que una cepa bacteriana aislada del kimchi —Leuconostoc mesenteroides CBA3656— mostró una notable capacidad para unirse a partículas de plástico microscópicas en condiciones de laboratorio. Los resultados, divulgados en Bioresource Technology en 2026, sugieren que este microorganismo podría ayudar al organismo a excretar microplásticos a través de los desechos intestinales.

¿Qué son los microplásticos y por qué preocupan a la salud pública?

Los microplásticos son fragmentos de polímeros sintéticos de menos de 5 milímetros, pero en el caso de los nanoplásticos, el tamaño se reduce a menos de una micra. Estos materiales surgen de la degradación de productos plásticos más grandes y pueden ingresar al organismo humano a través del agua potable, los alimentos e incluso el aire. Estudios recientes detectaron su presencia en tejidos humanos, sangre y leche materna. Debido a su diminuto tamaño, las partículas pueden atravesar la barrera intestinal y llegar a órganos como el hígado, los riñones o el cerebro, generando inquietud entre los especialistas.

Desde 2018, diversas investigaciones han advertido que los microplásticos podrían actuar como vectores de compuestos tóxicos o de microorganismos patógenos. Sin embargo, los mecanismos fisiológicos que permitirían expulsarlos de manera natural siguen siendo poco comprendidos. En este contexto, el estudio sobre el kimchi ofrece una pista biológica potencialmente relevante.

Cómo el kimchi se convirtió en objeto de investigación científica

El kimchi, un alimento fermentado tradicional coreano elaborado principalmente a base de col china, ajo, jengibre y ají rojo, se ha investigado durante años por su diversidad microbiana. Contiene cepas de bacterias lácticas —como Leuconostoc y Lactobacillus— que no solo contribuyen al proceso de fermentación, sino que también se asocian a beneficios digestivos. Corea del Sur invierte desde 2010 en el desarrollo del WiKim para estudiar y preservar el valor científico y gastronómico de este patrimonio alimentario.

El país ha promovido políticas públicas para ampliar la exportación de productos fermentados y, paralelamente, ha impulsado investigaciones para explorar sus aplicaciones en salud pública y biotecnología. El nuevo estudio sobre microplásticos se inscribe en este marco de colaboración entre ciencia alimentaria y biología ambiental.

Evidencias del experimento con la bacteria del kimchi

El equipo liderado por las investigadoras Se Hee Lee y Tae Woong Whon examinó la eficiencia de la cepa CBA3656 al adherirse a partículas de poliestireno del tipo PS-NPs. Los experimentos demostraron que la bacteria alcanzó un 87 % de eficiencia de adsorción en condiciones estándar de laboratorio. Pero lo más relevante fue su rendimiento en entornos simulados del intestino humano: mientras una cepa de comparación redujo su adhesión a apenas un 3 %, la del kimchi mantuvo una tasa del 57 %, lo que indica una mayor estabilidad y afinidad en un contexto digestivo.

Estas pruebas sugieren que Leuconostoc mesenteroides CBA3656 podría conservar su capacidad de asociarse a los microplásticos incluso en el ambiente complejo del intestino. Según los autores, esta propiedad le permitiría actuar como un vehículo biológico para captar partículas no digeribles y favorecer su excreción.

¿Qué revela el estudio en modelos animales?

Para verificar el efecto en organismos vivos, los científicos administraron la bacteria a ratones libres de gérmenes. En estos animales, la cantidad de microplásticos detectada en las heces se duplicó en comparación con el grupo de control. Aunque los investigadores advierten que este resultado no puede extrapolarse directamente a humanos, representa una primera evidencia experimental de eliminación aumentada de partículas plásticas mediante intervención microbiana.

El doctor Se Hee Lee señaló que la importancia de este hallazgo radica en ofrecer una posible herramienta biológica para la mitigación interna del plástico, sin necesidad de medicamentos o procedimientos invasivos. Sin embargo, enfatizó que solo estudios clínicos en humanos podrán determinar si el mecanismo observado en ratones es reproducible y seguro en la población general.

¿Puede una dieta fermentada influir en la acumulación de contaminantes?

Diversas investigaciones en microbiota intestinal apuntan a que los alimentos fermentados podrían modificar el entorno intestinal, fortaleciendo la barrera mucosa y limitando la absorción de compuestos externos. El caso del kimchi y los microplásticos introduce una dimensión ecológica a ese debate. Si los resultados iniciales se confirman, esa interacción microbiana ofrecería una alternativa para reducir la carga interna de contaminantes derivados del plástico.

No obstante, los expertos advierten que no se trata de considerar el kimchi como un método curativo, sino de comprender la compleja red de relaciones entre la dieta, la microbiota y los contaminantes ambientales. Dentro de las facultades científicas, el estudio ha impulsado debates sobre si otros alimentos fermentados —como el chucrut o el kéfir— podrían poseer mecanismos similares.

Antecedentes sobre microplásticos en humanos

En 2022, un equipo de la Universidad de Ámsterdam detectó microplásticos en el 80 % de las muestras de sangre de adultos sanos. Un año después, se hallaron en tejido pulmonar y placentario. La Organización Mundial de la Salud ha advertido que, aunque no se conocen aún los efectos clínicos precisos, la presencia generalizada de partículas plásticas en el cuerpo representa un riesgo emergente. La exposición humana deriva principalmente del consumo de agua embotellada, alimentos marinos y utensilios plásticos desechables.

Corea del Sur, país con alta presión ambiental por residuos plásticos, ha desarrollado estrategias nacionales para medir la contaminación por microplásticos en su población. En 2025, el Ministerio de Medio Ambiente estimó que cada persona podría ingerir hasta 5 gramos de plástico por semana, una cifra equivalente al peso de una tarjeta de crédito. Este contexto refuerza la relevancia de explorar vías biológicas de eliminación.

¿Por qué el hallazgo sobre el kimchi es diferente a otros enfoques?

Hasta ahora, los intentos por mitigar la acumulación de microplásticos en el organismo se habían centrado en tecnologías de filtrado o compuestos antioxidantes para reducir sus efectos celulares. El enfoque propuesto por el WiKim difiere porque plantea una solución basada en microorganismos vivos que podrían actuar desde el interior del intestino. A diferencia de los métodos físicos, los probióticos ofrecen la posibilidad de integrarse a la dieta cotidiana, siempre y cuando su eficacia se confirme sin riesgos colaterales.

La bacteria derivada del kimchi actúa como un biosorbente: sus paredes celulares presentan polisacáridos y proteínas capaces de atraer cargas opuestas a las de los nanoplásticos. Este principio podría replicarse en otros géneros bacterianos. De hecho, varios equipos europeos exploran el uso de Bacillus y Lactobacillus modificados genéticamente para capturar metales pesados o pesticidas.

Una mirada prospectiva: implicaciones para la salud y la regulación

Si futuras investigaciones corroboran la efectividad de este probiótico del kimchi en humanos, podrían abrirse nuevos campos en la biotecnología alimentaria. Organismos internacionales ya plantean revisar el marco regulatorio de los alimentos funcionales que interactúan con contaminantes ambientales. En Europa y Asia se discuten protocolos para certificar los efectos detoxificantes o bioadsorbentes de ciertas bacterias.

Analistas del sector alimenticio señalan que esta tendencia podría alterar la concepción del término “funcional”: no solo se trataría de fortalecer la microbiota, sino de reducir la exposición interna a contaminantes industriales. En América Latina, investigadores de Brasil y Chile ya analizan cepas autóctonas de alimentos fermentados que podrían tener funciones semejantes.

Limitaciones del estudio y próximos pasos

Los científicos del WiKim reconocen varias limitaciones en su investigación. La primera es la falta de evidencia directa en humanos. La segunda, la necesidad de comprender si el efecto observado se mantiene frente a una ingesta prolongada de microplásticos y si las bacterias sobreviven al tránsito intestinal completo. También será clave determinar si existen interacciones con otras especies microbianas presentes en el intestino humano.

El equipo planea colaboraciones con universidades europeas y japonesas para realizar estudios clínicos en voluntarios y mapear el metabolismo de los nanoplásticos bajo presencia del probiótico. El avance de este tipo de ensayos marcará la diferencia entre un descubrimiento de laboratorio y una aplicación validada en salud pública.

Cómo podría impactar la investigación del kimchi en la educación ambiental

Más allá del interés sanitario, la investigación del WiKim sobre los microplásticos y el kimchi puede tener implicaciones educativas y culturales. Al vincular una tradición culinaria milenaria con desafíos ambientales contemporáneos, se refuerza la idea de que las prácticas alimentarias también pueden contribuir a soluciones sostenibles. Organizaciones ambientalistas en Asia han comenzado a usar este caso como ejemplo del vínculo entre biodiversidad microbiana y contaminación global.

El hallazgo sugiere, además, que la lucha contra los microplásticos no se limita al control del uso de plásticos o a la gestión de residuos, sino que también involucra entender los procesos biológicos que determinan cuánto de ese material permanece en el cuerpo.

Perspectivas hacia 2030: ciencia, dieta y nuevas herramientas biológicas

A medida que las investigaciones sobre microplásticos avancen, es probable que la frontera entre nutrición, microbiología y toxicología se vuelva más difusa. Los alimentos fermentados tradicionales, como el kimchi, podrían perfilarse como plataformas naturales de innovación biotecnológica. Si se logra demostrar que una bacteria puede ayudar a expulsar microplásticos del cuerpo, la alimentación diaria podría convertirse en un componente estratégico de la salud ambiental.

En un mundo donde la contaminación plástica se ha vuelto omnipresente —con océanos, suelos y organismos vivos afectados—, la búsqueda de soluciones basadas en procesos naturales cobra fuerza. El caso del kimchi es un recordatorio de que la ciencia puede encontrar aliados inesperados en la propia cultura alimentaria. Y aunque el camino hacia la validación clínica aún es largo, el hallazgo surcoreano aporta una nueva pieza al rompecabezas global sobre cómo enfrentar la contaminación invisible que todos llevamos dentro.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.