Grasa abdominal oculta y su conexión con el control vesical femenino

Un reciente estudio de la Universidad Federal de São Carlos (UFSCar) en Brasil ha identificado una relación directa entre la grasa abdominal oculta y el control de la vejiga en mujeres, hallazgo que redefine la comprensión de la incontinencia urinaria y sus causas subyacentes.

La distribución de la grasa y su impacto en la salud femenina

Durante años, la conversación pública y científica en torno a la incontinencia urinaria en mujeres se centró en factores como la edad, la cantidad de embarazos o los efectos del parto. Sin embargo, los hallazgos recientes de la UFSCar, publicados en el European Journal of Obstetrics & Gynecology and Reproductive Biology, abren un nuevo frente al establecer que la localización de la grasa en el cuerpo, más que el peso total, puede ser determinante para la función vesical. Este descubrimiento no sólo aporta una explicación alternativa a un problema común, sino que también introduce la necesidad de revisar los enfoques clínicos en prevención y tratamiento.

El estudio analizó a 99 mujeres de una media de 34 años, ninguna con más de dos partos. Los investigadores utilizaron escáneres DXA, reconocidos por su precisión en medir la composición corporal. Lo revelador fue que la grasa visceral –aquella almacenada entre los órganos internos– tenía una relación estadísticamente significativa con la incontinencia urinaria de esfuerzo. Según los resultados, cada incremento en los niveles de grasa visceral aumentaba el riesgo de pérdidas de orina en un 51%, incluso entre mujeres con un índice de masa corporal (IMC) dentro del rango normal.

¿Qué es exactamente la grasa abdominal oculta?

La llamada grasa abdominal oculta, técnicamente “grasa visceral”, es aquella que no se percibe a simple vista y se acumula en torno a los órganos abdominales, como el hígado, los intestinos y el páncreas. A diferencia de la grasa subcutánea que se concentra bajo la piel, esta tiene efectos metabólicos más complejos y peligrosos. Su implicación en enfermedades como la diabetes tipo 2, las patologías cardiovasculares y los trastornos metabólicos está bien documentada, pero su relación con la incontinencia urinaria es un campo emergente.

De acuerdo con Patricia Driusso, profesora de fisioterapia en UFSCar, el exceso de grasa visceral realiza un doble daño: por un lado, ejerce presión mecánica constante sobre los músculos del suelo pélvico; por otro, segrega sustancias inflamatorias que comprometen la elasticidad y la fuerza de esos músculos con el tiempo. En un entorno anatomofuncional donde cada contracción cuenta, esa combinación puede ser suficiente para alterar el control vesical.

¿Por qué la grasa abdominal afecta al control de la vejiga?

La vejiga no actúa de forma aislada. Está sostenida por un complejo entramado de músculos, tejidos y ligamentos que integran el conocido suelo pélvico. Cuando las presiones internas dentro del abdomen aumentan —debido a la tos, la risa o la actividad física—, este sistema de soporte debe ser capaz de mantener el cierre uretral. Si las fibras musculares se debilitan o si el peso de la grasa visceral empuja desde arriba, la probabilidad de filtraciones se eleva notablemente.

El estudio de UFSCar demostró además que las mujeres con mayor grasa visceral reportaron un incremento del 16% en molestias urinarias y un 9,3% en la interferencia con sus actividades diarias. Estas cifras reflejan una progresión que va más allá de lo anecdótico. Mientras que muchas mujeres consideran “normal” tener pequeñas fugas al reír o al saltar, los especialistas advierten que estos episodios son signos precoces de disfunciones más serias.

La doctora Driusso señaló en su comunicado que el hallazgo refuerza la idea de que la composición corporal, más que el peso total, debe ser una variable prioritaria en las evaluaciones médicas femeninas. “El número en la báscula puede ser engañoso. Dos mujeres con idéntico IMC pueden tener riesgos distintos dependiendo de dónde almacenan su grasa”, explicó.

El peso de la evidencia científica y su evolución

Históricamente, la investigación sobre incontinencia urinaria se concentró en los efectos del embarazo y del envejecimiento. Estudios europeos de la década de 1990 ya advertían que la pérdida de tono muscular del suelo pélvico era la principal causa de las fugas de orina. Sin embargo, la perspectiva metabólica es reciente.

Según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), más del 25% de las mujeres adultas experimenta algún grado de incontinencia urinaria, y el 10% lo hace de forma frecuente. En América Latina, las cifras son similares, aunque subreportadas por vergüenza o por considerarse un tema “natural” de la maternidad. A medida que la obesidad abdominal aumenta en la región, los investigadores observan una correlación cada vez más clara entre la distribución central de la grasa y los problemas pélvicos.

¿Cómo se puede reducir la grasa abdominal oculta?

La pérdida de grasa visceral no siempre es visible, y no responde igual que la subcutánea a las dietas rápidas o al ejercicio ocasional. La evidencia médica sugiere que las estrategias más efectivas incluyen la combinación de actividad física aeróbica regular, entrenamiento de resistencia moderada y una alimentación rica en fibra y baja en azúcares simples.

La reducción calórica progresiva, acompañada de control médico, puede disminuir la grasa visceral en un periodo de 12 a 16 semanas, tiempo similar al que se necesita para mejorar el tono del suelo pélvico mediante fisioterapia especializada. La sinergia entre ambas intervenciones parece ofrecer los mayores beneficios.

El papel de la fisioterapia del suelo pélvico

Los ejercicios de fortalecimiento del suelo pélvico, como los Kegel, se consideran un pilar en la rehabilitación de la continencia urinaria. No obstante, el estudio brasileño advierte que cerca del 30% de las mujeres no logra realizar correctamente estas contracciones sin supervisión profesional. Peor aún, algunas ejecutan el movimiento al revés, aumentando el riesgo de debilitar aún más los músculos implicados.

Por ello, las recomendaciones de los especialistas enfatizan la necesidad de programas guiados por fisioterapeutas certificados, quienes pueden adaptar las rutinas en función del estado muscular individual y del tipo de incontinencia. Según UFSCar, las mejoras se hacen visibles en unas 12 semanas en la mayoría de los casos.

La incontinencia como indicador sistémico

La relación entre la grasa abdominal oculta y la función del suelo pélvico también abre una discusión sobre la salud femenina más allá de los síntomas inmediatos. Algunos endocrinólogos interpretan la incontinencia de esfuerzo como una manifestación de desajustes metabólicos más profundos. La liberación de citocinas y adipocinas —moléculas producidas por la grasa visceral— altera la función muscular general y puede influir en tejidos lejanos, incluidos los músculos de sostén pélvico.

Esto sugiere que adoptar estrategias de prevención temprana no sólo evita fugas urinarias, sino que también reduce riesgos de enfermedades metabólicas asociadas.

Evidencia internacional y tratamientos complementarios

Aunque la investigación brasileña marca un hito, no es la única que aborda el vínculo entre grasa visceral e incontinencia. Investigaciones paralelas en Canadá y Corea del Sur, publicadas entre 2023 y 2025, coincidieron en que las mujeres con una relación cintura-cadera superior a 0,85 tienen un riesgo aumentado de disfunción vesical. Estos estudios también confirmaron que el ejercicio de baja intensidad, como caminar o nadar regularmente, reduce los depósitos de grasa intraabdominal y mejora el control del esfínter urinario.

En algunos países europeos, los programas de fisioterapia preventiva ya incorporan mediciones de composición corporal mediante escáner DXA como parte del seguimiento ginecológico anual. Esta tendencia comienza a replicarse en Latinoamérica, donde los sistemas de salud buscan estrategias de bajo costo para prevenir hospitalizaciones y mejorar la calidad de vida femenina.

Factores adicionales y desafíos sociales

Pese a los avances científicos, los tabúes culturales siguen dificultando la búsqueda de ayuda profesional. Según la Oficina de Salud de la Mujer de EE. UU., más del 40% de las afectadas nunca ha consultado a un especialista. Muchas lo asocian exclusivamente con el envejecimiento, ignorando su posible relación con la grasa abdominal oculta y con hábitos de vida modificables.

Los expertos advierten además que las episiotomías rutinarias, los partos instrumentales y la menopausia agravan la vulnerabilidad muscular. En ese contexto, las estrategias de prevención deben integrar educación sobre fuerza del suelo pélvico, control del peso visceral y apoyo psicológico para derribar estigmas.

Un cambio de paradigma en la salud femenina

Los hallazgos de la UFSCar sugieren que la salud pélvica no puede abordarse de forma aislada. La incontinencia urinaria, tradicionalmente encasillada dentro de la ginecología, emerge ahora como una manifestación multifactorial que involucra metabolismo, composición corporal, envejecimiento y calidad muscular.

El nuevo enfoque implica personalizar el abordaje médico: medir grasa visceral de manera rutinaria, promover entrenamiento pélvico guiado y diseñar políticas públicas que prioricen la prevención desde edades tempranas. En última instancia, comprender la influencia de la grasa abdominal oculta en el control vesical no sólo es un avance clínico, sino una oportunidad para replantear la manera en que se entiende el bienestar integral de las mujeres.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.