Eritritol y riesgo de accidente cerebrovascular: nueva evidencia científica

Un estudio de la Universidad de Colorado Boulder publicado en 2026 advierte que el eritritol, un popular sustituto del azúcar presente en numerosos productos dietéticos, podría afectar el funcionamiento de los vasos sanguíneos cerebrales y elevar el riesgo de accidente cerebrovascular.

Eritritol bajo la lupa científica

El eritritol, un alcohol de azúcar ampliamente usado en alimentos con etiqueta “sin azúcar”, ha ganado popularidad como alternativa al azúcar común desde que la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) lo aprobó en 2001. Su bajo índice calórico y su aparente inocuidad lo convirtieron en un ingrediente estándar de refrescos light, postres para dietas cetogénicas y barras proteicas reducidas en carbohidratos. Sin embargo, investigaciones recientes han comenzado a cuestionar la supuesta seguridad de este compuesto.

Científicos de la Universidad de Colorado Boulder publicaron en el Journal of Applied Physiology resultados que sugieren que el eritritol podría alterar la función de las células que recubren los vasos sanguíneos del cerebro. El hallazgo se suma a una línea creciente de estudios que plantean posibles vínculos entre el consumo prolongado de edulcorantes no calóricos y un mayor riesgo de eventos cardiovasculares.

¿Qué es exactamente el eritritol y cómo se produce?

El eritritol es un poliol o alcohol de azúcar. Se obtiene comúnmente mediante un proceso de fermentación a partir del maíz o la glucosa. Su estructura química le permite proporcionar cerca del 70 al 80 % del dulzor del azúcar de caña, pero con apenas una fracción de las calorías (aproximadamente 0,24 por gramo frente a las 4 calorías del azúcar convencional). Estas propiedades han impulsado su inserción en la industria alimentaria enfocada en productos bajos en carbohidratos, así como entre consumidores que buscan controlar su peso o su glucemia.

Entre 2010 y 2025, el mercado global de edulcorantes de baja intensidad, que incluye el eritritol, ha crecido por encima del 5 % anual según estimaciones de la consultora Grand View Research. Este auge responde al aumento de diagnósticos de diabetes y obesidad en regiones urbanas, donde el consumo de sustitutos del azúcar se ha naturalizado como parte de una dieta “saludable”.

Datos previos: estudios que generaron alerta

En 2023, un análisis multinacional de más de 4.000 participantes publicado en Nature Medicine identificó una correlación entre concentraciones altas de eritritol en sangre y una mayor probabilidad de sufrir infarto o accidente cerebrovascular en un periodo de tres años. Aunque ese estudio era observacional y no podía establecer causalidad, sus resultados generaron preocupación entre expertos en metabolismo y cardiólogos clínicos.

La investigación de Colorado Boulder busca explicar los mecanismos celulares detrás de esa asociación. Según el equipo dirigido por Christopher DeSouza, profesor de fisiología integrativa, y su colega Auburn Berry, los efectos del eritritol sobre las células endoteliales cerebrales podrían modificar la actividad vascular de manera significativa.

¿Cómo afecta el eritritol a las células del cerebro?

El experimento del equipo de DeSouza expuso células humanas de los vasos cerebrales a concentraciones de eritritol equivalentes a las contenidas en una bebida sin azúcar común. Tras tres horas, los investigadores observaron cambios en la producción de óxido nítrico, molécula fundamental para mantener la relajación y la elasticidad de las arterias. Se detectó una reducción marcada en la cantidad de óxido nítrico y un aumento de endotelin-1, sustancia que favorece la vasoconstricción.

Los científicos también notaron una respuesta deficiente frente a la trombina, que normalmente estimula la formación de t-PA (activador tisular del plasminógeno), un componente que facilita la disolución natural de coágulos. El desequilibrio, señalaron, podría derivar en una menor capacidad del tejido para procesar obstrucciones, aumentando así la susceptibilidad a eventos trombóticos.

En paralelo, las células tratadas con eritritol mostraron un incremento en los niveles de especies reactivas de oxígeno, los llamados radicales libres, responsables de procesos inflamatorios y degenerativos a nivel celular. Este fenómeno de estrés oxidativo podría deteriorar la microcirculación cerebral al largo plazo, un factor de riesgo conocido para accidentes cerebrovasculares y deterioro cognitivo.

Contexto histórico: del uso seguro al escrutinio científico

Durante dos décadas, el eritritol fue considerado uno de los edulcorantes más benignos, recomendado incluso para diabéticos por su bajo impacto sobre la glucosa en sangre. Las autoridades regulatorias de Estados Unidos, la Unión Europea y Japón lo clasificaron dentro de los compuestos “generalmente reconocidos como seguros” (GRAS). En ese contexto, las empresas de alimentos expandieron su uso sin mayores restricciones.

Sin embargo, el incremento de estudios longitudinales y experimentales sobre metabólitos de edulcorantes no nutritivos ha llevado a reconsiderar ciertas asunciones. Desde 2018, diversos equipos académicos en Europa y Norteamérica documentan alteraciones metabólicas y neurológicas sutiles asociadas al consumo regular de estos compuestos, que hasta hace poco se creían inertes.

La publicación de los nuevos datos de la Universidad de Colorado ocurre en un escenario donde los consumidores demandan transparencia. El auge de aplicaciones de salud y nutrición digital permite rastrear el consumo de aditivos, incentivando una evaluación crítica de etiquetas y listas de ingredientes.

¿Qué implica este hallazgo para la salud pública?

Los investigadores advierten que los resultados obtenidos en laboratorio no equivalen a efectos clínicos confirmados. No obstante, los mecanismos observados justifican realizar estudios clínicos a largo plazo. Si futuras investigaciones muestran una correlación causal, podrían revisarse las recomendaciones de consumo y el etiquetado de productos “sin azúcar”.

En términos de salud pública, la implicancia es significativa. Según datos de la Organización Mundial de la Salud, el 85 % de los adultos en América consume algún edulcorante bajo o sin calorías al menos una vez por semana. Esto supone millones de personas expuestas a cantidades variables de eritritol, a menudo sin conocimiento preciso.

Las políticas sanitarias podrían enfocarse en campañas de información preventiva similares a las implementadas para advertir sobre grasas trans o exceso de sodio. Además, los organismos regulatorios podrían exigir a los fabricantes incluir advertencias sobre la dosis recomendada o las limitaciones de investigación existentes.

¿Por qué el eritritol sigue siendo tan popular pese a las dudas?

La popularidad del eritritol responde a su perfil sensorial y funcional. A diferencia de otros sustitutos, no deja un regusto amargo y no promueve caries dentales. Esto le ha permitido mantener la preferencia de los consumidores y sustituir parcialmente al azúcar en postres, bebidas y productos horneados sin alterar su textura.

Otro factor determinante es la tendencia hacia dietas cetogénicas y Atkins, que priorizan la reducción de carbohidratos. El eritritol, al no elevar significativamente la glucemia, se ajusta a esos esquemas. Sin embargo, esta adopción masiva ha coincidido con el incremento de investigaciones que sugieren efectos secundarios no previstos.

Analistas de la consultora Euromonitor anticipan que el mercado global de eritritol podría superar los 700 millones de dólares en 2028, impulsado por la demanda de alimentos “funcionales”. Pero la publicación de nuevos estudios negativos podría modificar estas proyecciones.

Limitaciones de la evidencia actual

El propio Christopher DeSouza enfatizó que los resultados corresponden a un modelo celular. “No podemos afirmar que el eritritol cause directamente un accidente cerebrovascular en humanos, pero los cambios fisiológicos observados justifican estudios clínicos más amplios”, declaró. Por ahora, el grupo prepara experimentos en modelos animales y un ensayo controlado con voluntarios para medir los efectos tras ingestas repetidas.

Aunque los mecanismos observados son plausibles desde la fisiología vascular, la magnitud real del riesgo depende del consumo diario, el metabolismo individual y las condiciones preexistentes. Personas con hipertensión o aterosclerosis podrían ser más vulnerables a los cambios vasculares señalados.

Perspectiva regulatoria y de mercado

En los últimos meses, agencias sanitarias como la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) han iniciado procesos de revisión bibliográfica sobre edulcorantes no calóricos. Si bien no se prevé una prohibición inmediata, podrían emitirse recomendaciones más estrictas sobre su uso en niños y embarazadas.

Las compañías alimentarias, por su parte, comienzan a explorar alternativas naturales como el extracto de fruta del monje o mezclas de estevia, con la intención de reducir su dependencia del eritritol. Algunas marcas han empezado a combinar varios edulcorantes para disminuir la concentración individual sin alterar el sabor final.

¿Qué deberían hacer los consumidores ante esta evidencia?

Los expertos aconsejan moderación. Leer las etiquetas, identificar términos como “eritritol”, “alcohol de azúcar” o “edulcorante no nutritivo”, y evitar el consumo diario repetido puede ser una medida prudente hasta que existan más datos. Además, optar por endulzar naturalmente con frutas o reducir en general la preferencia por sabores excesivamente dulces podría tener beneficios sostenibles.

Los nutricionistas señalan que el problema no radica únicamente en el eritritol, sino en la percepción cultural de que cualquier sustituto del azúcar es intrínsecamente mejor. Cambiar esta narrativa podría ser clave para políticas de prevención efectivas.

Nuevos horizontes de investigación

El estudio de Colorado Boulder abre preguntas sobre cómo otros polioles podrían afectar la microcirculación cerebral. También plantea interrogantes sobre las interacciones entre diferentes edulcorantes usados simultáneamente. La investigación futura podría incluir análisis en tiempo real usando técnicas de imagen cerebral y pruebas de función vascular en humanos.

La industria alimentaria enfrenta ahora el reto de balancear innovación, sabor y evidencia científica. A medida que la comprensión sobre los efectos del eritritol se amplía, tanto consumidores como fabricantes deberán ajustar hábitos y estrategias conforme avance la ciencia.

La discusión sobre este sustituto del azúcar refleja un debate más amplio: hasta qué punto los ingredientes diseñados para resolver un problema metabólico pueden generar otros riesgos en diferentes sistemas del cuerpo. Un recordatorio de que la alimentación moderna, con su aparente precisión química, sigue siendo un campo en evolución donde cada nueva evidencia redefine la noción de seguridad alimentaria.

Médica clínica especializada en nutrición y longevidad |  + posts

Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.