La esclerosis múltiple afecta a más de 2,3 millones de personas en el mundo y una de sus consecuencias más devastadoras es la pérdida progresiva del equilibrio y del movimiento. Nuevos hallazgos científicos explican por qué este deterioro ocurre y qué papel juega el cerebro en ese proceso de degeneración.
El cerebelo en el centro del deterioro
Durante décadas, la investigación sobre la esclerosis múltiple (EM) se concentró en la inflamación y en la destrucción de la mielina, una capa protectora que recubre las fibras nerviosas. Sin embargo, un estudio reciente de la Universidad de California en Riverside ha puesto el foco en otro actor crucial: las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir energía. Según los investigadores, el mal funcionamiento de estos componentes en las neuronas del cerebelo podría explicar por qué la pérdida de coordinación y equilibrio avanza incluso cuando los tratamientos reducen la inflamación.
La esclerosis múltiple, enfermedad autoinmune crónica del sistema nervioso central, provoca que el sistema inmunitario ataque la mielina que recubre las neuronas. Este daño impide que las señales eléctricas se transmitan con normalidad, lo que deriva en síntomas como fatiga, debilidad muscular y problemas de coordinación. La Organización Mundial de la Salud estima que su prevalencia ha aumentado un 30 % en los últimos 25 años, con una mayor incidencia en mujeres de entre 20 y 40 años.
¿Qué descubrió el nuevo estudio?
El equipo de la profesora Seema Tiwari-Woodruff encontró que cerca del 80 % de las personas con esclerosis múltiple presentan inflamación en el cerebelo, región del cerebro responsable del equilibrio y de los movimientos finos. Al analizar muestras de tejido cerebral post mortem de pacientes con EM progresiva, los investigadores detectaron una reducción significativa de la proteína mitocondrial COXIV dentro de las células de Purkinje, neuronas esenciales para la coordinación motora.
Estas células —entre las más grandes y activas del cerebro— son las encargadas de modular los impulsos eléctricos enviados al cuerpo. Su deterioro o muerte genera síntomas de ataxia: temblores, marcha inestable y dificultades para controlar movimientos precisos. La pérdida de energía intracelular debida a la disfunción mitocondrial parece ser un mecanismo clave detrás de esta degeneración. “Vimos que las células de Purkinje demielinizadas mostraban menor actividad mitocondrial y una supervivencia reducida”, explicó Tiwari-Woodruff.
El papel de las mitocondrias en la esclerosis múltiple
Las mitocondrias actúan como fábricas de energía, suministrando adenosín trifosfato (ATP) a las células. Cuando sufren alteraciones por inflamación o estrés oxidativo, su capacidad de producir energía se ve comprometida. En el contexto de la esclerosis múltiple, esa falla energética amplifica los daños provocados por el sistema inmunitario, ya que las neuronas carecen de recursos para mantener o reparar su estructura.
Diversos estudios coinciden en que en etapas tempranas de la enfermedad ya existen signos de insuficiencia mitocondrial. Esto sugiere que el problema energético podría desencadenarse antes de que se produzcan pérdidas neuronales masivas. Así, una posible estrategia terapéutica futura podría centrarse en reforzar la función mitocondrial, no solo en reducir la inflamación.
¿Cómo contribuye la pérdida de mielina al daño celular?
La desmielinización impide que las señales eléctricas viajen eficientemente entre las neuronas. Esta disfunción no solo ralentiza la comunicación, sino que obliga a las células nerviosas a gastar más energía para transmitir los impulsos. Cuando las mitocondrias ya están comprometidas, este esfuerzo adicional puede resultar fatal para las neuronas.
En el cerebelo, el deterioro de las células de Purkinje se traduce en problemas de coordinación y movimiento que empeoran con el tiempo. “Es una cadena de eventos: primero la inflamación, luego la pérdida de mielina, después el fallo energético y finalmente la muerte neuronal”, resumió Kelley Atkinson, coautora del estudio.
Evidencia obtenida de modelos animales
Para confirmar sus hallazgos, los científicos recurrieron al modelo murino conocido como encefalomielitis autoinmune experimental (EAE), una versión en animales que reproduce los síntomas y la evolución de la esclerosis múltiple humana. En los ratones observados, la pérdida progresiva de células de Purkinje fue acompañada por una reducción notable de la actividad mitocondrial.
El modelo EAE permitió monitorizar cómo los cambios energéticos ocurren desde fases muy tempranas. Las neuronas mostraban ya signos de daño antes de que los síntomas motores se hicieran evidentes, lo que refuerza la hipótesis de que el fallo energético antecede al deterioro funcional. Esta observación podría transformar la forma en que se conciben los tratamientos, sugiriendo intervenciones preventivas dirigidas a conservar la salud mitocondrial.
¿Por qué el cerebelo es tan vulnerable?
El cerebelo contiene una alta densidad de células nerviosas y realiza un gran consumo de energía. Cualquier alteración en el suministro energético afecta de inmediato su capacidad de coordinar movimientos precisos. Las células de Purkinje, por su tamaño y actividad eléctrica constante, son particularmente sensibles a la falta de ATP.
Cuando las mitocondrias fallan, las células dejan de procesar calcio adecuadamente, un proceso fundamental para mantener el ritmo de los impulsos eléctricos. Ese desequilibrio de calcio genera estrés oxidativo y puede activar mecanismos de autodestrucción celular. Los investigadores de Riverside observaron que incluso una disminución moderada de la función mitocondrial bastaba para desencadenar la muerte de las neuronas en el cerebelo afectado por esclerosis múltiple.
Impacto global y tendencias en investigación
La esclerosis múltiple afecta a aproximadamente 2,3 millones de personas en el mundo, según la Federación Internacional de EM. El número real podría ser superior debido al subdiagnóstico en regiones con acceso limitado a servicios neurológicos. Europa Septentrional, América del Norte y Australia concentran las tasas más altas de prevalencia, mientras que Asia y África reportan cifras más bajas, posiblemente por diferencias genéticas y ambientales.
En los últimos años, las investigaciones han pasado de centrarse exclusivamente en los procesos inflamatorios a incluir el estudio del metabolismo neuronal. La tendencia actual apunta a entender la enfermedad como un trastorno inmunometabólico, en el que la disfunción mitocondrial ocupa un papel central. Instituciones como el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos de EE. UU. y la Sociedad Nacional de Esclerosis Múltiple están financiando proyectos que buscan mitigar el daño energético mediante fármacos antioxidantes o moduladores metabólicos.
Hacia nuevas terapias
Los tratamientos actuales de la esclerosis múltiple se orientan a reducir los episodios de inflamación mediante el uso de inmunomoduladores. Sin embargo, ninguno logra detener completamente la neurodegeneración. La posibilidad de intervenir sobre las mitocondrias abre una línea distinta de investigación. Algunos ensayos clínicos tempranos experimentan con compuestos que aumentan la biogénesis mitocondrial o que actúan como captadores de radicales libres. Aunque los resultados preliminares son modestos, plantean un futuro en el que las terapias combinadas —antiinflamatorias y metabólicas— podrían disminuir la discapacidad progresiva.
De confirmarse las hipótesis del equipo de Tiwari-Woodruff, los tratamientos podrían orientarse hacia la protección temprana de las neuronas cerebelosas. Esto significaría una intervención antes de la aparición de los síntomas más severos, una estrategia similar a la que se aplica hoy en algunas enfermedades degenerativas como el Parkinson o el Alzheimer.
¿Qué implicaciones tiene esto para los pacientes?
El hallazgo refuerza la importancia del control energético en el mantenimiento de la movilidad de las personas con esclerosis múltiple. Si bien aún no existen terapias directamente dirigidas a las mitocondrias, los especialistas coinciden en que estrategias que favorezcan la salud metabólica —actividad física adaptada, dieta equilibrada, manejo del estrés— podrían tener un efecto protector indirecto.
Programas de rehabilitación neuromotriz centrados en el equilibrio y ejercicios de coordinación muestran beneficios en la neuroplasticidad, lo que indica que el cerebro conserva cierta capacidad de adaptación incluso ante la pérdida de células cerebelosas. Estos enfoques complementarios, junto con el avance de la investigación biomédica, podrían mejorar de forma significativa la calidad de vida de los pacientes.
Más allá del laboratorio
El estudio californiano no solo amplía el conocimiento sobre la fisiopatología de la esclerosis múltiple, sino que también resalta la necesidad de financiación constante para la investigación neurológica. A medida que los sistemas sanitarios enfrentan el aumento de la esperanza de vida y el crecimiento de enfermedades crónicas, el apoyo a la ciencia básica se convierte en una herramienta estratégica.
El equipo de Tiwari-Woodruff planea investigar si la disfunción mitocondrial afecta también a otros tipos de células cerebelosas, como los oligodendrocitos y los astrocitos, fundamentales para la reparación de la mielina y la homeostasis cerebral. Si se demuestra que el daño energético es un fenómeno generalizado, las futuras terapias podrían enfocarse en fortalecer la red metabólica completa del cerebro.
Un mapa energético del cerebro en evolución
El descubrimiento de los mecanismos de daño mitocondrial en la esclerosis múltiple redefine la comprensión del deterioro motor. Más allá de un ataque inmunitario, la enfermedad aparece como una crisis de energía celular. Este cambio de perspectiva obliga a reconsiderar cómo se mide la progresión, cómo se diseñan los tratamientos y qué marcadores se utilizan para anticipar el daño.
Para las personas que viven con la enfermedad, estas evidencias representan la posibilidad de una medicina más personalizada y preventiva, capaz de intervenir en las primeras etapas del proceso neurodegenerativo. Mientras tanto, los avances en la investigación mitocondrial continúan ofreciendo piezas clave para entender por qué la esclerosis múltiple roba, lentamente, el equilibrio y el movimiento humanos.
Oli Seoane es médica clínica especializada en nutrición y longevidad. Se dedica a la prevención y a derribar mitos de salud con información clara, basada en evidencia. Como comunicadora, traduce la ciencia a un lenguaje simple para ayudar a las personas a vivir mejor.
