Escala la tensión entre Estados Unidos y China por disputa portuaria en Panamá

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Un nuevo cruce diplomático entre Estados Unidos y China volvió a poner a Panamá en el centro de una disputa geopolítica que gira en torno al control de infraestructuras clave y el comercio marítimo. La controversia se intensificó luego de que Washington acusara a Pekín de vulnerar la soberanía panameña en medio de un conflicto por la gestión de puertos vinculados al canal interoceánico.

El episodio más reciente se originó tras denuncias del secretario de Estado Marco Rubio, quien afirmó que China había retenido o demorado decenas de buques con bandera panameña. Según la versión estadounidense, estas acciones ocurrieron poco después de que el gobierno de Panamá recuperara el control de dos puertos estratégicos que estaban en manos de una empresa subsidiaria de Hong Kong.

En respuesta, el Departamento de Estado, junto a varios países de América Latina, emitió un comunicado en el que calificó esas acciones como un intento de politizar el comercio marítimo y expresó su respaldo a Panamá. La declaración también se enmarca en una estrategia más amplia de Washington para contrarrestar la creciente presencia china en la región.

Desde Pekín, las acusaciones fueron rechazadas de forma tajante. Un portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores sostuvo que las afirmaciones carecen de fundamento y acusó a Estados Unidos de distorsionar la realidad. Además, cuestionó la postura estadounidense al recordar su historial de intervención en Panamá, incluyendo la ocupación del canal durante el siglo pasado.

El gobierno panameño, por su parte, intentó bajar el tono del enfrentamiento. El presidente José Raúl Mulino agradeció el respaldo internacional, pero evitó profundizar la confrontación. En un mensaje público, señaló que su país busca mantener relaciones respetuosas con todas las naciones y evitar quedar atrapado en una disputa entre potencias.

Detrás de este conflicto subyace una competencia más amplia por la influencia en América Latina y, en particular, por el control de rutas comerciales estratégicas. El Canal de Panamá, por donde pasa una parte significativa del comercio mundial, se ha convertido en un punto sensible dentro de esa rivalidad.

La tensión también refleja un giro en la política exterior estadounidense bajo la administración de Donald Trump, que ha adoptado una postura más agresiva en la región. En paralelo, China ha incrementado su presencia económica a través de inversiones en infraestructura y comercio, lo que genera recelos en Washington.

Mientras tanto, el conflicto por los puertos y las restricciones a buques panameños evidencia cómo las disputas entre grandes potencias pueden trasladarse al terreno comercial y afectar el funcionamiento de rutas clave. En ese contexto, Panamá intenta mantener el equilibrio, consciente de que su posición estratégica la expone a las presiones de ambos lados.

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