El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a cuestionar a varios aliados por su falta de apoyo militar en la crisis del Golfo y elevó la presión sobre Irán para que reabra el estrecho de Ormuz, una vía clave para el transporte global de petróleo.
Durante una conferencia en la Casa Blanca, Trump apuntó directamente contra Japón, Corea del Sur, Australia y la OTAN por no haber enviado apoyo naval para garantizar la libre circulación en la zona, en medio de la guerra que Washington e Israel mantienen con Teherán.
El mandatario sostuvo que estos países deberían corresponder al respaldo militar que reciben de Estados Unidos, en particular Japón y Corea del Sur, donde hay presencia de tropas estadounidenses como parte de su esquema de defensa frente a amenazas regionales. En esa línea, volvió a descalificar a la OTAN, a la que calificó como un actor débil en el actual escenario.
En contraste, destacó la postura de países de Medio Oriente como Kuwait, Qatar y Arabia Saudita, a los que definió como socios confiables desde el inicio del conflicto.
Trump fijó además un ultimátum a Irán para que restablezca el tránsito en el estrecho, bloqueado en gran medida desde el inicio de la guerra. Señaló que la reapertura de esa ruta es una prioridad central, debido a su impacto en los mercados energéticos internacionales.
El presidente advirtió que, si no se alcanza un acuerdo, Estados Unidos está preparado para escalar su ofensiva. Afirmó que la infraestructura clave iraní podría ser destruida en cuestión de horas, aunque aclaró que su gobierno preferiría evitar ese escenario.
Según sostuvo, la capacidad militar estadounidense permitiría causar daños profundos y duraderos, lo que complicaría la reconstrucción del país durante décadas. Aun así, insistió en que la vía diplomática sigue siendo una opción si Teherán acepta condiciones que incluyan la libre circulación de petróleo.
Por su parte, Irán manifestó a través de su agencia oficial que busca un final definitivo del conflicto, en lugar de un alto el fuego temporal. En ese marco, rechazó una propuesta de cese de hostilidades impulsada por Washington y presentó su propio plan, que incluye garantías para la seguridad en la región y el tránsito marítimo.
Trump consideró la propuesta iraní como un avance, aunque insuficiente para cerrar un acuerdo. Las diferencias entre ambas partes mantienen la tensión en niveles elevados, mientras el conflicto sigue afectando el suministro energético global.
El cruce de posiciones refleja no solo la disputa directa entre Washington y Teherán, sino también las fricciones con aliados tradicionales, en un momento en que la seguridad en una de las rutas energéticas más importantes del mundo se ha convertido en un punto crítico de la agenda internacional.











