La escalada entre Israel y Hezbolá provoca una crisis humanitaria y reaviva el temor a una guerra abierta en Líbano

La reanudación de los ataques entre Israel y la milicia islamista Hezbolá ha desatado una nueva crisis humanitaria en Líbano

La reanudación de los ataques entre Israel y la milicia islamista Hezbolá ha desatado una nueva crisis humanitaria en Líbano y ha reavivado el temor a una guerra abierta en la región. En distintos puntos del país, miles de familias abandonaron sus hogares ante los bombardeos y buscan refugio improvisado mientras el número de víctimas continúa en aumento.

Rola Atwi, una madre de Beirut, es una de las muchas personas que debieron huir de su casa tras los últimos ataques. La mujer relató que escapó con sus hijos poco antes de que su vivienda fuera destruida por un bombardeo israelí en el suburbio de Haret Hreik. Desde entonces, la familia permanece en una acera de un barrio costero al oeste de la capital libanesa, sin un lugar seguro al que regresar. Su mayor preocupación es su hija, que padece epilepsia y sufre convulsiones cada vez que se escuchan explosiones o ruidos fuertes.

El Líbano quedó nuevamente atrapado en el conflicto regional después de que Hezbolá, aliado de Irán, comenzara a lanzar ataques contra Israel en respuesta a la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei. A partir de ese momento, la violencia se intensificó a ambos lados de la frontera y los bombardeos israelíes golpearon distintas zonas del territorio libanés.

Las autoridades sanitarias del país informaron que los ataques dejaron centenares de muertos y miles de heridos, aunque los registros oficiales no distinguen entre combatientes y civiles. Las cifras más recientes difundidas por organismos internacionales elevan el número de víctimas y alertan además sobre un desplazamiento masivo de población. Cientos de miles de personas abandonaron sus hogares y muchas de ellas pasan la noche en automóviles, plazas o espacios públicos.

Organizaciones humanitarias advierten que la situación se agrava en un país que ya arrastraba años de crisis económica y social. Las familias desplazadas, que en muchos casos habían perdido sus medios de subsistencia en conflictos anteriores, se enfrentan ahora a nuevas dificultades para acceder a alimentos, atención médica y refugio.

El recrudecimiento de la violencia también pone fin al frágil alto el fuego que Israel y Hezbolá habían alcanzado a finales de dos mil veinticuatro tras meses de enfrentamientos. Aquel acuerdo, mediado por Estados Unidos, había detenido temporalmente los combates que dejaron miles de muertos y provocaron una incursión terrestre israelí en territorio libanés.

Sin embargo, la posibilidad de una nueva escalada militar sigue sobre la mesa. Informes citados por medios internacionales indican que Israel estaría dispuesto a continuar su campaña contra Hezbolá incluso si se reanudan las negociaciones entre Irán y Estados Unidos. Mientras tanto, el Ejército israelí confirmó que realiza incursiones terrestres selectivas en el sur del Líbano con el objetivo de atacar posiciones de la milicia y confiscar armamento.

En medio de este escenario, la política libanesa también enfrenta tensiones internas. El Parlamento decidió posponer las elecciones previstas y extender su mandato ante la imposibilidad de organizar comicios en medio de la guerra y el desplazamiento masivo de la población.

Al mismo tiempo, el gobierno reiteró que solo el Estado tiene autoridad para decidir sobre cuestiones de guerra y paz y volvió a exigir el desarme de Hezbolá, un objetivo que durante años resultó difícil de concretar debido a la influencia política y militar del grupo.

Para muchos libaneses, la sensación es que el país vuelve a quedar atrapado en un conflicto que supera sus fronteras. Mientras los bombardeos continúan y las negociaciones internacionales siguen sin ofrecer una salida clara, miles de familias esperan simplemente poder regresar a sus casas y recuperar una vida que la guerra volvió a interrumpir.

 

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