China expresó este viernes su preocupación por el impacto que podría tener en la paz regional el nuevo acuerdo de cooperación en defensa firmado entre Japón y Filipinas, y pidió que este tipo de pactos no estén dirigidos contra terceros países ni perjudiquen intereses ajenos. El pronunciamiento refleja el creciente malestar de Pekín ante el fortalecimiento de alianzas en el Indopacífico que cuentan con el respaldo de Estados Unidos y que, a su juicio, alteran el equilibrio estratégico en la zona.
Durante una rueda de prensa en Pekín, el portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Guo Jiakun, sostuvo que la postura de su país ha sido constante en este ámbito. Según afirmó, la cooperación entre Estados debe contribuir a la estabilidad y no convertirse en un instrumento para confrontar a otros actores. En ese sentido, subrayó que cualquier iniciativa en materia de seguridad debería evitar generar tensiones adicionales o socavar la paz regional, un mensaje dirigido de manera implícita a Tokio y Manila.
El portavoz reaccionó así al acuerdo suscrito en la capital filipina, que busca reforzar la cooperación logística militar entre ambos países y que incluye, además, apoyo japonés en materia de seguridad a las fuerzas filipinas. Para China, este paso se inscribe en una dinámica más amplia de reajuste estratégico en el Indopacífico, marcada por el aumento de la cooperación entre aliados de Washington frente a las disputas territoriales en la región.
Guo Jiakun aprovechó la ocasión para recordar el pasado bélico de Japón en Asia, una referencia habitual en el discurso diplomático chino cuando se abordan cuestiones de seguridad regional. Al aludir a la ocupación japonesa de Filipinas durante la Segunda Guerra Mundial, afirmó que se trató de un periodo de violencia y coerción, tanto contra la población local como contra intereses chinos. A su juicio, esa historia no debe ser ignorada y sigue siendo un elemento relevante a la hora de evaluar el papel de Japón en el ámbito militar.
Desde la perspectiva china, la comunidad internacional y, en particular, los países del Sudeste Asiático han manifestado en diversas ocasiones inquietud ante los movimientos de Tokio en materia de defensa. En lugar de actuar con cautela, sostuvo el portavoz, Japón estaría ampliando sus capacidades militares y promoviendo la exportación de armamento, lo que interpretó como una señal de que ciertos sectores políticos japoneses buscan acelerar un proceso de militarización.
Estas declaraciones se producen en un contexto de tensiones crecientes en el Indopacífico, donde las disputas territoriales en el mar de China Meridional y el fortalecimiento de alianzas defensivas han elevado el tono de los intercambios diplomáticos. El acuerdo entre Japón y Filipinas, respaldado por Estados Unidos, es visto por Pekín como parte de una red de cooperación que podría limitar su margen de maniobra estratégica.
Guo concluyó su intervención apelando a los países y pueblos que, según dijo, valoran la paz, para que se opongan a cualquier intento de resurgimiento del militarismo y trabajen en favor de la estabilidad regional. Con ello, China busca posicionarse como defensora del orden regional mientras advierte sobre los riesgos que, a su entender, entraña el refuerzo de alianzas militares en su entorno inmediato.







