El gobierno de Estados Unidos confiscó más de catorce mil millones de dólares en bitcoin y presentó cargos contra Chen Zhi, empresario chino y presidente del conglomerado camboyano Prince Holding Group, acusado de dirigir una de las mayores operaciones de fraude con criptomonedas en la historia. Según la acusación, Chen y sus cómplices utilizaron mano de obra forzada para engañar a inversionistas de todo el mundo y blanquear sus ganancias mediante la compra de yates, aviones privados y obras de arte, incluido un cuadro de Picasso.
La acusación, revelada el martes por la fiscalía federal en Brooklyn, imputa a Chen los delitos de conspiración para cometer fraude electrónico y lavado de dinero. Paralelamente, Estados Unidos y el Reino Unido impusieron sanciones a su grupo empresarial, dedicado al desarrollo inmobiliario y servicios financieros, mientras el Departamento del Tesoro lo declaró una organización criminal transnacional.
Chen, de treinta y ocho años, permanece prófugo. Las autoridades lo describen como “el cerebro detrás de un imperio cibernético de fraude masivo”, responsable de una estafa conocida como pig butchering, en la que las víctimas eran engañadas para invertir en criptomonedas falsas. En su punto máximo, Chen habría presumido que su red generaba treinta millones de dólares diarios.
El Departamento del Tesoro calificó a Prince Holding Group como un “actor dominante” en un esquema regional que el año pasado hizo perder a los estadounidenses al menos diez mil millones de dólares, un aumento del sesenta y seis por ciento respecto a 2023. Documentos judiciales indican que las autoridades chinas ya investigaban a la empresa desde 2020 por delitos financieros y cibernéticos.
De acuerdo con la acusación, Chen dirigía diez complejos en Camboya donde trabajadores, muchos migrantes engañados con falsas ofertas laborales, eran retenidos contra su voluntad y forzados a operar estafas en línea. Las instalaciones, rodeadas de muros y alambres de púas, funcionaban como centros de llamadas automatizados desde los que miles de perfiles falsos en redes sociales atraían a nuevas víctimas.
Las condiciones eran brutales. Los fiscales describieron golpizas, aislamiento y amenazas constantes. En uno de los compuestos, conocido como Golden Fortune, los empleados que intentaban escapar eran “golpeados hasta quedar apenas con vida”. Fotografías incluidas en el expediente judicial muestran a hombres ensangrentados, amarrados o con marcas de latigazos. Chen incluso habría autorizado personalmente una paliza, advirtiendo que el trabajador “no debía ser golpeado hasta morir”.
El dinero obtenido se canalizaba hacia otras empresas y cuentas fantasma, financiando lujos personales y sobornos a funcionarios extranjeros. Entre los bienes adquiridos con fondos ilícitos figuran relojes Rolex, casas de veraneo y obras de arte de alto valor. Una de las víctimas perdió más de cuatrocientos mil dólares en criptomonedas.
La influencia de Chen se extendía al más alto nivel del poder en Camboya. Fue asesor del primer ministro Hun Manet y de su padre, el exmandatario Hun Sen, y recibió el título honorífico de neak oknha, equivalente a un lord británico.
Expertos sostienen que el golpe judicial y financiero contra Prince Holding Group podría marcar un punto de inflexión. “No desmantela de inmediato estas redes, pero cambia el cálculo de riesgo”, explicó Jacob Daniel Sims, investigador de la Universidad de Harvard. “A partir de ahora, cualquier banco o inversionista global pensará dos veces antes de tocar el dinero de las élites camboyanas.”
La ONU estima que en Camboya unas cien mil personas trabajan bajo coerción en estafas en línea, una cifra que se duplica si se incluyen países vecinos como Myanmar, Tailandia, Laos y Filipinas. La acusación contra Chen, la más grande de su tipo, busca asestar un golpe simbólico y financiero a esa industria criminal que floreció al amparo de la impunidad estatal.






