El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró el domingo que la relación con China “estará bien” a pesar del nuevo episodio de tensión comercial generado por su amenaza de imponer un arancel adicional del cien por ciento a las importaciones chinas a partir del próximo mes. Las declaraciones del mandatario se produjeron a bordo del avión presidencial Air Force One, donde reiteró que mantiene “una gran relación” con su homólogo chino, Xi Jinping, incluso en medio de un clima de creciente fricción entre las dos principales economías del mundo.
Trump destacó que Xi es “un hombre muy duro, muy inteligente y un gran líder para su país”, en un tono que buscó matizar la dureza de su reciente amenaza. Sus comentarios se produjeron poco después de partir hacia una visita relámpago a Israel y Egipto.
El Ministerio de Comercio chino respondió oficialmente el domingo, señalando que Pekín está preparado para tomar medidas correspondientes “a fin de proteger sus derechos e intereses legítimos”. La respuesta llegó tras el anuncio de Trump del viernes, cuando acusó a China de volverse “muy hostil” y de mantener “cautivo al mundo” con su decisión de endurecer los controles sobre la exportación de minerales raros, esenciales para la producción de tecnología avanzada.
Consultado sobre si el plan de aplicar el nuevo arancel seguía en pie, Trump respondió que “por ahora sí”, aunque dejó abierta la puerta a un cambio, al agregar que “veremos qué sucede”. En tono más reflexivo, el mandatario señaló que, aunque para muchos la fecha del primero de noviembre “parece estar a la vuelta de la esquina”, para él “es una eternidad”, sugiriendo que todavía hay margen para que ambas partes reduzcan la tensión antes de que la medida entre en vigor.
La nueva escalada entre Washington y Pekín comenzó el jueves, cuando China anunció restricciones adicionales a la exportación de tierras raras y tecnologías vinculadas, materiales estratégicos para la industria global de semiconductores, baterías y productos electrónicos.
Trump respondió al día siguiente con la amenaza de aplicar los nuevos aranceles y de cancelar una reunión prevista con Xi a finales de mes en Corea del Sur. Además, adelantó que su gobierno planea imponer controles a las exportaciones de software crítico, que entrarían en vigor en la misma fecha.
Sin embargo, tras el cierre en baja de los principales índices bursátiles estadounidenses el viernes, el presidente adoptó un tono más conciliador. En una publicación en redes sociales, pidió “no preocuparse por China” y sostuvo que Xi “solo tuvo un mal momento”. Añadió que “no quiere una depresión para su país, y yo tampoco la quiero. Estados Unidos quiere ayudar a China, no dañarla”.
Pese a las palabras más moderadas, el mercado internacional observa con cautela los próximos movimientos de ambas potencias. La posibilidad de una guerra comercial renovada sigue latente, y el rumbo de las negociaciones bilaterales podría definir no solo el equilibrio económico global, sino también el tono de la política exterior estadounidense en los próximos meses.






