China está considerando invitar al presidente estadounidense Donald Trump al desfile militar del 3 de septiembre en la plaza de Tiananmén, en Pekín, con motivo del 80.º aniversario del fin de la Segunda Guerra Mundial, según informaron este domingo fuentes cercanas al asunto. De concretarse, sería el primer encuentro cara a cara entre los líderes de las dos principales economías del mundo desde el regreso de Trump a la Casa Blanca en enero para su segundo mandato no consecutivo.
Por su parte, Estados Unidos ha propuesto que el presidente chino, Xi Jinping, realice una visita al país durante septiembre, coincidiendo con la Asamblea General de las Naciones Unidas en Nueva York. Sin embargo, ambas capitales mantienen reservas respecto a las invitaciones cruzadas.
Rusia ya confirmó la participación del presidente Vladimir Putin en el desfile de Pekín, lo que plantea un escenario potencialmente delicado para Japón, que vería a los líderes de China, Rusia y Estados Unidos unidos en una celebración conjunta de la victoria en la guerra. China define el conflicto como la “Guerra de Resistencia contra la Agresión Japonesa” entre 1937 y 1945.
Durante una llamada telefónica el pasado 5 de junio, Xi invitó formalmente a Trump a visitar China, invitación que el mandatario estadounidense agradeció “de todo corazón”, según el Ministerio de Relaciones Exteriores chino. Trump, quien no ha estado en el país asiático desde su visita de Estado en 2017, respondió extendiendo una invitación recíproca.
No obstante, fuentes diplomáticas indican que la posible asistencia de Trump al desfile enfrenta resistencias dentro de su propio gobierno, particularmente de figuras como el secretario de Estado Marco Rubio, conocido por su postura crítica hacia Pekín. Mientras tanto, en China también hay cautela sobre una eventual visita de Xi a Washington, especialmente tras el incómodo encuentro entre Trump y el presidente ucraniano Volodímir Zelenski en febrero, donde el mandatario estadounidense arremetió contra su par en plena rueda de prensa.
Ante ese contexto, Pekín baraja enviar al primer ministro Li Qiang a la Asamblea General de la ONU en lugar de Xi. Según una fuente china, el objetivo sería organizar la primera cumbre bilateral de esta nueva etapa en suelo chino, donde podrían controlar mejor la cobertura mediática y proyectar una imagen de éxito diplomático.
La relación entre ambos países ha atravesado turbulencias marcadas por una guerra arancelaria, aunque en mayo acordaron una tregua de 90 días para rebajar las tensiones comerciales. Aun así, persisten los roces por el mantenimiento de controles a la exportación de minerales raros por parte de China y las restricciones de visado impuestas por Washington a estudiantes chinos con vínculos con el Partido Comunista o que cursan estudios en sectores considerados sensibles.
China ha utilizado históricamente los desfiles en Tiananmén como plataforma para mostrar su poderío militar. En 2019, exhibió misiles balísticos intercontinentales con capacidad nuclear, capaces de alcanzar territorio estadounidense. En 2015, líderes como Putin y la entonces presidenta surcoreana Park Geun-hye asistieron a un desfile similar conmemorando la rendición de Japón.
De concretarse, un encuentro entre Trump y Xi marcaría un punto de inflexión en una relación bilateral marcada por la desconfianza, pero también por la necesidad mutua de estabilizar los lazos económicos y estratégicos en un escenario global cada vez más incierto.










