El secretario del Consejo de Seguridad de Rusia, Serguéi Shoigú, llegó este martes a Pyongyang en una visita oficial que marca su segundo viaje al país en menos de dos semanas. En esta ocasión, Shoigú viaja como enviado especial del presidente ruso, Vladímir Putin, y tiene previsto reunirse nuevamente con el líder norcoreano Kim Jong-un, según informó la agencia estatal rusa Tass.
La visita subraya la creciente cooperación entre Moscú y Pyongyang en el plano militar y estratégico. De acuerdo con fuentes del Consejo de Seguridad ruso, el encuentro forma parte del seguimiento de los acuerdos alcanzados durante la visita anterior de Shoigú, realizada el 4 de junio, y se enmarca en la implementación del tratado de defensa mutua firmado por ambos países el año pasado.
El regreso tan rápido de Shoigú a la capital norcoreana ha captado la atención internacional, especialmente por coincidir con la conmemoración del primer aniversario del Tratado de Asociación Estratégica Integral suscrito por Kim y Putin en junio de 2024. Ese acuerdo dio un paso sin precedentes en la cooperación militar bilateral, incluyendo el despliegue de tropas norcoreanas en apoyo a Rusia en su conflicto en Ucrania.
La nueva visita ocurre a tan solo días del aniversario formal del tratado, el 19 de junio, lo que ha alimentado especulaciones sobre una posible cumbre entre Kim y Putin en territorio ruso. Sin embargo, hasta ahora no se han detectado indicios concretos de un viaje inminente por parte del líder norcoreano.
Durante su visita anterior, Shoigú y Kim discutieron temas de seguridad en la península coreana, en un contexto de tensiones regionales que se han intensificado por los ejercicios militares conjuntos entre Corea del Sur y Estados Unidos, así como por el incremento de pruebas de misiles por parte de Pyongyang. La repetición de este encuentro en tan corto plazo refuerza la percepción de que Rusia y Corea del Norte están consolidando una alianza política y militar con implicancias regionales y globales.
El fortalecimiento de este vínculo ocurre mientras Rusia enfrenta un prolongado aislamiento internacional por su invasión a Ucrania, y busca socios estratégicos que le ofrezcan apoyo político, militar o logístico. Corea del Norte, por su parte, encuentra en Moscú un respaldo útil ante las sanciones multilaterales y su prolongada marginación del sistema internacional.
La reunión entre Shoigú y Kim, de concretarse, no solo servirá para profundizar los compromisos ya asumidos, sino que podría anticipar nuevos acuerdos militares en un escenario global marcado por la fragmentación de alianzas y el resurgimiento de bloques geopolíticos. En ese contexto, la cooperación entre Rusia y Corea del Norte deja de ser simbólica para adquirir un peso estratégico que inquieta a Occidente.






