Después de 34 años, Japón dejó de ocupar el primer lugar como mayor acreedor global. Alemania lo superó, pese a que el país asiático alcanzó un nuevo récord en sus activos externos netos. El Ministerio de Finanzas de Japón confirmó la noticia y explicó que, aunque el debilitamiento del yen favoreció la revalorización de sus activos en divisas, no logró contrarrestar el avance alemán, sostenido por un robusto superávit en cuenta corriente.
A fines del año pasado, Japón vio crecer sus activos externos brutos en términos interanuales, superando por primera vez la marca de los 500 billones de yenes. Sin embargo, esta cifra se mantuvo por debajo de los niveles alcanzados por Alemania. La depreciación del yen influyó al alza en el valor de activos como acciones y bonos denominados en monedas extranjeras, aunque ese efecto fue insuficiente para sostener el liderazgo global.
En paralelo, Japón logró ampliar su crédito externo neto por séptimo año consecutivo. Este crecimiento estuvo impulsado principalmente por inversiones directas en Estados Unidos, realizadas por entidades financieras y grandes empresas comerciales japonesas. A pesar de ese avance, también aumentaron sus pasivos externos, en un contexto en el que el dólar se fortaleció considerablemente frente al yen respecto del año anterior.
El informe del ministerio ubica a Japón como el segundo país con mayores activos netos en el exterior, seguido por China. En el extremo opuesto se encuentra Estados Unidos, que continúa presentando un déficit externo neto abultado, ya que sus obligaciones con el exterior superan ampliamente sus activos internacionales.
Para realizar la comparación entre países, el gobierno japonés utilizó los tipos de cambio oficiales del cierre del año pasado, proporcionados por el Fondo Monetario Internacional. Esta metodología permite estandarizar los datos pero también evidencia cómo los movimientos de las monedas pueden alterar el panorama financiero global.
La pérdida del primer lugar por parte de Japón no representa una caída en su desempeño económico externo, sino el reflejo de un nuevo equilibrio internacional en el que Alemania se posiciona con fuerza. La competencia por los primeros puestos en el mapa financiero global sigue abierta, y dependerá tanto de las decisiones estratégicas de inversión como de la evolución de las variables macroeconómicas.












