Trump renueva la guerra comercial: ¿Cómo responde China en 2025?

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Desde su regreso a la Casa Blanca en 2025, Donald Trump retomó su postura dura contra China, imponiendo una serie de sanciones y bloqueos que han vuelto a tensar las relaciones comerciales entre las dos mayores economías del mundo. A diferencia de su primer mandato, esta vez China reaccionó con una estrategia más sofisticada, fortaleciendo su independencia tecnológica y expandiendo ambiciosos proyectos de infraestructura y energía.

El ping-pong comercial: sanciones, aranceles y represalias

Desde el primer día de su mandato, Trump reactivó las sanciones comerciales contra China, endureciendo las restricciones a la exportación de tecnología estadounidense. Entre las medidas más severas se encuentran los nuevos aranceles del 10% a todas las importaciones chinas. Además, impuso sanciones más estrictas sobre empresas como Huawei y SMIC, dificultando su acceso a chips avanzados y software estadounidense.

En el ámbito de la inteligencia artificial, las colaboraciones entre compañías chinas y estadounidenses han sido bloqueadas, limitando el acceso de China a herramientas clave de desarrollo.

Estas medidas entraron en vigor el pasado martes 8 de febrero. En cuestión de minutos, el Ministerio de Finanzas de China dijo que impondría gravámenes del 15% para el carbón y el gas natural licuado (GNL) estadounidenses y del 10% para el petróleo crudo, los equipos agrícolas y algunos automóviles enviados a China desde Estados Unidos.

A su vez, Beijing anunció que el martes 10 de febrero impondrá aranceles del 10% al 15% a ciertos productos de Estados Unidos, en respuesta a los aranceles de Trump.

Al mismo tiempo, el gobierno chino ha destinado miles de millones de dólares a la fabricación nacional de semiconductores y componentes críticos, buscando reducir su dependencia de proveedores extranjeros.

Para disminuir su exposición al dólar y evitar sanciones financieras, China ha impulsado el uso del yuan digital en transacciones internacionales, atrayendo a países de Asia, África y América Latina.

Estas acciones provocaron una respuesta inmediata por parte de China, que no solo ha contrarrestado con sus propias medidas de represalia, sino que también ha acelerado el desarrollo de sus industrias clave.

¿Fortalecimiento en lugar de debilitamiento? La apuesta china por la autosuficiencia

Más allá de las represalias directas, China está apostando a largo plazo con el desarrollo de megaproyectos en tecnología, infraestructura y energía.

Uno de los ejemplos más destacados es DeepSeek, su propio modelo de inteligencia artificial generativa diseñado para competir con OpenAI y Google DeepMind. Este sistema está orientado a aplicaciones empresariales, traducción automática y análisis de datos a gran escala, asegurando que el país no dependa de la IA estadounidense.

El impacto de DeepSeek ha sido sorpresivo en los mercados financieros. Desde su lanzamiento, los monopolios tecnológicos como Nvidia, Broadcom y Taiwan Semiconductor Manufacturing Company han visto una caída en sus acciones superior a 1.000 millones de dólares.

En el ámbito del transporte, China ha inaugurado su nuevo tren de levitación magnética, conocido como maglev, capaz de alcanzar velocidades de hasta 700 km/h, un avance que no solo mejora el transporte interno, sino que también refuerza la infraestructura del proyecto de la Nueva Ruta de la Seda, siendo el tren más rápido del mundo.

Fuente: Beijing Youth Daily/VCG/IMAGO

En energía, el gigante asiático está construyendo la mayor central hidroeléctrica del mundo, una obra que no solo reduce su dependencia del carbón, sino que también refuerza su posición en energías renovables.

Instalada en la región del Tíbet, se espera que la nueva presa genere casi 300.000 millones de kWh de electricidad anual, superando por más de un 200% a la presa de las Tres Gargantas, la más grande hasta el momento, también en suelo chino.

A medida que la guerra comercial entre EE.UU. y China se intensifica, las consecuencias para la economía global son evidentes. Empresas tecnológicas están buscando nuevas cadenas de suministro, los costos de los productos electrónicos están aumentando y las tensiones geopolíticas están afectando la inversión extranjera.

Sin embargo, China está demostrando que puede adaptarse y avanzar a pesar de las restricciones. Mientras Trump endurece sus políticas, el gigante asiático sigue consolidando su autosuficiencia y expandiendo su influencia en mercados emergentes, como el latinoamericano.

Con un enfoque en innovación y desarrollo, la guerra comercial podría terminar fortaleciendo a China en lugar de debilitarla.

El conflicto económico entre estas dos potencias no parece tener un final próximo, pero lo que sí es claro es que el futuro de la economía global estará definido por la competencia entre un EE.UU. desesperado y una China más resiliente que nunca.

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Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Belgrano, con experiencia en investigación, redacción y diplomacia. Se especializa en analizar y comunicar dinámicas geopolíticas de Asia Oriental, con un fuerte interés en los derechos humanos en Corea del Norte y las relaciones intercoreanas. 

Ha trabajado en la Embajada de Malasia, en la Cámara de Comercio Argentina para Asia y el Pacífico, y en el CESIUB (Centro de Estudios Internacionales de la Universidad de Belgrano), donde desarrolló ensayos y análisis profundos sobre Asia Oriental. 

Habla inglés y japonés, lo que le permite abordar temas internacionales desde una perspectiva global.