El gobierno chino volvió a desplegar un amplio operativo de seguridad para impedir cualquier acto de recuerdo relacionado con la represión de las protestas prodemocráticas de Tiananmen, uno de los episodios más sensibles de la historia reciente del país. En el aniversario de la intervención militar que puso fin a las manifestaciones estudiantiles en Pekín, las autoridades intensificaron la vigilancia, restringieron reuniones y prohibieron incluso las visitas de familiares de las víctimas a un cementerio de la capital.
La plaza de Tiananmen y sus alrededores permanecieron bajo un fuerte control policial durante los días previos a la fecha. Agentes de seguridad y vehículos oficiales fueron desplegados en distintos puntos estratégicos con el objetivo de evitar cualquier intento de homenaje público. Mientras tanto, periodistas extranjeros denunciaron haber sido seguidos por efectivos de seguridad, una práctica habitual en fechas consideradas políticamente delicadas por las autoridades chinas.
Desde hace décadas, el Partido Comunista sostiene que la intervención militar fue necesaria para restaurar el orden y frenar una situación que considera una amenaza para la estabilidad del país. Sin embargo, el episodio continúa siendo un tema tabú dentro de China continental, donde toda referencia pública a aquellos acontecimientos es censurada de forma sistemática.
Entre las medidas adoptadas este año destacó la prohibición impuesta a las llamadas Madres de Tiananmen, una organización integrada por familiares de personas fallecidas durante la represión. Sus miembros recibieron una notificación oficial que les impedía acudir al cementerio donde descansan algunos de sus seres queridos y donde tradicionalmente realizaban ceremonias de recuerdo.
La decisión generó indignación entre los integrantes del grupo. You Weijie, cuyo esposo murió durante aquellos hechos, lamentó que las autoridades hayan impedido incluso los encuentros entre familiares, encuentros que durante años sirvieron como un espacio de apoyo mutuo para sobrellevar el dolor. Según expresó, la medida supone una nueva limitación a derechos básicos que ya se encontraban seriamente restringidos.
También reaccionó Zhang Xianling, una de las fundadoras de la organización y madre de un joven fallecido durante la represión. La mujer calificó la prohibición como una decisión injustificada y carente de sensibilidad hacia quienes todavía buscan mantener viva la memoria de sus familiares.
Mientras en China continental cualquier acto de conmemoración fue bloqueado, algunas representaciones diplomáticas extranjeras realizaron gestos simbólicos. La embajada de Canadá en Pekín exhibió una imagen de una vela encendida en una pantalla exterior, un mensaje discreto pero cargado de significado en una fecha marcada por el silencio oficial.
Desde Washington también llegaron críticas. El secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, acusó a las autoridades chinas de intentar borrar de la memoria colectiva los acontecimientos ocurridos en Tiananmen. Rubio sostuvo que ningún esfuerzo de censura puede eliminar el pasado y reivindicó a quienes defendieron derechos como la libertad de expresión y de reunión pacífica.
La respuesta de Pekín no tardó en llegar. La portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores, Mao Ning, rechazó las declaraciones y acusó a Estados Unidos de distorsionar los hechos históricos e interferir en asuntos internos de China bajo el argumento de la defensa de los derechos humanos. Según la versión oficial, las protestas fueron una alteración política que el Estado tuvo la obligación de controlar.
Desde Japón también hubo reacciones. El secretario jefe del gabinete japonés, Minoru Kihara, señaló la importancia de garantizar las libertades fundamentales, el respeto por los derechos humanos y el estado de derecho, en una referencia indirecta a la situación en China.
La presión sobre cualquier manifestación de recuerdo también se extendió a Hong Kong. En la excolonia británica, donde durante años se realizaron multitudinarias vigilias con velas para recordar a las víctimas, la policía intervino rápidamente para impedir acciones simbólicas de artistas y activistas cerca del parque Victoria, tradicional escenario de las conmemoraciones.
Las vigilias dejaron de celebrarse después de que las autoridades prohibieran las reuniones públicas durante la pandemia. Posteriormente, la imposición de la ley de seguridad nacional transformó profundamente el panorama político de la ciudad. La organización que durante años impulsó los actos de homenaje fue disuelta y varios de sus dirigentes enfrentan procesos judiciales.
Pese a las restricciones, el recuerdo de Tiananmen sigue presente fuera de las fronteras de China continental. En Taiwán se realizaron actos conmemorativos y el presidente Lai Ching-te instó a Pekín a afrontar su historia y respetar la diversidad de opiniones. El mandatario aseguró que la isla continuará respaldando a quienes defienden la libertad.
Artistas y activistas también insistieron en la importancia de preservar la memoria de aquellos acontecimientos. Para muchos de ellos, recordar lo sucedido constituye una forma de resistencia frente al autoritarismo y una manera de evitar que una de las páginas más controvertidas de la historia contemporánea de China quede definitivamente sepultada por el silencio oficial.










