El conflicto entre Estados Unidos e Irán entró este lunes 25 de mayo en su día 87 con señales contradictorias que ilustran con precisión la distancia que separa a las partes de un acuerdo real: un borrador de memorando de entendimiento que ninguno de los dos gobiernos terminó de reconocer públicamente, un Trump que dice que «no hay apuro», un Estrecho de Ormuz que apenas deja pasar 33 barcos por día en lugar de los 140 habituales previos a la guerra, y China exhortando desde Pekín a que «la puerta del diálogo no vuelva a cerrarse».
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán, Esmaeil Baghaei, fue el más explícito en delimitar lo que está sobre la mesa y lo que no: las conversaciones con Estados Unidos se concentran en «poner fin a la guerra» y no incluyen por el momento el programa nuclear. «Se han alcanzado conclusiones en muchos temas discutidos en un posible memorando de entendimiento, pero esto no significa que Teherán esté cerca de firmar un acuerdo», dijo. Fuentes iranís confirmaron a Reuters que no se ha acordado la entrega del stockpile de uranio altamente enriquecido, uno de los puntos que Washington considera no negociables en cualquier acuerdo de largo plazo.
El programa nuclear: el nudo que no se corta
La cuestión nuclear es el principal obstáculo que separa un cese del fuego ampliado de un acuerdo duradero. El primer ministro israelí Benjamin Netanyahu dijo el domingo que él y Trump acordaron que «cualquier acuerdo final con Irán debe eliminar completamente la amenaza nuclear». El secretario de Estado Marco Rubio, en una entrevista con el New York Times, planteó la posibilidad de un enfoque por fases: primero reabrir el Estrecho de Ormuz, y luego negociar el programa nuclear en conversaciones separadas. «No se puede hacer algo nuclear en 72 horas en el reverso de una servilleta», dijo Rubio.
El presidente iraní Masoud Pezeshkian reiteró por su parte que Irán «está preparado para asegurar al mundo que no busca armas nucleares», aunque sin ofrecer las concesiones verificables que Washington exige. Un asesor militar de Jamenei agregó que Teherán tiene «derecho legal a gestionar el Estrecho de Ormuz», una declaración que aumentó la incertidumbre sobre las condiciones bajo las cuales Irán estaría dispuesto a reabrir el paso.
Rubio advirtió que si las negociaciones no producen resultados en los próximos dos meses, Trump tendrá «todas las opciones disponibles para él», una formulación que implica la posibilidad de reanudar las operaciones militares. Trump, por su parte, escribió en Truth Social que el bloqueo naval estadounidense «permanecerá en plena vigencia hasta que un acuerdo sea alcanzado, certificado y firmado», y que «ambas partes deben tomarse su tiempo y hacerlo bien».
El Estrecho: 33 barcos por día en lugar de 140
La brecha entre el ritmo actual de tráfico en el Estrecho y el nivel previo a la guerra resume el daño económico acumulado. La Guardia Revolucionaria iraní informó que 33 embarcaciones cruzaron el estrecho en las últimas 24 horas tras obtener autorización de Teherán —menos de una cuarta parte del flujo normal de 140 buques diarios que transitaban antes del inicio del conflicto el 28 de febrero.
El jefe de la Abu Dhabi National Oil Company, Sultan Al Jaber, advirtió que incluso si la guerra terminara hoy, el flujo completo a través del estrecho no se normalizaría antes del primer o segundo trimestre de 2027. Las minas, la desconfianza entre las partes y la necesidad de acuerdos de seguridad marítima verificables hacen que la reapertura sea un proceso de meses, no de días.
Ese horizonte temporal es devastador para las economías que dependen del corredor energético del Golfo Pérsico. El Sultan Al Jaber lo formuló con la concisión de quien administra uno de los mayores productores de crudo del mundo: incluso la paz no resuelve el problema de inmediato.
Mientras Washington y Teherán negocian con tensión pública, Omán sigue cumpliendo su rol histórico de canal discreto entre las partes. El canciller omaní Sayyid Badr bin Hamad Al Busaidi se reunió el domingo con una delegación iraní encabezada por el viceministro de Exteriores Kazem Gharibabadi. Las conversaciones se centraron en la libertad de navegación en el Estrecho de Ormuz y en desarrollos regionales más amplios. Omán fue el facilitador de los contactos que llevaron al acuerdo nuclear de 2015 y actúa en la crisis actual como el interlocutor más confiable para ambas partes.
China: el mediador que no se presenta como tal
El rol de China en el conflicto iraní siguió siendo esta semana el de un actor con intereses directos —un tercio de su petróleo importado pasa por Ormuz— que ejerce influencia sin asumir formalmente el papel de mediador. La portavoz del Ministerio de Exteriores chino, Mao Ning, fue explícita en la conferencia de prensa del lunes: «Si la puerta al diálogo ha sido abierta, no debe cerrarse de nuevo.» Pidió a ambas partes estabilizar la tendencia de distensión, avanzar hacia un acuerdo político y reabrir «con urgencia» las rutas marítimas.
La posición china tiene una coherencia interna que la distingue de la retórica diplomática habitual. Beijing no condena a ninguna de las partes, no pide sanciones, no impone condiciones. Se limita a repetir que el diálogo es el único camino y que el Estrecho debe estar abierto. En el contexto de la cumbre Trump-Xi de la semana anterior en Pekín, donde los dos presidentes acordaron que el Estrecho «debe estar abierto para el libre flujo de energía», esa posición china tiene ahora el respaldo implícito de un consenso alcanzado con Washington.
En paralelo a las gestiones sobre Irán, el canciller Wang Yi recibió el lunes en Pekín a su homólogo singapurense Vivian Balakrishnan en una reunión que apuntó a consolidar la coordinación bilateral en el contexto de la crisis de navegación global. Wang dijo que «mantener la seguridad de las cadenas industriales y de suministro globales y el flujo sin obstáculos del tráfico marítimo es la aspiración común de todos los países.» Balakrishnan respondió que «mantener la apertura continua del Estrecho de Malaca es de interés para todas las partes» —una referencia discreta pero inequívoca a que Singapur, cuyo puerto es el segundo más transitado del mundo, tiene un interés estructural en que los corredores marítimos globales se mantengan abiertos.
El encuentro Wang-Balakrishnan también tuvo su carga de agenda política. Singapur reiteró su adhesión a la política de una sola China y su oposición a la independencia de Taiwán. Wang destacó que Singapur asumirá la presidencia de la ASEAN el año próximo y expresó expectativas de que la ciudad-Estado juegue un «papel positivo» en promover la cooperación China-ASEAN. La reunión, en definitiva, fue también una pieza del reposicionamiento diplomático de China en el sudeste asiático en un momento en que la crisis del Estrecho de Ormuz recordó al mundo cuánto depende del libre flujo marítimo y quién tiene interés en garantizarlo.
El impacto global que no cede; el mundo quiere un acuerdo entre Estados Unidos e Irán
Cualquier acuerdo que refuerce el actual frágil cese del fuego traería alivio a los mercados pero no extinguiría de inmediato la crisis energética global. Los precios del petróleo, los fertilizantes y los alimentos se mantienen en niveles elevados como consecuencia directa del cierre del Estrecho. Trump enfrenta presión interna creciente: sus índices de aprobación se vieron afectados por el impacto de la guerra en los precios de la energía en Estados Unidos, y el Congreso ha intentado limitar sus poderes de guerra.
La paradoja que define este momento del conflicto es que ninguna de las dos partes puede permitirse que la guerra continúe indefinidamente, pero ninguna de las dos puede firmar el acuerdo que la otra exige sin pagar un costo político que sus respectivos sistemas internos no están en condiciones de absorber de manera inmediata. Trump necesita el Estrecho abierto antes de las elecciones de mitad de término de noviembre. Irán necesita el levantamiento de sanciones y el desbloqueo de activos congelados para estabilizar una economía devastada. El programa nuclear es el punto en el que esas dos urgencias convergen y colisionan.











