La elección presidencial del gobernante Partido Liberal Democrático (PLD) de Japón se perfila como una reñida batalla entre tres candidatos, cuyo desenlace determinará al sucesor del primer ministro saliente, Shigeru Ishiba. La votación de los militantes de base cerró este viernes y el resultado se dará a conocer el sábado.
Entre los cinco aspirantes, el secretario jefe del gabinete, Yoshimasa Hayashi; la exministra de Interior, Sanae Takaichi; y el ministro de Agricultura, Shinjiro Koizumi, concentran la mayor atención y son vistos como los favoritos para imponerse en la contienda. Ninguno, sin embargo, parece capaz de asegurar una mayoría absoluta en la primera vuelta, lo que haría inevitable una segunda ronda.
En esta primera fase, los 295 legisladores del PLD emitirán un voto cada uno, mientras que otros 295 se distribuirán según la decisión de los afiliados de base. Si ningún candidato supera la mitad de los sufragios, los dos más votados se enfrentarán en un desempate el mismo sábado.
Los perfiles en disputa
Takaichi, una conservadora declarada que aspira a convertirse en la primera mujer en encabezar un gobierno japonés, aparece como la favorita de la opinión pública, de acuerdo con encuestas recientes. Sin embargo, Koizumi, de 44 años e hijo del ex primer ministro Junichiro Koizumi, goza de mayor respaldo entre sus colegas parlamentarios y apunta a convertirse en el líder más joven de la posguerra.
El impulso de Hayashi, considerado un moderado con experiencia en carteras clave como Exteriores, Defensa y Educación, ha sorprendido en los últimos días. Su estilo pragmático le ha permitido ganar apoyos, en especial en redes sociales, pese a las críticas de quienes lo acusan de ser demasiado cercano a China.
La campaña no ha estado exenta de polémicas. Koizumi fue señalado la semana pasada por alentar a sus simpatizantes a publicar comentarios positivos durante una rueda de prensa transmitida en directo. El episodio, calificado dentro del partido como una forma de “publicidad encubierta”, abrió un debate sobre transparencia y equidad en la comunicación política.
Por su parte, Takaichi ha visto disminuir sus niveles de apoyo, en parte porque, según analistas, no ha logrado presentar un programa de gobierno distintivo. Mientras tanto, Hayashi ha capitalizado la imagen de estabilidad en medio de la incertidumbre política.
El próximo jefe del PLD asumirá automáticamente como primer ministro, dado que la coalición con su socio menor, Komeito, se mantiene como la fuerza mayoritaria en el Parlamento. No obstante, la pérdida de escaños sufrida en los últimos comicios obliga a negociar con la oposición para aprobar leyes y presupuestos.
El futuro líder enfrentará, además, una sociedad preocupada por el aumento del costo de vida y una economía golpeada, lo que añade presión para ofrecer respuestas rápidas y efectivas.
Los otros aspirantes, el exministro de Seguridad Económica Takayuki Kobayashi y el ex canciller Toshimitsu Motegi, se mantienen rezagados. Los cinco candidatos han coincidido en rechazar, por ahora, la disolución anticipada de la Cámara de Representantes para convocar a elecciones generales.
La renuncia de Ishiba, anunciada a inicios de septiembre, responde a las derrotas sufridas por el PLD en las elecciones de la Cámara Alta en julio y en la Cámara Baja en octubre de 2024. Su salida abrió el camino a una competencia que promete reconfigurar el rumbo político de Japón.






