La reciente contienda electoral en Japón ha sido testigo de un fenómeno político que ha sacudido los cimientos del establishment: el ascenso meteórico de Sanseito, el partido «Japón Primero», y su carismático líder, Sohei Kamiya. Contra todo pronóstico, esta formación, que hasta hace poco era considerada marginal, no solo ha logrado consolidar su apoyo, sino que ha obtenido un resultado electoral favorable en las elecciones a la Cámara Alta, obteniendo 14 nuevos escaños, lo que lo convierte en una fuerza emergente a tener en cuenta.
Su éxito, arraigado en una potente combinación de nostalgia por un Japón «perdido», un uso magistral de las redes sociales y un discurso abiertamente populista, ha llevado a muchos a trazar paralelismos con figuras disruptivas de la política mundial como Donald Trump en Estados Unidos, Javier Milei en Argentina y Viktor Orbán en Hungría.
Sohei Kamiya, un exgerente de supermercado y profesor de inglés de 47 años, se ha erigido como la antítesis del liderazgo tradicional japonés, ganando terreno mientras el Primer Ministro Shigeru Ishiba y el gobernante Partido Liberal Democrático (LDP) pierden impulso y popularidad. Su ideología, marcada por un nacionalismo acentuado y una retórica antiglobalista, ha calado hondo en un electorado frustrado por la inflación, los escándalos políticos y una percepción de estancamiento.
El arquitecto del «Japón Primero»: ecos de Trump y la estrategia anti-establishment
La influencia de figuras como Donald Trump en la retórica de Kamiya es innegable. Kamiya mismo ha reconocido que «Japón necesita un movimiento político como el ‘America First'», aunque con la salvedad de que el estilo de liderazgo de Trump es «demasiado egocéntrico para Japón». Sin embargo, el eslogan de Sanseito, «Japón Primero», resuena poderosamente con el «America First» de Trump, encapsulando una visión nacionalista que prioriza los intereses internos frente a las influencias externas, especialmente el globalismo y la inmigración.
Al igual que Trump, Kamiya se presenta como un defensor del «pueblo» frente a una élite corrupta y desconectada. Su discurso es directo, incendiario y busca desafiar las narrativas establecidas. Mientras que Trump criticaba la burocracia de Washington y los acuerdos comerciales internacionales, Kamiya arremete contra el «globalismo» y la «invasión silenciosa» de Japón por parte de extranjeros, apelando a un sentido de agravio y la necesidad de «reconstruir los medios de vida del pueblo japonés resistiendo el globalismo», como él mismo ha matizado. Esta estrategia de confrontación con el establishment y la polarización del debate son sellos distintivos de ambos líderes.
El «León Desmelenado» japonés: paralelismos con Milei y el éxito inesperado
El rápido ascenso de Sanseito y Kamiya también evoca los fenómenos de Javier Milei en Argentina y Viktor Orbán en Hungría. Como Milei, quien se catapultó de la marginalidad académica a la presidencia argentina con un discurso disruptivo y una fuerte presencia en redes sociales, Kamiya ha utilizado YouTube como su principal plataforma para llegar a una audiencia desilusionada con las opciones políticas tradicionales. La fundación de Sanseito en YouTube por un grupo de conservadores online en 2020, sumado a una estructura de negocio única que ofrece contenido «sin censura» a suscriptores de pago, es un paralelo directo con la estrategia de «influencers» y la construcción de una comunidad digital que Milei empleó magistralmente.
Ambos líderes, Kamiya y Milei, han sabido capitalizar el descontento popular, ofreciendo soluciones radicales y simplificadas a problemas complejos. Mientras Milei prometía una «motosierra» para reducir el gasto público y combatir la casta política, Kamiya se enfoca en temas «de nicho» que resuenan con «preocupaciones o insatisfacciones vagas» de los votantes, como la inmigración, la seguridad de las vacunas o la despoblación rural. La promesa de una solución fundamental a problemas que los partidos tradicionales no abordan o minimizan es un hilo conductor en su éxito.
Además, el mensaje de Kamiya sobre la carga económica que la población jubilada impone a los jóvenes trabajadores, reflejado en el 10% del impuesto al consumo, resuena con la preocupación de la juventud sobre su futuro económico, un segmento que Milei también logró movilizar con su discurso anti-establishment y pro-libertad individual.
Orbán y la consolidación de un nacionalismo reaccionario
Las similitudes con Viktor Orbán, primer ministro húngaro, se manifiestan en la promoción de un nacionalismo cultural conservador y en el control narrativo. Orbán ha construido su poder sobre la base de un discurso que enfatiza la identidad nacional, la soberanía y la resistencia a las influencias externas, especialmente la inmigración y el globalismo liberal. Sanseito, con su llamado a detener una «invasión silenciosa» y su énfasis en la «verdadera» historia de Japón (que a menudo implica narrativas revisionistas), se alinea con la agenda de Orbán de proteger la identidad cultural y los valores nacionales.
Kamiya, al igual que Orbán, utiliza la retórica de la «seguridad» y la «protección» frente a amenazas externas, ya sean culturales o económicas. El exreservista de la Fuerza de Autodefensa de Japón advirtió en un discurso: «Bajo el globalismo, las empresas multinacionales han cambiado las políticas de Japón para sus propios fines. Si no resistimos esta presión extranjera, ¡Japón se convertirá en una colonia!». Esta es una narrativa familiar para aquellos que siguen la política de Orbán, quien a menudo describe a Hungría como un bastión que protege los valores europeos tradicionales contra las fuerzas globalistas.
El factor redes sociales y la desinformación
Un aspecto crucial que une a estos líderes es su destreza en el uso de las redes sociales para eludir a los medios tradicionales y difundir sus mensajes. Kamiya, al igual que Trump, ha capitalizado la naturaleza algorítmica de plataformas como YouTube para llenar las aplicaciones de sus seguidores con contenido que desafía las narrativas convencionales. El caso del trabajador minorista de 36 años que «abrió los ojos» gracias a un video de Kamiya durante la pandemia de COVID-19, o la estudiante universitaria que encontró el canal de Kamiya mientras votaba por primera vez, ilustran la efectividad de esta estrategia. La capacidad de Sanseito para «comercializar» y diferenciar sus políticas de los partidos principales, promoviendo temas de «nicho» en los que los votantes tienen «vagas preocupaciones o insatisfacción», es una habilidad compartida con sus homólogos populistas globales.
Sin embargo, esta estrategia también ha llevado a acusaciones de difusión de teorías conspirativas y desinformación. Sanseito ha sido criticado por afirmar la existencia de una «invasión silenciosa» y cuestionar la seguridad de las vacunas COVID-19, temas que han servido como «campo de pruebas efectivo» para su ideología conspirativa, aprovechando la historia de escándalos médicos en Japón. Esto refleja la tendencia de los populistas a alimentar la desconfianza en las instituciones y la ciencia, promoviendo narrativas alternativas que resuenan con el descontento popular.
El impacto electoral y el futuro político de Japón
El sorprendente éxito de Sanseito en las elecciones a la Cámara Alta, donde ha pasado de dos a más de diez escaños, ha sacudido a los partidos establecidos. Aunque es poco probable que Sanseito se convierta en una fuerza dominante por sí solo en la Cámara Alta en el corto plazo, su ascenso ya ha influido en la agenda política. Tras el impulso de Sanseito por una política de inmigración de línea dura, los principales partidos, incluido el LDP de Ishiba, se apresuraron a proponer ideas para endurecer las restricciones a los extranjeros, generando preocupación de que los forasteros estén siendo convertidos en chivos expiatorios. Esta dinámica, donde los partidos convencionales mimetizan la retórica populista, es un patrón observado en países como el Reino Unido, los Países Bajos y Francia, donde partidos como el Reform party, el Partij voor de Vrijheid y el Rassemblement National han aumentado en las encuestas a pesar de que los partidos principales adoptan una retórica nacionalista similar.
Para el programador de 48 años, los extranjeros que viven en Japón son el mayor problema. Él culpa a los chinos por el desvanecimiento del poder nacional de Japón, refiriéndose a ellos con un término fuertemente despectivo utilizado por los nacionalistas de derecha. Él afirma que China tiene una «política nacional» de invadir silenciosamente Japón, a través de la adquisición de tierras relacionadas con santuarios sintoístas o recursos hídricos. Aunque no hay pruebas de que las compras de tierras sean la vanguardia de una «invasión» china, estas acusaciones resuenan con las preocupaciones de los votantes que buscan culpar a alguien por el declive percibido.
La situación política en Japón, con un gobierno de coalición que carece de mayoría en ambas cámaras, se vuelve aún más inestable con el auge de Sanseito. Mientras el Primer Ministro Ishiba se aferra al poder, enfrentando una revuelta interna y la amenaza de aranceles estadounidenses, el ascenso de Kamiya y su partido populista abre un nuevo capítulo en la política japonesa. El futuro dirá si la trayectoria de Sanseito se asemeja más a la consolidación de Orbán, la explosión de Milei, o si se mantendrá como una fuerza influyente que redefine el discurso político en un país acostumbrado a la estabilidad pero cada vez más vulnerable a las corrientes globales del populismo.
Colaboradora en ReporteAsia.














