Lee Jae-myung es el nuevo presidente de Corea del Sur

Lee Jae-myung huelga Samsung

En un giro político, Lee Jae-myung, del Partido Democrático (DP), fue electo presidente de Corea del Sur el miércoles 4 de junio de 2025, seis meses después de que el expresidente Yoon Suk Yeol fuera destituido por intentar declarar la ley marcial. El acto, ampliamente considerado como un quiebre autoritario, generó indignación ciudadana y condujo a la convocatoria de elecciones anticipadas.

Con el 95% de los votos escrutados, Lee obtuvo un 48,83% frente al 42,03% de su rival conservador, Kim Moon-soo, del Partido del Poder Popular (PPP). La participación electoral alcanzó el 79,4%, el nivel más alto desde 1997, reflejo del interés ciudadano por recuperar la estabilidad democrática.

La victoria de Lee tiene un carácter simbólico potente. En 2022, había perdido la presidencia ante Yoon por menos de un punto porcentual. Esta vez, en medio de la deslegitimación del gobierno anterior, Lee capitalizó el descontento social y la demanda de una restauración democrática.

En su discurso frente a la Asamblea Nacional, acompañado por su esposa Kim Hye-kyung, Lee aseguró que “la era de los vehículos blindados y los rifles automáticos ha terminado”. Prometió gobernar para todos los surcoreanos y no permitir que se repita otro intento de golpe institucional.

Debido a la naturaleza anticipada de la elección, Lee asumió funciones de inmediato, sin período de transición. A las 6:21 a.m. del miércoles, fue confirmado oficialmente como presidente por la Comisión Nacional Electoral (NEC) y se convirtió en comandante en jefe de las fuerzas armadas surcoreanas.

Horas más tarde, durante una ceremonia reducida en el Parlamento, Lee prestó juramento y se dirigió a la nación. Allí reiteró sus prioridades: reunificar un país profundamente dividido, revitalizar la economía y restaurar la confianza en las instituciones democráticas.

Lee llega al poder en un momento de fragilidad económica, agravada por el vacío de poder tras la caída de Yoon. Entre los desafíos inmediatos están las presiones de la administración estadounidense de Donald Trump para que Corea del Sur aumente su contribución al mantenimiento de tropas norteamericanas y los efectos negativos de los nuevos aranceles sobre productos surcoreanos.

En su discurso inaugural, el nuevo mandatario anunció que su gobierno adoptará un enfoque “pragmático y orientado al mercado”, con especial énfasis en el desarrollo de tecnologías avanzadas como la inteligencia artificial y los semiconductores. “No seremos un gobierno que controle y gestione, sino uno que apoye e impulse a su gente”, afirmó.

En el plano internacional, Lee señaló su intención de reforzar la cooperación trilateral con Estados Unidos y Japón, sobre la base de una sólida alianza con Washington, pero también dejó abierta la puerta al diálogo con Corea del Norte.

“Restauraremos los canales de comunicación y buscaremos cooperación para construir una paz duradera en la península coreana”, afirmó, una señal de distensión tras años de parálisis diplomática con Pyongyang.

En línea con esta política, el presidente nombró como asesor de seguridad nacional a Wi Sung-lac, exembajador en Rusia y negociador jefe en las conversaciones de desarme nuclear con Corea del Norte.

En su primer día en el cargo, Lee anunció los nombramientos clave de su administración. Propuso a su principal colaborador de campaña, el diputado Kim Min-seok, como primer ministro. Kim es un exlíder estudiantil y legislador de cuatro mandatos, conocido por su enfoque en las políticas sociales y su capacidad de generar consensos.

Además, designó a Lee Jong-seok, exministro de Unificación, como director del Servicio Nacional de Inteligencia, en un gesto que apunta a fortalecer la gobernabilidad y la experiencia institucional.

Otros nombres clave incluyen a Kang Hoon-sik como jefe de Gabinete y a la diputada Kang Yu-jung como vocera presidencial, todos ellos figuras cercanas al círculo político de Lee desde su candidatura en 2022.

Mientras los miembros del DP celebraban entre aplausos los resultados, el ambiente en la sede del PPP era sombrío. Kim Moon-soo aceptó su derrota en una conferencia de prensa y felicitó a Lee, aunque no sin lanzar críticas a su estilo de liderazgo.

«Esperábamos estar dentro del margen de error. Es decepcionante que la diferencia haya sido tan amplia», declaró Na Kyung-won, codirectora de campaña del PPP.

Pese a sus múltiples procesos judiciales y una imagen política polarizadora, Lee logró transmitir un mensaje de estabilidad democrática frente a la amenaza autoritaria encarnada por su antecesor. Según el diputado Park Chan-dae, “el pueblo ha emitido un juicio severo sobre el régimen insurreccional”.

Si bien Lee ya ejerce como presidente, su ceremonia oficial de investidura se realizará el 17 de julio, coincidiendo con el Día de la Constitución. El evento será denominado “Ceremonia de Nombramiento”, en línea con la visión del presidente de que “es el pueblo quien nombra al mandatario”.

Este gesto no solo busca reforzar su conexión con los valores democráticos, sino también simbolizar el retorno al orden constitucional tras meses de caos institucional.

La llegada de Lee Jae-myung a la presidencia representa un momento de inflexión en la historia reciente de Corea del Sur. Tras una grave crisis política derivada de un intento de autogolpe, el país busca recuperar su estabilidad democrática, impulsar su economía y redefinir su papel en un mundo en transformación.

Con una administración marcada por figuras de confianza, experiencia legislativa y un enfoque pragmático, Lee inicia su mandato con altas expectativas y una fuerte legitimidad popular. El verdadero reto será cumplir sus promesas en un entorno regional y global cada vez más volátil.

+ posts