La contienda presidencial en Corea del Sur ha captado la atención de la comunidad internacional, pero en ningún país se observa con tanta cautela como en Japón. La posible victoria de Lee Jae-myung, candidato del opositor Partido Democrático, ha generado inquietud en Tokio, donde se teme un enfriamiento de las relaciones bilaterales que, tras años de tensión, habían comenzado a mejorar bajo el mandato del ahora depuesto presidente Yoon Suk-yeol.
Durante su trayectoria política, Lee ha sido crítico de la manera en que Corea del Sur ha manejado su relación con Japón. Cuestionó abiertamente el plan de Yoon de crear un fondo de compensación para las víctimas surcoreanas del trabajo forzado durante la ocupación japonesa (1910-1945), acusando al expresidente de «humillar» al país ante Tokio. Para muchos sectores progresistas surcoreanos, esta postura de firmeza ha sido vista como una defensa de la soberanía nacional. Sin embargo, en Japón, ha sido interpretada como un retroceso en el proceso de reconciliación.
Conforme se acercan las elecciones del 3 de junio, Lee ha adoptado un tono más moderado. En su reciente declaración de política exterior, describió a Japón como «un socio cooperativo importante» y se comprometió a establecer una relación «sólida y coherente» basada en el pragmatismo diplomático. Aun así, ha reiterado que las cuestiones históricas y territoriales, como el reclamo surcoreano sobre las islas Dokdo (Takeshima en Japón), deben abordarse con firmeza y principios.
En Japón, la reacción ha sido reservada pero notoriamente escéptica. Ningún funcionario del gobierno japonés se ha pronunciado oficialmente sobre la posible victoria de Lee, pero los medios conservadores, como Japan Forward, ya advierten sobre un eventual deterioro en los vínculos. Artículos de opinión han calificado a Lee Jae-myung como «inflexible» y lo vinculan con el enfoque confrontativo que tuvo el gobierno de Moon Jae-in, también del Partido Democrático.
Corea entra en la recta final de las elecciones presidenciales
La preocupación japonesa no es infundada. Durante la gestión de Yoon, se había logrado una mejora significativa en las relaciones bilaterales. En 2023, se llevó a cabo la primera cumbre bilateral entre ambos países en más de una década. El entonces primer ministro japonés Fumio Kishida incluso visitó Seúl, sellando una etapa de colaboración mutua que incluía cooperación en seguridad, tecnología y comercio. Todo esto podría quedar en suspenso si Lee revierte decisiones clave.
Analistas coinciden en que Lee está intentando equilibrar su necesidad de captar al electorado moderado con las expectativas de su base progresista. En un mensaje reciente, señaló que no es hostil a Japón y que valora profundamente a su pueblo. También manifestó interés en impulsar intercambios culturales y económicos. Sin embargo, reafirmó que no cederá en temas como la soberanía sobre Dokdo ni en la exigencia de disculpas por parte de Tokio por crímenes de guerra.
Inseguridad regional: la variable Trump y Corea del Norte
Otro elemento que contribuye a la tensión es la incertidumbre en torno a la política exterior de Estados Unidos. Si Donald Trump gana las elecciones estadounidenses, se esperan cambios en la estrategia de Washington hacia Asia. Esto podría debilitar el triángulo estratégico entre Estados Unidos, Corea del Sur y Japón, en el cual Yoon había trabajado activamente. A esto se suma la promesa de Lee Jae-myung de restablecer las comunicaciones con Corea del Norte, algo que genera incomodidad en Tokio, que ve con recelo cualquier acercamiento al régimen de Kim Jong-un sin concesiones claras.
El año 2025 marca el 60º aniversario del restablecimiento de relaciones diplomáticas entre Corea del Sur y Japón. El simbolismo de esta fecha podría ser aprovechado por Lee para reforzar una imagen de cooperación, sin renunciar a sus principios. Sin embargo, dependerá de su habilidad para gestionar los reclamos históricos sin romper los avances logrados.
Curiosamente, mientras los gobiernos se muestran cautelosos, la percepción ciudadana parece avanzar en otra dirección. Una encuesta del Asan Institute reveló que la imagen de Japón entre los surcoreanos ha mejorado, alcanzando una calificación histórica de 4.52 sobre 10. Este cambio podría ofrecer margen de maniobra a Lee para una diplomacia más abierta.
La posible elección de Lee Jae-myung abre un capítulo incierto en la relación entre Corea del Sur y Japón. Si bien su discurso actual sugiere un giro hacia el pragmatismo, las dudas persisten en Tokio sobre cuál será la dirección real de su política exterior. Para evitar una recaída en el conflicto histórico, Lee necesitará ejercer un delicado equilibrio entre la firmeza simbólica y la cooperación práctica. Lo que está en juego no es solo la relación entre dos países vecinos, sino también la estabilidad geopolítica del nordeste asiático en un momento de transformaciones globales.
Colaboradora en ReporteAsia.













