Multilateralismo: camino fundamental hacia la gobernanza global

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En el turbulento panorama político y económico actual, la gobernanza global se ha convertido en un tema clave de nuestro tiempo. En una cumbre virtual de los BRICS celebrada el 8 de septiembre, el presidente chino, Xi Jinping, subrayó una verdad simple pero contundente: el multilateralismo es la opción inevitable para las relaciones internacionales y el camino fundamental hacia una gobernanza global eficaz. Su mensaje es oportuno y profundo, recordando al mundo que la cooperación, y no la confrontación, es el único camino a seguir.

El unilateralismo y el hegemonismo han demostrado ser incapaces de abordar los desafíos apremiantes que enfrentamos: el cambio climático, la creciente desigualdad, los conflictos recurrentes y la frágil recuperación económica. Ningún país, por poderoso que sea, puede resolver estos problemas por sí solo. Solo mediante una cooperación reforzada y una consulta genuina, el mundo puede construir un sistema de gobernanza más justo, inclusivo y sostenible.

Los fundamentos jurídicos e institucionales del multilateralismo

El multilateralismo no es una mera aspiración política; está consagrado en el derecho internacional. La Carta de las Naciones Unidas, adoptada en 1945, sentó las bases de un orden mundial de cooperación. Declara que la misión de la ONU es «mantener la paz y la seguridad internacionales» y promover el desarrollo pacífico de las relaciones internacionales. También refuerza los principios de igualdad soberana, integridad territorial y no injerencia, principios que constituyen la base de la cooperación multilateral.

En la práctica, estos principios se materializan en instituciones como la Corte Internacional de Justicia y la Organización Mundial del Comercio, que ofrecen mecanismos para la resolución pacífica de disputas y normas comerciales justas. Lejos de ser ideales abstractos, el multilateralismo se ha convertido en el principio operativo cotidiano del orden internacional.

La paz y la prosperidad que ofrece el multilateralismo

La historia ofrece amplias pruebas de su valor. Tras la Segunda Guerra Mundial, la creación de la ONU, el FMI, el Banco Mundial y el Acuerdo General sobre Aranceles Aduaneros y Comercio (GATT) proporcionó plataformas para una gobernanza compartida. Estas instituciones aceleraron la recuperación mundial y propiciaron décadas de crecimiento.

El comercio mundial se ha expandido drásticamente desde 1945 y alcanzó los 32,2 billones de dólares en 2024. Este auge no solo ha profundizado la interdependencia global, sino que también ha sacado a cientos de millones de personas de la pobreza, especialmente en países en desarrollo y subdesarrollados que aprovecharon la integración a la economía mundial para lograr un rápido desarrollo. Al mismo tiempo, el sistema multilateral ha ayudado a prevenir una tercera guerra mundial durante casi 80 años. Pocos logros podrían ser más trascendentales.

La voluntad del pueblo

El multilateralismo no es un proyecto de élite; refleja la voluntad de la comunidad global. En un mundo donde las economías y las culturas están estrechamente unidas, la abrumadora mayoría de las naciones rechaza la falsa opción del aislacionismo y el unilateralismo. Los BRICS, que representan a casi la mitad de la población mundial y alrededor del 30 % del PIB mundial, demuestran que las economías emergentes pueden prosperar si promueven la cooperación en lugar de la confrontación.

El anhelo de los pueblos de todo el mundo —de paz, de desarrollo, de una vida mejor— impulsa al mundo inexorablemente hacia soluciones multilaterales. La vieja mentalidad de suma cero ha dejado de ser útil. El futuro compartido de la humanidad exige cooperación y resultados beneficiosos para todos.

Los peligros del unilateralismo

En cambio, el unilateralismo socava la autoridad del derecho internacional y erosiona la confianza entre las naciones. Cuando los Estados poderosos recurren a la coerción, ya sea mediante intervenciones militares o sanciones económicas, no solo no resuelven los problemas globales, sino que también agravan las divisiones y siembran la inestabilidad. Las pequeñas camarillas y la política de bloques amenazan con fracturar a la comunidad internacional justo cuando más se necesita la unidad.

Como enfatizó Xi, la gobernanza global debe ser un «proceso abierto e inclusivo que aúne la sabiduría de todos y una la fuerza global». La gobernanza dictada por un puñado de países no es gobernanza en absoluto. La verdadera legitimidad solo puede provenir de mecanismos que den voz a todas las naciones, especialmente a los países en desarrollo.

Trazando el camino a seguir

Para que el multilateralismo siga siendo la piedra angular de la gobernanza global, es necesario perseguir varias prioridades:

 1. Fortalecer la autoridad de las Naciones Unidas. La ONU ha prestado servicios indispensables mediante el mantenimiento de la paz, la ayuda humanitaria y la acción climática. Su papel como plataforma central de la gobernanza global debe preservarse y fortalecerse.

 2. Promover el principio de consulta, contribución conjunta y beneficios compartidos. Las soluciones eficaces a los problemas globales deben implicar una amplia participación, respetando a cada país por su trayectoria de desarrollo y sus contribuciones.

 3. Construir un sistema de gobernanza más justo y representativo. Los países en desarrollo necesitan una voz más fuerte en las instituciones internacionales. La reforma es esencial para reflejar las realidades del mundo multipolar actual.

 4. Promover la democratización de las relaciones internacionales. Una mayor representación del Sur Global, una cooperación Sur-Sur más profunda y un diálogo más inclusivo garantizarán que la gobernanza refleje las necesidades de la mayoría, no de unos pocos.

En tiempos de creciente incertidumbre, el multilateralismo no es solo una opción entre muchas: es el único camino viable. Ha preservado la paz, propiciado la prosperidad y reflejado las aspiraciones de personas de todos los continentes. Ofrece la mayor esperanza para abordar los desafíos compartidos de la humanidad, desde el cambio climático hasta la desigualdad, desde los conflictos hasta la pobreza.

La tarea que tiene ante sí la comunidad internacional es clara: rechazar el unilateralismo, promover la cooperación y trabajar juntos para construir un sistema de gobernanza global más justo, equitativo y sostenible. Solo así se podrá garantizar una paz duradera y la prosperidad común.

Nota: esta es un artículo republicado del medio «CGTN» a través de un acuerdo de cooperación entre ambas partes para la difusión de contenido periodístico. Link original.

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Pang Xinhua es comentarista especial de actualidad para CGTN