Recursos naturales y plusvalía: las bases del China Dream 2035

Xi Jinping es el líder de China y del proyecto de crecimiento China Dream 2035

En tiempos de conmoción global acelerada por la pandemia del COVID-19 (Xi Jinping, presidente de China, lo resaltó en su discurso de enero de este año ante los cuadros del Partido Comunista Chino), es necesario debatir causas, características y eventuales consecuencias en el crecimiento. Esta nota intenta avanzar describiendo algunas de estas categorías para el análisis.

En primer lugar, debemos reconocer que en los medios de comunicación y en los «Think Tanks» del occidente desarrollado se instalan los trabajos sobre el «decoupling» o desacople económico, tecnológico, político, cultural, etc. Del lado de China, principal enfocado por estos análisis, la respuesta es su 14º Plan Quinquenal, cuya característica principal es la política de «Circulación Dual».

Cuando se habla de «decoupling», aparecen intereses encontrados hacia adentro de los países desarrollados con corporaciones, manufactureras, empresas tecnológicas y financieras, que quieren seguir el ritmo de la globalización, y de la opinión pública, que, sin expresarlo orgánicamente, también anhela su propia «Circulación Dual».

Mano de obra abundante y creación de plusvalía

China, con su desarrollo como Economía Capitalista Planificada (planes quinquenales muy articulados) y Controlada (visible en las restricciones sobre Alibaba, Jack Ma o las nuevas regulaciones sobre las innovaciones en e-commerce y fintech), promovieron en las últimas cuatro décadas la generación de valor a escala global.

Abundan los análisis descriptivos sobre este fenómeno que movió todos los indicadores hacia arriba, salvo el aumento de las desigualdades a nivel internacional, aunque con niveles de más alto consumo.

La aparición en China, a partir de la década del 90 del siglo pasado, de una masa laboral de alrededor de 300 millones de trabajadores migrantes (mano de obra «Hukou») con una férrea disciplina civilizacional y bajo costo respecto a su productividad, contribuyó al abaratamiento de productos de consumo masivo, y a la generación, en términos de Marx, de una plusvalía que se distribuyó entre corporaciones y el propio gobierno chino. Los intereses aquí están muy claros para los que se beneficiaron en este nuevo escenario.

Paralelamente, estos cambios en la morfología de la economía y el comercio global se apalancaron en innovaciones tecnológicas ahorradoras de trabajo. Y las tecnologías de la información y la comunicación, la AI (inteligencia artificial), el Big Data, entre otros, que aparecieron en los últimos años encuentran en el nuevo escenario del COVID-19 una aceleración.

La mentalidad «Muralla China» para el crecimiento

En China, los planificadores, y su máxima figura, Xi Jinping, son conscientes de esto, y por ello planean la «Circulación Dual» con énfasis en el fortalecimiento de su sector interno, mientras saben que necesitan de las ventajas de la globalización.

En este marco, Xi viene repitiendo en sus discursos internos sobre la resiliencia de China y su cohesión ante los nuevos escenarios que enfrentan a la mayoría de los países a serias dificultades de gobernabilidad y estrategia.

La mentalidad Muralla China tiene milenios. La Gran Muralla no es sólo una defensa física frente al resto del mundo «bárbaro», sino una construcción comunitaria frente a un desafío mayor.

China, en su 14º Plan Quinquenal apunta a duplicar su PBI actual para el 2035. El China Dream necesitará recursos para ello. El Capital humano no es su debilidad. Por ello, sus planes apuntan a ubicar y a cómo obtener esos recursos. América Latina está en sus radares. El desafío entonces para los gobiernos de esta región es el desarrollo equilibrado, evitando consolidar en sus territorios las características de las economías extractivas.

Para concluir, analicemos los números en un sólo caso: la producción alimentaria, las proteínas vegetales. China basa su producción de carnes porcina, aviar y de pescado, en la importación de 100 millones de toneladas de soja.

Brasil y Argentina son y serán claves en los próximos tiempos, cuando, además, aumentará la demanda de países de ASEAN (Sudeste Asiático) arrastrados por el avance de China.

El vínculo con China, en este contexto, para el Mercosur deberá ser un instrumento político, económico y comercial de mayor importancia que su relación con la Unión Europea. China y las ASEAN implican una gran oportunidad, condición necesaria para un desarrollo integral y no extractivo.

A la Deng (Xiaoping) y no a la (Hugo) Chávez

China declama que no se involucra en las cuestiones internas de los países. Todos son soberanos y deciden su futuro. En en caso de Venezuela, invirtió alrededor de US$60 mil millones y ese país del Caribe, uno de los fundadores de la OPEC por su producción de y reservas de petróleo, sin embargo pasó de producir 3 millones de barriles al día a los 600 mil actuales. China puede, no obstante, obtener el petróleo de múltiples lugares. De hecho, lo está haciendo hoy de Rusia, Irán y Angola. Al mismo tiempo, construye corredores para su transporte en Pakistán y Myanmar.

En materia de proteínas vegetales y animales, las pampas del sur del continente americano, Argentina, son de las pocas reservas de producción de alta productividad que existen. Y la cuestión alimentaria en China es crítica en su mirada de largo plazo. Por ello, va por el aumento de sus reservas, y en sus radares no sólo están episodios desafiantes como la gripe porcina, sino los cambios climáticos que pueden complicar las propias producciones agropecuarias irrigadas por las aguas que bajan de la meseta del Tíbet.

 

Acerca del autor

Es licenciado en Economía con Diploma de Honor de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Argentina. Actualmente es consultor independiente, asesorando a instituciones financieras y empresas privadas de diferentes industrias. En los últimos 30 años ha desarrollado su actividad en instituciones financieras, públicas y privadas. Se ha desempeñado como Director del Banco de la Ciudad de Buenos Aires, Director del Banco de Corrientes, Vicepresidente del Banco de Inversiones y Extranjero (BICE) y Gerente General del Banco de Crédito Argentino, entre otras funciones. En el ámbito empresarial, dirigió la consultoría Macroeconómica, entidad especializada en economía y finanzas. Ha sido Director General del Ministerio de Hacienda de la Nación (1975-1977) y Economista Jefe de FIEL, Fundación Latinoamericana de Investigaciones Económicas (1971-1975). Desde el 2000 se ha especializado en Economía China y sus repercusiones globales y regionales.