Uno de cada cinco dólares del comercio internacional enfrenta algún tipo de medida restrictiva en 2026, según datos de la Organización Mundial del Comercio y la Cámara de Exportadores de la República Argentina. El proteccionismo global alcanzó su nivel más alto desde la Segunda Guerra Mundial, impulsado por los aranceles de la administración Trump, las represalias de China y la Unión Europea, y la proliferación de reglamentos técnicos, certificaciones obligatorias y controles de frontera que distintos países implementaron en los últimos dos años. En ese entorno, exportar desde Argentina no es solo una cuestión de producir y embarcar: es gestionar un laberinto regulatorio que varía por mercado, por producto y por acuerdo comercial, y que puede hacer la diferencia entre llegar al destino con los aranceles preferidos del Mercosur o pagar el arancel pleno por un error documental. Para ese proceso de navegación regulatoria, los exportadores argentinos dependen de agentes de carga con experiencia acumulada en cada uno de sus mercados de destino. Seabird Argentina, con más de dos décadas de operaciones en el corredor con Estados Unidos, Brasil y Europa, y con presencia propia en Santos y São Paulo, opera en ese entorno de creciente complejidad con estructura y trayectoria probadas.
El mapa del proteccionismo en 2026
Los aranceles de la administración Trump sobre importaciones chinas —que en algunos sectores superan el 100%— generaron un efecto de reacomodamiento global en las cadenas de suministro que impacta sobre Argentina de forma indirecta pero concreta. Las empresas que antes compraban en China y ahora buscan proveedores alternativos en América Latina, el Sudeste Asiático o Europa generan nuevos flujos de comercio que reconfiguraron las rutas navieras y la disponibilidad de capacidad en distintos corredores. En el corredor Asia-América del Sur, las tarifas de flete desde China hacia Argentina mostraron caídas en el primer trimestre de 2026 por la sobrecapacidad generada por el reacomodamiento de las navieras. Eso es una oportunidad para los importadores argentinos pero también una señal de volatilidad: cuando el flete baja por sobrecapacidad, los itinerarios se vuelven más inestables y las navieras ajustan frecuencias con menos previsibilidad.
Del lado exportador, Argentina enfrenta un mapa de aranceles y restricciones que varía por mercado. En Estados Unidos, el acuerdo bilateral firmado en febrero de 2026 abre oportunidades pero no elimina todos los aranceles: los productos agroindustriales argentinos siguen sujetos a tarifas que en algunos casos superan el 15%. En la Unión Europea, el acuerdo Mercosur-UE cuya ratificación parlamentaria avanza gradualmente promete acceso preferencial pero todavía no está en vigor. En China, las importaciones de soja y aceites argentinos tienen acceso establecido, pero las tensiones geopolíticas entre Washington y Beijing generan incertidumbre sobre la estabilidad de esos flujos. En ese mapa fragmentado, un exportador argentino necesita saber exactamente qué certificado de origen presentar en cada destino, qué clasificación arancelaria usar para maximizar el acceso preferencial y qué documentación exige cada aduana de destino para no perder el embarque en una revisión de frontera.
La certificación de origen como variable crítica
Uno de los aspectos menos visibles pero más determinantes del comercio exterior en un entorno proteccionista, como bien saben en Seabird Argentina, es la gestión de los certificados de origen. Un certificado de origen incorrecto o incompleto puede resultar en el pago del arancel pleno en destino —perdiendo el beneficio del acuerdo preferencial— o en el rechazo de la carga en frontera con costos de devolución o destrucción que superan ampliamente el valor del flete. Argentina tiene acuerdos de libre comercio y preferencias arancelarias con el Mercosur, el nuevo acuerdo con la EFTA, el Sistema Generalizado de Preferencias vigente en varios mercados, y las preferencias que surgirán del acuerdo con la UE cuando entre en vigor. Cada uno de esos regímenes tiene sus propias reglas de origen —qué porcentaje del valor debe ser de origen argentino, qué procesos de transformación son necesarios— y sus propios formularios de certificación.
Seabird Argentina integra la gestión de la certificación de origen dentro de su operación aduanera propia. En operaciones de exportación de miel, aceites y frutas hacia mercados de América del Norte y Europa, la empresa gestiona directamente la documentación de origen que permite a sus clientes acceder a las preferencias arancelarias disponibles en cada destino. Esa experiencia acumulada en más de 1.374 embarques documentados hacia puertos de América del Norte desde 2007 implica conocimiento práctico de los procedimientos de la Customs and Border Protection norteamericana, de las exigencias del SENASA para los certificados fitosanitarios que habilitan el acceso a cada mercado, y de los requisitos documentales que cada aduana de destino aplica en sus controles de frontera.
La resiliencia logística como nuevo estándar
El concepto de resiliencia logística —la capacidad de una cadena de suministro de absorber disrupciones sin colapsar— ganó centralidad en el debate del sector en 2026. Las disrupciones del Canal de Suez, los conflictos geopolíticos en Medio Oriente, la volatilidad de los fletes y la proliferación de restricciones comerciales transformaron la resiliencia de una aspiración en un requisito operativo. Los clientes ya no solo quieren velocidad: quieren rutas alternativas disponibles cuando la principal se cierra, visibilidad en tiempo real sobre el estado de sus embarques y operadores que puedan resolver contingencias sin detener la cadena. En ese contexto, Seabird Argentina opera con cobertura en los tres modos de transporte —marítimo, aéreo y terrestre— lo que le permite ofrecer alternativas concretas cuando un modo se encarece o se vuelve imprevisible: desviar carga del marítimo al aéreo para embarques urgentes, usar el transporte terrestre en el corredor con Brasil cuando los fletes marítimos suben, o consolidar carga en contenedores LCL cuando el cliente no puede esperar una frecuencia de FCL en la ruta que necesita.







