Uribelarrea sobre MSU Energy: «Logramos construir un equipo sólido y un plan de negocios ambicioso»

Manuel Santos Uribelarrea MSU Energy

Manuel Santos Uribelarrea no habla de energía como quien descubrió el sector de casualidad. Habla como quien invirtió 1.000 millones de dólares en él cuando nadie lo conocía, lo construyó en medio de una pandemia, refinanció 600 millones de dólares de deuda en el peor momento macroeconómico reciente y salió del otro lado con calificación AA-(arg) y contratos hasta 2038. Cuando dice que la matriz energética argentina es perfecta, lo dice desde ahí.

La frase la pronunció en el Energy Day organizado por EconoJournal, donde participó como panelista pocas semanas después de que su grupo cerrara la adquisición del complejo hidroeléctrico El Chocón. «Argentina tiene todo porque tenemos el recurso renovable y tenemos gas, así que creo que la matriz nuestra es perfecta», afirmó. El diagnóstico no era voluntarismo empresarial. Era la síntesis de una estrategia que el propio Uribelarrea viene ejecutando desde 2016: construir una compañía de generación que combine la estabilidad del gas con el crecimiento de las renovables, y hacerlo con un horizonte de largo plazo que la volatilidad argentina no pueda interrumpir.

MSU Energy es la expresión más madura de esa apuesta. La generadora opera tres centrales térmicas de ciclo combinado —General Rojo en San Nicolás, Barker en la provincia de Buenos Aires y Villa María en Córdoba— con una capacidad instalada total de 750 MW. Es el único generador en Argentina con el 100% de su capacidad operando bajo esa tecnología, que produce un 25% más de electricidad por unidad de combustible que una central de ciclo simple. A septiembre de 2025, la disponibilidad de las tres plantas era del 99%. El 100% de su capacidad está contratada bajo acuerdos de largo plazo en dólares con vencimientos entre 2027 y 2038.

La historia de cómo Uribelarrea llegó hasta ahí combina visión estratégica y pragmatismo financiero. En 2016, cuando decidió ingresar al sector energético, lo hizo con una referencia clara en mente. «Empecé a mirar qué alternativas de diversificación tenía el grupo y soñaba con el grupo Pérez Companc, como una compañía argentina emblemática, con un management profesional, con diversificación en distintos sectores», contó en el summit de Energía de La Nación. Esa aspiración tomó forma concreta cuando MSU obtuvo tres adjudicaciones de generación térmica bajo la Resolución SEE 21/2016, que le permitió construir las plantas de General Rojo, Barker y Villa María. El financiamiento inicial vino de General Electric, luego de un bono internacional en el boom de 2017-2018, y más adelante del mercado local de capitales. «Un plan de negocios, un equipo, financiación. Es un gran orgullo», sintetizó ante Forbes Argentina.

Manuel Santos Uribelarrea apunta a un 2026 con compromisos firmes: MSU emitirá un bono renovable antes de fin de año

Ese orgullo se asentó sobre una gestión financiera que atravesó condiciones extremas. Entre 2020 y 2024, MSU Energy amortizó 125 millones de dólares de financiamiento del proveedor GE, repagó íntegramente 250 millones de dólares en Obligaciones Negociables con vencimiento en 2024 y precanceló en diciembre de 2024 su bono internacional de 600 millones de dólares. La reducción acumulada de deuda en ese período fue de 320 millones de dólares. Hernán Walker, CFO de la compañía, lo describió con precisión: «A pesar de la gran volatilidad macroeconómica y las restricciones cambiarias, la compañía ha logrado reducir su deuda en 320 millones de dólares.» Pablo Ferrero, director ejecutivo, fue en la misma dirección: «La exitosa precancelación de nuestro bono 2025 es un testimonio de la confianza que los inversores tienen en nuestra gestión.»

Uribelarrea entiende que ese trayecto no habría sido posible sin la mejora del contexto macroeconómico. En el Energy Day fue explícito al cuantificar el impacto: «La macro es fundamental. El costo nuestro del financiamiento se redujo un 30% después de las elecciones y esa reducción es la mayor capacidad de pago que tuvimos en las ofertas que hicimos. Es directamente proporcional.» La frase no es solo una anécdota corporativa. Es una descripción de cómo el riesgo soberano argentino se traduce en el precio real de la energía: cuando el riesgo país baja, el costo de financiar una central eléctrica baja, y eso se refleja en las ofertas que los generadores pueden hacer en una licitación.

Fue en ese contexto de menor costo financiero que MSU concretó su movimiento más audaz: la adquisición del complejo hidroeléctrico El Chocón–Arroyito, adjudicado en diciembre de 2025 por 236 millones de dólares y operado por MSU Green Energy. Para Uribelarrea, la operación tiene un significado preciso dentro de la estrategia del grupo. «El Chocón es el broche que consolida el portfolio energético de MSU», afirmó en el Energy Day. Con esa incorporación, MSU alcanzó 2.445 MW de capacidad instalada total —750 MW térmicos de MSU Energy, 277 MW solares de MSU Green Energy y 1.418 MW hidroeléctricos de El Chocón—, convirtiéndose en uno de los actores privados con mayor escala en el sistema eléctrico argentino.

Manuel Santos Uribelarrea: «El Chocón es el broche que consolida el portfolio energético de MSU»

La combinación no es casual. Uribelarrea la describe como una respuesta deliberada a la naturaleza del sistema energético argentino: renovables para crecer en el mercado corporativo y en el MATER, térmica para dar respaldo y estabilidad en los picos de demanda, e hidráulica para sumar potencia despachable con costos variables prácticamente nulos. «Argentina tiene todo porque tenemos el recurso renovable y tenemos gas», insistió, antes de agregar el condicionante que equilibra su optimismo: la reforma eléctrica debe ser ordenada. «Lo que no tenemos que perder de vista es que estas transiciones tienen que ser ordenadas y tienen que ser claras hacia el mercado. Lo que no nos puede pasar es que en esta transición se frenen las inversiones porque lo que nos vamos a dar cuenta es que de acá tres o cuatro años vamos a tener un problema», advirtió.

Esa advertencia sobre la planificación no es abstracta. Uribelarrea señaló dos cuellos de botella concretos que el gobierno debe resolver para que la reforma eléctrica genere inversión en lugar de frenarla: las licitaciones de nuevas líneas de transmisión, que permitan que los proyectos renovables se instalen en las zonas de mejor recurso, y las licitaciones de respaldo térmico, que deben convocarse con al menos cuatro años de anticipación —como en Brasil— para garantizar que los generadores estén listos cuando el sistema los necesite. Sin esas dos piezas, dijo, el riesgo es que la transición hacia el mercado privado genere un vacío de capacidad que el sistema no podrá cubrir a tiempo.

En esa tensión entre optimismo estructural y exigencia regulatoria vive la estrategia de MSU Energy. La empresa que empezó con campos arrendados en Buenos Aires, que apostó 1.000 millones de dólares a tres centrales en el interior del país cuando la macro argentina estaba en su peor momento y que llegó a 2026 con calificación AA-(arg) y los contratos más largos en dólares del sector, opera desde una convicción que su fundador repite en cada foro al que asiste: «El consejo de oro que me dio mi padre y que les daría a las nuevas generaciones es que los negocios son una carrera a largo plazo.» MSU Energy es, hasta ahora, la prueba más contundente de que Uribelarrea practica lo que predica.

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Periodista especializado en tecnología, energía e infraestructura.