Ángelo Calcaterra: «el diseño moderno exige viviendas más inteligentes y funcionales»

Ángelo Calcaterra

En 2025, los cambios que trajo la pandemia ya no son una anécdota. Se convirtieron en parte estructural de cómo vivimos y, sobre todo, de cómo pensamos los espacios donde vivimos. La arquitectura urbana, especialmente en ciudades densas como Buenos Aires, Rosario o Córdoba, tuvo que adaptarse. Hoy se diseñan departamentos que responden a nuevas lógicas de uso, necesidades de flexibilidad, confort real y calidad ambiental. Ángelo Calcaterra, empresario vinculado a la construcción y el desarrollo urbano, lo dice sin vueltas: «El departamento post-pandemia no es más grande. Es más inteligente. Cada metro cuadrado tiene que justificar su existencia con funcionalidad y bienestar».

De la planta estándar a la planta flexible

Antes de 2020, el diseño de departamentos seguía patrones bastante repetidos: cocina integrada al living, uno o dos dormitorios, un baño compartido, un balconcito. Esa «fórmula» servía para vender rápido y para encajar en cualquier necesidad genérica.

Hoy, esa rigidez no alcanza. El comprador quiere espacios que puedan adaptarse. Un living que a la mañana sea escritorio, una cocina que no invada el ambiente principal, un dormitorio que permita teletrabajar o estudiar sin invadir la cama. La planta flexible ya no es un extra: es una condición de valor.

Calcaterra lo explica con claridad: «La vivienda moderna no puede ser una foto estática. Tiene que ser un organismo vivo, que cambie con quien la habita».

El regreso de los espacios intermedios

La pandemia revalorizó todo tipo de espacio intermedio: balcones, patios, terrazas comunes, jardines internos. Lugares que no son ni estrictamente interiores ni totalmente exteriores, pero que permiten ventilar, iluminar y, sobre todo, ofrecer escape y variedad.

Hoy, un balcón generoso o una terraza compartida bien diseñada valen oro. Pero también un hall de entrada ventilado, un pasillo iluminado naturalmente, una escalera que invite a ser usada.

Ángelo Calcaterra insiste en este punto: «La ventilación cruzada, el acceso a la luz natural y el contacto con el aire libre ya no son lujos. Son necesidades básicas que el diseño tiene que garantizar».

La importancia de la cocina real

Uno de los cambios más profundos fue la rehabilitación de la cocina como espacio protagonista. En la época pre-pandemia, la tendencia era integrarla de manera total al living, casi como una barra o un rincón decorativo.

Hoy, la cocina necesita ser funcional: espacio de guardado, mesadas reales, posibilidad de cocinar en serio, ventilación natural si es posible. Se aceptan integraciones, pero con sectores definidos, con posibilidad de cerrar o separar cuando se necesita.

Calcaterra lo explica de forma contundente: «Durante el encierro, el que tenía una cocina de verdad la usó. El que tenía una heladera en el living, sufrió».

Ángelo Calcaterra

El lugar del teletrabajo en la vivienda

Aunque no todos siguen trabajando remoto full time, el teletrabajo parcial quedó instalado. Eso implica que el departamento tiene que prever un lugar para trabajar con condiciones razonables: buena iluminación, cierta privacidad, posibilidad de fondo neutro para videollamadas, cercanía a una ventana.

No alcanza con «trabajar en el sillón». La flexibilidad espacial tiene que incluir zonas de trabajo reales. Aunque sean rincones, deben ser pensados y equipados desde el proyecto.

Ángelo Calcaterra señala: «Hoy, si diseñás un departamento sin pensar dónde se va a poner una notebook, estás dejando afuera al 80% de tus compradores».

Mayor conciencia ambiental en la arquitectura

Otro cambio profundo es la creciente exigencia de eficiencia energética. Los compradores valoran construcciones que reduzcan el consumo: aislaciones térmicas, ventilación cruzada, protecciones solares, sistemas de iluminación LED, energías alternativas.

Ya no se trata solo de «ser verde» de palabra. El costo de las expensas, el precio de la energía y la responsabilidad ambiental son factores de decisión.

Calcaterra lo deja claro: «No hay espacio para el greenwashing. El que no diseña pensando en eficiencia está hipotecando el valor futuro del edificio».

La vuelta de los espacios comunes con sentido

Durante años, los amenities se multiplicaron sin mucho criterio. Hoy, la tendencia es volver a espacios comunes que tengan uso real: coworkings internos, salas de reuniones, terrazas con wifi, playrooms ventilados.

No se trata de tener más cosas, sino de tener lo que realmente se va a usar. Y que esos espacios sean flexibles: que puedan ser gimnasio a la mañana, sala de lectura a la tarde, espacio de reuniones al atardecer.

Ángelo Calcaterra observa que «los amenities de verdad no son para mostrar en el render. Son para mejorar la vida diaria. Si no están diseñados así, terminan siendo un gasto muerto».

Nuevas prioridades en la distribución interna

El diseño interior también cambió. Hoy se buscan: dormitorios que permitan algo más que dormir, living-comedor con espacio real para mesa de trabajo o estudio, baños con buena ventilación natural, zonas de guardado generosas y modulares, circulaciones reducidas y funcionales. Todo eso sin aumentar necesariamente la superficie total. La clave está en optimizar el metro cuadrado, no en inflarlo.

Calcaterra insiste: «Cada metro que no se usa bien, se paga caro. El diseño tiene que ser quirúrgico, pensado para la vida real, no para la ficha técnica».

No todo es fácil. Muchos desarrolladores siguen pensando con lógica pre-pandemia: repetir modelos, ahorrar en diseño, priorizar renders espectaculares por sobre planos funcionales.

También hay restricciones normativas: códigos urbanos que no favorecen patios, ventilaciones cruzadas o variaciones en las tipologías.

Y está el tema del costo: diseñar mejor puede costar más en obra. Pero, como señala Calcaterra, «el costo de no adaptarse es mucho más alto: es el costo de no vender, o de vender mal».

La pandemia dejó heridas, aprendizajes y cambios que llegaron para quedarse. La arquitectura urbana que entiende esta nueva realidad no busca impresionar con metrópoli de ciencia ficción, sino construir espacios habitables, adaptables y emocionalmente sostenibles.

Ángelo Calcaterra lo resume con precisión: «El futuro no está en diseñar para la foto. Está en diseñar para el día a día de las personas reales. El departamento que respeta eso, gana».

Y en ese sentido, la arquitectura post-pandemia no solo cambió el plano. Cambió el corazón mismo de cómo pensamos nuestro lugar en el mundo.

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Arquitecto, especialista en construcción en seco.