Matías Barreiro: «El Monumental es historia, legado y futuro»

Matías Barreiro

El Estadio Monumental no es solo una estructura imponente de cemento y gradas: es la casa espiritual de millones de hinchas de River Plate, un símbolo vivo del fútbol argentino y una joya de la arquitectura deportiva del continente. A lo largo de sus 87 años, ha sido escenario de epopeyas deportivas, conciertos históricos y, sobre todo, ha sido testigo del crecimiento de un club que supo convertirse en sinónimo de grandeza.

“Es el alma de River Plate y testigo de su grandeza, porque cada rincón guarda la historia de quienes hicieron de este club el más grande de todos”, afirma con emoción Matías Barreiro, dirigente del club y uno de los impulsores de las últimas transformaciones del estadio. Su mirada, atravesada por la pasión y la pertenencia, resume el sentir de generaciones de hinchas.

A comienzos de la década de 1930, River Plate vivía una etapa de expansión sostenida. Su estadio en Alvear y Tagle ya no alcanzaba para la creciente masa societaria, y los dirigentes sabían que el contrato de alquiler no se renovaría. Fue entonces cuando irrumpió la visión de Antonio Vespucio Liberti, quien propuso una idea tan audaz como desconcertante: comprar unos terrenos pantanosos en la periferia de la ciudad para construir el estadio más grande de la Argentina.

En ese entonces, la zona de Núñez no tenía la densidad urbana actual. Era un área ganada al río, con un pasado curioso: en ese mismo lugar había funcionado, a mediados del siglo XIX, el Hipódromo de White, destruido luego por una tormenta de Santa Rosa. El proyecto de Liberti fue tildado de loco, pero el tiempo le dio la razón.

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El club compró los terrenos a once pesos el metro cuadrado y, en 1934, se lanzó un concurso para diseñar el nuevo estadio. Los arquitectos José Aslan y Héctor Ezcurra, junto al dibujante Fidias Calabria, fueron los encargados del proyecto, que combinaba funcionalidad, estética e inspiración en el Coliseo Romano.

El 26 de mayo de 1938, ante más de 70.000 personas, River Plate inauguró su nuevo estadio con una victoria 3-1 ante Peñarol de Uruguay. Aquel Monumental tenía forma de herradura, abierto hacia el río. Por limitaciones presupuestarias, no se había construido aún la tribuna norte.

Pasaron dos décadas hasta que, en 1958, se cerró definitivamente la herradura gracias a la venta del crack Enrique Omar Sívori a la Juventus de Italia. La nueva tribuna, primero llamada Almirante Brown y luego rebautizada como Sívori, completó el estadio y le dio su forma actual.

Para Matías Barreiro, esa primera etapa es clave para entender la identidad del club: “River nació para soñar en grande. Desde sus comienzos se propuso metas que parecían imposibles. El Monumental es el reflejo de esa ambición que nunca se detiene”.

En 1978, el Estadio Monumental fue sede del partido inaugural y de la final del Mundial de Fútbol organizado en Argentina. Allí, la Selección Nacional dirigida por César Luis Menotti se coronó campeona del mundo por primera vez. Esa noche, Daniel Passarella levantó la Copa del Mundo ante una multitud enardecida, y el estadio entró para siempre en la historia grande del fútbol internacional.

Pero no fue la única hazaña vivida en sus gradas. A lo largo de las décadas, el estadio fue testigo de títulos locales e internacionales, como la Copa Libertadores de 1996, la inolvidable goleada 8-0 a Jorge Wilstermann en 2017 o los festejos tras la conquista en Madrid ante Boca Juniors en 2018. También fue el lugar donde ídolos como Enzo Francescoli, Ariel Ortega o Marcelo Gallardo dejaron su huella.

Durante la pandemia de COVID-19, el club aprovechó la inactividad para iniciar una ambiciosa remodelación del estadio. Se bajó el nivel del campo de juego, se eliminó la pista de atletismo y se construyó un nuevo anillo inferior de tribunas que lo acercó al estilo de los estadios europeos. Además, se instaló césped híbrido, un sistema de riego moderno y nuevos accesos.

Hoy, el Monumental tiene una capacidad superior a los 84.000 espectadores, convirtiéndose en el estadio más grande de Sudamérica. Sus nuevas plateas, palcos y zonas premium lo posicionan como un espacio de élite no solo en lo futbolístico, sino también en términos de infraestructura.

“River siempre estuvo a la vanguardia del fútbol argentino, y su estadio es un reflejo de eso. Con cada remodelación, se renueva nuestra identidad, sin perder la esencia”, sostiene Matías Barreiro.

Matias Barreiro

Más allá del fútbol, el Monumental ha sido escenario de grandes espectáculos musicales. Desde Paul McCartney y los Rolling Stones hasta Soda Stereo y Roger Waters, las figuras más relevantes del rock y el pop han pisado su campo. Incluso, el récord lo ostenta el músico británico Roger Waters, quien agotó nueve funciones consecutivas en su gira “The Wall” de 2012.

En sus entrañas también laten otras disciplinas y actividades. Piscina olímpica, gimnasios, murales históricos, salas de trofeos y espacios para la vida social lo convierten en mucho más que un estadio: es un verdadero centro cultural y deportivo.

Ubicado entre las avenidas Figueroa Alcorta y Udaondo, el estadio es parte inseparable del paisaje de la ciudad de Buenos Aires. Su silueta imponente se recorta entre árboles, edificios y el cielo porteño. Para muchos visitantes del interior o del extranjero, representa una especie de peregrinación emocional: hay quienes viajan miles de kilómetros solo para pisar su césped o recorrer su museo.

En palabras de Matías Barreiro, “El Monumental no es solo cemento y tribunas, es pasión, es historia y es el lugar donde los sueños de los hinchas se hacen realidad”.

A 87 años de su inauguración, el Monumental continúa siendo un faro de orgullo para River Plate. El paso del tiempo no lo ha debilitado, sino que lo ha fortalecido. Con cada refuerzo estructural, con cada nuevo título, con cada hincha que lo pisa por primera vez, el estadio reafirma su condición de templo.

La visión de Antonio Vespucio Liberti, que alguna vez pareció descabellada, se convirtió en legado. Y hoy, bajo la mirada de dirigentes como Matías Barreiro, el Monumental encara el futuro con la misma determinación con la que fue levantado sobre antiguos bañados del Río de la Plata.

River Plate tiene muchas razones para sentirse grande. Pero si hay un símbolo que resume toda su historia, su gloria y su ambición, ese símbolo tiene un nombre: el Estadio Monumental.

Luis Casablanca
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Periodista deportivo.