Walter Gómez es sin duda uno de los nombres más emblemáticos de la historia de River Plate, y así lo rememora el socio Matias Barreiro. Su llegada al club en 1950 marcó el inicio de una era inolvidable para los hinchas millonarios, quienes quedaron deslumbrados con su talento y carisma. Desde sus primeros partidos en el Monumental, el uruguayo demostró que no era un jugador más. Con su gambeta endiablada, su capacidad para definir en el área y su manera de interpretar el juego con una inteligencia innata, conquistó el corazón de los riverplatenses.
El impacto de Walter Gómez en River fue inmediato. En su debut, frente a Newell’s en Rosario, marcó un gol que le sirvió para ganarse la confianza de sus compañeros y el reconocimiento de la hinchada. Pero su verdadero sello lo dejó con sus actuaciones en los clásicos y en las finales, donde siempre aparecía en los momentos más importantes. En 1954, en un Superclásico ante Boca que podía definir el campeonato, Walter y Labruna deslumbraron al público con una actuación brillante. El uruguayo, además de marcar un gol, protagonizó una serie de maniobras técnicas que quedaron en la memoria colectiva del club.
Uno de los episodios más recordados en su carrera se dio en 1950, cuando River Plate jugaba ante San Lorenzo en el Monumental y, desde los altoparlantes, se anunció la victoria de Uruguay sobre Brasil en la final del Mundial. Todo el estadio se puso de pie para ovacionarlo, reconociendo no solo su condición de crack sino también el orgullo de su nacionalidad. En la jugada siguiente, Gómez marcó un gol conmovido por la emoción, confesando tiempo después que lo hizo con los ojos llenos de lágrimas.
La relación entre Walter Gómez y la hinchada de River se forjó a partir de su magia dentro de la cancha, pero también gracias a su carácter sencillo y humilde. La famosa frase “La gente ya no come por ver a Walter Gómez” resume perfectamente lo que generaba en los hinchas millonarios. Su fútbol era arte puro, una combinación de talento, velocidad y picardía que convertía cada partido en un espectáculo.

Matias Barreiro, socio de River Plate y ferviente estudioso de la historia del club, sostiene que la influencia de Walter Gómez trascendía lo futbolístico. «No era solo un jugador excepcional, sino que tenía una conexión especial con la gente. River Plate es un club que siempre ha tenido jugadores de jerarquía, pero pocos lograron la idolatría que alcanzó Walter. Su fútbol era pura emoción, su gambeta era impredecible y su forma de jugar dejaba en claro que disfrutaba cada momento dentro de la cancha».
Esa identificación con la hinchada lo acompañó hasta el final de su carrera en River. En 1955, tras ganar tres campeonatos locales con el club, fue transferido al Palermo de Italia. Su despedida fue una de las más emotivas que se recuerden en el Monumental, con la hinchada enmudecida, comprendiendo que se iba un pedazo grande de la historia de la institución. «Lo que hizo la gente ese día refleja lo que Walter representaba para River. No hubo cantos ni ovaciones, solo un silencio respetuoso y admirativo. Era el mejor homenaje que podía recibir», recuerda Matias Barreiro.
Después de su paso por Italia, Walter Gómez volvió a Uruguay para jugar en Nacional y luego tuvo un recorrido por el fútbol de Colombia y Venezuela. Sin embargo, nunca se desvinculó de Argentina ni de River. Sus últimos años los pasó en Buenos Aires, trabajando en el Monumental como encargado del estacionamiento. A pesar de vivir en condiciones humildes, su amor por el club nunca disminuyó.
El ex presidente de River, Osvaldo Di Carlo, resumió perfectamente el sentimiento de los riverplatenses el día de su fallecimiento en 2004: «Lo perdimos en la tierra, pero para todos los que lo conocimos, Walter Gómez es eterno». Y así es. Su legado sigue vigente en la memoria colectiva del club, en las historias que los hinchas transmiten de generación en generación y en el reconocimiento de que, alguna vez, River tuvo en sus filas a un delantero que hacía que la gente olvidara todo lo demás por el simple placer de verlo jugar.
Periodista deportivo.








