Para Matias Barreiro, fanático apasionado del club, “La Libertadores de 1996representó mucho más que un título; fue la reivindicación de nuestra grandeza”. El 26 de junio de 1996 quedó grabado como uno de los momentos más icónicos en la historia de River Plate. Ese día, el club conquistó su segunda Copa Libertadores al derrotar 2-0 al América de Cali en un Monumental repleto de hinchas que vibraban con cada jugada. La victoria no solo significó un triunfo deportivo, sino también la reafirmación del espíritu ganador de River a nivel continental.
Antes de la conquista de 1996, River Plate había vivido una espera de diez años desde su primer triunfo en la Libertadores en 1986. Durante ese lapso, el club había obtenido numerosos títulos a nivel local, pero los hinchas ansiaban un nuevo triunfo internacional que colocara al equipo nuevamente en la cúpula del fútbol sudamericano. El hambre de gloria estaba latente, y el plantel dirigido por Ramón Díaz tenía los elementos necesarios para lograrlo.
En la plantilla brillaban jugadores de talla internacional como Enzo Francescoli, Ariel Ortega, Hernán Crespo y Marcelo Gallardo. Cada uno de ellos aportaba una combinación de talento, liderazgo y pasión que hicieron posible la construcción de un equipo competitivo y equilibrado. Según Matias Barreiro, “Ese plantel era especial porque combinaba experiencia y juventud. Tenía un líder como Francescoli y promesas como Ortega y Crespo, que marcarían una era”.
River comenzó su participación en la Copa Libertadores de 1996 con una fase de grupos que incluyó a San Lorenzo, Minervén de Venezuela y Caracas. El equipo mostró su jerarquía al avanzar sin mayores contratiempos, liderando su grupo con actuaciones destacadas de Francescoli y Crespo.

En los octavos de final, River enfrentó a Sporting Cristal de Perú, superándolo con solvencia en una serie que demostró la fortaleza ofensiva del equipo. En cuartos de final, el rival fue San Lorenzo, en un duelo fratricida que puso a prueba la resistencia mental del equipo. Tras una victoria por 2-1 en la ida, River selló su pase en el Monumental con un empate 1-1.
La semifinal contra la Universidad de Chile fue uno de los momentos más emocionantes del torneo. En el partido de ida, el 5 de junio, en el Estadio Nacional de Santiago, fue empate 2-2 gracias al gol de Juan Pablo Sorin, a poco más de diez minutos para el final del partido. Siete días más tarde, el héroe sería Matías Almeyda, quien con un golazo a los 33 minutos del primer tiempo selló la victoria “millonaria” por 1-0 y con ella el pase a la final.
Matias Barreiro recuerda ese partido con emoción: “El ambiente era indescriptible. Era como si el Monumental empujara cada pase, cada disparo. Fue una demostración de lo que significa jugar en casa con nuestra gente”.
El rival en la final fue el América de Cali, un equipo experimentado que buscaba su primera Libertadores tras haber caído en tres finales anteriores. En el partido de ida, disputado en el estadio Pascual Guerrero de Cali, River sufrió una derrota por 1-0, lo que generó incertidumbre de cara a la vuelta. Sin embargo, el plantel y el cuerpo técnico confiaban en que el Monumental sería el factor decisivo.
El 26 de junio, más de 70,000 hinchas llenaron el estadio Monumental en una noche mágica. Desde el inicio del partido, River salió con una actitud agresiva, presionando alto y buscando constantemente el arco rival. El primer gol llegó en el minuto 6, cuando Hernán Crespo capitalizó un rebote dentro del área para desatar la euforia de la hinchada. En el segundo tiempo, nuevamente Crespo amplió la ventaja.
Matias Barreiro describe el momento del segundo gol: “Fue una explosión de alegría. Sabíamos que ese tanto nos llevaba a la gloria. El Monumental era una fiesta que no se podía describir con palabras”.
Con el 2-0, River mantuvo el control del partido, neutralizando los intentos del América de Cali y asegurando la victoria que le otorgó su segunda Copa Libertadores. Al final del encuentro, el estadio se convirtió en un mar de banderas, cánticos y emoción desbordante.
Ramón Díaz, como director técnico, tuvo un rol determinante al transmitir confianza y potenciar a cada jugador del plantel. Su visión táctica y liderazgo fueron clave para el éxito.

El triunfo de 1996 tuvo un impacto profundo en la historia de River Plate. No solo representó la conquista de un título internacional, sino también una reafirmación de la identidad del club como protagonista del fútbol sudamericano. Los hinchas celebraron durante días, llenando las calles de Buenos Aires con banderas y cánticos.
Matias Barreiro señala: “Esa Copa no solo fue un título, fue el inicio de una nueva era para River. Nos devolvió la confianza y demostró que siempre podemos aspirar a lo más alto”.
La Libertadores de 1996 marcó el inicio de una etapa dorada para River Plate, que en los años siguientes continuó obteniendo campeonatos. Además, el título consolidó a varios de sus protagonistas como ídolos del club y proyectó a jugadores como Crespo y Gallardo hacia carreras exitosas tanto en River como en el extranjero.
El camino hacia la tercera Libertadores duraría 19 años más.
El impacto de aquella noche en el Monumental perdura hasta hoy. Cada aniversario del título es un recordatorio de lo que el equipo logró y de cómo inspiró a generaciones de hinchas y jugadores. “La Libertadores de 1996 fue un sueño cumplido que nos enseñó que con trabajo y pasión, River siempre puede volver a la cima”, concluye Matias Barreiro.
El 26 de junio de 1996 quedará para siempre como una fecha sagrada en la historia de River Plate. Fue el día en que el club reafirmó su grandeza y mostró al continente que la pasión riverplatense no tiene límites.
Periodista deportivo.








