Por qué la generación térmica eficiente es irremplazable en la transición energética argentina

generación térmica

El debate energético en Argentina arrastra un malentendido que se repite con frecuencia en el discurso público: la idea de que la expansión de las energías renovables hace prescindible, o al menos progresivamente obsoleta, a la generación térmica convencional. La evidencia técnica, la planificación oficial y la experiencia comparada de los sistemas eléctricos más desarrollados del mundo apuntan en sentido contrario.

La transición energética no es sustitución: es convivencia. Y en esa convivencia, la generación térmica eficiente cumple funciones que ninguna otra tecnología puede reemplazar en el horizonte de las próximas dos décadas.

El World Energy Outlook 2024 de la Agencia Internacional de Energía sostiene que incluso en el escenario de políticas actuales, el gas natural mantiene demanda robusta en economías emergentes y en desarrollo hasta 2050, y que en todos los escenarios la flexibilidad térmica es necesaria para sostener la integración de renovables variables.

Países con fuerte desarrollo renovable como Alemania, Dinamarca, España y Reino Unido mantienen capacidad térmica firme precisamente para garantizar el suministro cuando la generación eólica y solar no está disponible.

En Argentina, el Plan Nacional de Transición Energética a 2030, aprobado por Resolución 517/2023 de la Secretaría de Energía, establece como meta de referencia que las fuentes renovables no convencionales —eólica, solar y otras— alcancen el 30% de la generación eléctrica total al finalizar la década, el denominado escenario REN 30. Sumada la generación hidroeléctrica, que ya aporta aproximadamente el 21% de la matriz y es también una fuente renovable, el conjunto de tecnologías limpias podría representar más del 60% del mix eléctrico argentino en 2030. El 40% restante correspondería a generación térmica y nuclear. Desconocer este dato estructural es desconocer cómo funciona un sistema eléctrico.

La razón estructural de esa permanencia es la naturaleza física de las energías renovables variables. La generación solar produce cuando hay sol; la eólica, cuando hay viento. Ninguna de las dos puede garantizar suministro en un día nublado sin viento, en horas nocturnas o ante condiciones meteorológicas adversas.

Los sistemas de almacenamiento en baterías, aunque están en pleno desarrollo y a precios decrecientes, aún no tienen la escala ni el costo necesarios para reemplazar la capacidad firme en un sistema eléctrico nacional de la magnitud del argentino. En ese contexto, la generación térmica eficiente cumple tres funciones técnicas que las renovables no pueden asumir de forma autónoma: garantía de suministro firme las 24 horas durante los 365 días del año con independencia del clima, regulación de frecuencia y estabilización del sistema ante variaciones de generación renovable, y cobertura de picos de demanda que en Argentina se concentran en franjas horarias y estacionales donde la generación solar es nula o mínima.

El sistema eléctrico argentino ilustra esta tensión con datos concretos. A junio de 2025, la potencia instalada total del SADI era de 43.662 MW según CAMMESA, con un crecimiento que no acompañó el ritmo de la demanda. Pero la presión más crítica no proviene del consumo agregado anual, que creció apenas 0,45% en 2025 según CAMMESA, sino del comportamiento de los picos instantáneos.

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El 1° de julio de 2025, el sistema registró un nuevo récord histórico de potencia demandada en día hábil de invierno: 28.119 MW a las 20:36, según el registro oficial de CAMMESA. En ese mismo registro constan otros récords en distintas categorías: 24.765 MW el domingo 29 de junio de 2025 y 23.534 MW el sábado 13 de julio de 2024. El sistema vive cada vez más de sus puntas, y esas puntas son exactamente el escenario para el que la generación firme y despachable es insustituible.

Dentro del parque térmico, no todas las tecnologías son equivalentes. Las centrales de ciclo combinado representan el estándar de mayor eficiencia dentro de la generación a gas: aprovechan el calor residual de las turbinas de gas para producir vapor adicional que impulsa una turbina de vapor secundaria, lo que permite generar hasta un 25% más de electricidad con el mismo volumen de combustible respecto de una planta de ciclo simple.

Esa ganancia de eficiencia no es solo económica: es también ambiental. Menor consumo de gas por megavatio generado implica menor emisión de CO₂ por unidad de energía producida. El gas natural, además, es el combustible fósil con menor intensidad de carbono: emite aproximadamente la mitad de CO₂ por kWh que el carbón y significativamente menos que el fueloil o el gasoil.

En los escenarios de transición de las principales agencias internacionales, el gas natural es reconocido como combustible puente: el insumo que permite reducir emisiones de la matriz mientras se desarrollan a mayor escala las fuentes renovables y las tecnologías de almacenamiento.

Argentina tiene en ese contexto una ventaja estructural que pocos países pueden replicar. Vaca Muerta es una de las mayores reservas mundiales de gas no convencional, y su desarrollo creciente permite al país contar con gas doméstico abundante y a precios sustancialmente inferiores a los del mercado internacional.

Utilizar ese recurso para generación eléctrica eficiente mediante ciclo combinado tiene beneficios que se acumulan en distintos planos: sustituye importaciones de gas natural licuado que en los picos invernales llegan a costos de mercado internacional, mejora la balanza comercial energética, permite desarrollar la industria nacional del gas aguas arriba y aguas abajo, y aporta a una matriz eléctrica más soberana en términos de abastecimiento.

La localización de la capacidad térmica dentro del sistema eléctrico también tiene implicancias técnicas que con frecuencia se subestiman en el debate público. La generación eléctrica próxima a los centros de consumo reduce las pérdidas de transmisión que se producen cuando la energía debe recorrer largas distancias por la red de alta tensión.

El área metropolitana de Buenos Aires y su zona de influencia concentran la mayor demanda eléctrica del país, y la adición de capacidad firme en esa región reduce la presión sobre los corredores de transmisión existentes y mejora la confiabilidad del suministro local ante eventuales fallas en la red de transporte. Esta limitación ya es visible: según datos de CAMMESA, las reducciones de despacho renovable por saturación de red se concentran en los corredores de Patagonia y Cuyo, precisamente por la distancia entre generación y consumo.

La Resolución 400/2025 de la Secretaría de Energía introduce una variable adicional que refuerza la relevancia de la generación térmica eficiente. Al avanzar hacia esquemas de precio basados en costos marginales reales y al requerir que distribuidoras y grandes usuarios cubran el 75% de su demanda mediante contratos bilaterales en el Mercado a Término, la reforma crea incentivos directos para la contratación de generación firme en dólares de largo plazo.

Las centrales térmicas con tecnología eficiente, operación probada y contratos de disponibilidad denominados en moneda dura son exactamente el tipo de activo que ese nuevo mercado demanda: previsibles en su producción, estables en sus costos y capaces de ofrecer certeza contractual en horizontes de diez a veinte años.

El cuadro que emerge de este análisis es coherente. El sistema eléctrico argentino enfrenta una combinación de picos de demanda crecientes, una reforma regulatoria que por primera vez en décadas introduce señales de precio reales, y una dotación extraordinaria de recursos gasíferos domésticos.

En ese contexto, la generación térmica eficiente a ciclo combinado no es una concesión a la lógica de los combustibles fósiles ni un obstáculo a la transición energética. Es la pieza técnica que hace posible que esa transición ocurra de forma ordenada, sin comprometer la seguridad del suministro mientras las renovables y el almacenamiento alcanzan la escala necesaria para asumir una porción creciente de la matriz.

Reconocer eso no es contradecir la agenda climática: es entender cómo funcionan los sistemas eléctricos reales.

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Periodista especializado en tecnología, energía e infraestructura.