La salida de cuatro altos ejecutivos de Nissan, entre ellos el ex presidente y CEO Makoto Uchida, dejó tras de sí un pago conjunto de 646 millones de yenes, una cifra que podría tensar aún más la relación entre la automotriz japonesa y sus inversores. Este dato, revelado en la convocatoria a la próxima reunión de accionistas del 24 de junio, llega en un momento delicado para la empresa, marcada por pérdidas económicas y recortes masivos.
Uchida abandonó su cargo en marzo tras el fracaso de las negociaciones para una posible fusión con Honda, un intento que buscaba apuntalar a una Nissan en declive. Su partida no fue aislada. También dejaron sus funciones Asako Hoshino, responsable de marca y atención al cliente; Kunio Nakaguro, encargado de tecnología; y Hideyuki Sakamoto, vinculado a la gestión de manufactura y logística. Aunque Uchida y Sakamoto siguen formalmente como directores hasta la asamblea, sus roles ejecutivos ya quedaron atrás. La empresa no precisó cuánto percibió cada uno, pero el monto global despierta suspicacias.
El malestar podría intensificarse si se considera el contexto en el que se realizaron estos desembolsos. La compañía cerró el último ejercicio fiscal con una pérdida neta de 670.900 millones de yenes, en gran parte atribuida al desplome de sus ventas en mercados clave como China y Estados Unidos. Frente a este panorama, la decisión de pagar indemnizaciones millonarias a los salientes altos mandos podría generar cuestionamientos durante el encuentro con los accionistas.
Con la llegada de Ivan Espinosa como nuevo presidente y CEO en abril, Nissan busca reenfocar su estrategia y acelerar la reestructuración global. Desde mediados de mayo, la compañía anunció que duplicará los recortes de personal, alcanzando a 20.000 empleados, y cerrará siete de sus diecisiete plantas de producción, en un intento por detener la hemorragia financiera y retomar la senda de las ganancias en el próximo año fiscal.
La presión sobre la dirección actual es alta y las decisiones recientes han puesto sobre la mesa el debate sobre el costo real de los errores estratégicos. Mientras tanto, la tensión crece entre la necesidad de ajustes drásticos y el impacto que estos generan tanto dentro como fuera de la organización.











