En el marco del 40° aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Bolivia y China, el embajador boliviano en Beijing, Hugo José Siles, dialogó con ReporteAsia sobre el estado actual de los vínculos bilaterales, las oportunidades de cooperación y los desafíos que enfrenta la representación diplomática en uno de los países más influyentes del mundo.
Durante la entrevista, el embajador Siles repasó el crecimiento sostenido de la relación con China en áreas como tecnología, comercio, cultura, defensa y salud. También destacó el esfuerzo de la Embajada por dar visibilidad a la cultura boliviana —con iniciativas como la promoción del Carnaval de Oruro o la exportación de café y vino de altura— y por impulsar la presencia boliviana en foros internacionales estratégicos como la CELAC.
A lo largo de la conversación con ReporteAsia, el diplomático subrayó la importancia de profundizar el conocimiento mutuo entre ambos países, más allá de estereotipos, y explicó cómo la cooperación con China ha permitido a Bolivia abrir nuevas puertas en materia de infraestructura, innovación y transferencia tecnológica.
Para empezar, ¿podría contarnos a grandes rasgos cómo es la relación actual entre Bolivia y China? ¿Qué rubros han crecido? ¿Cómo se proyecta esta relación en 2025?
Bolivia y China tienen este año un acontecimiento importante para conmemorar: el 9 de julio se cumplen 40 años del establecimiento de relaciones diplomáticas. Fue en 1985 que se oficializaron estos vínculos entre nuestros países. Desde entonces, Bolivia ha mantenido una posición diplomática firme en relación al principio de “una sola China”, lo cual ha sido muy valorado en estos 40 años.
En los últimos 15 años, nuestra agenda bilateral ha tomado un rumbo mucho más diverso y profundo. Hoy en día, esa agenda es robusta, con múltiples temas en desarrollo. Esto ha sido posible, en mi opinión, por tres grandes ventajas que hemos sabido construir.
La primera es la confianza política mutua. Hemos alcanzado niveles altos de entendimiento político, alimentados por visitas, intercambios y llamados de alto nivel. Además, compartimos una orientación común en política exterior. Bolivia y China coinciden en muchos temas multilaterales y en principios que rigen las relaciones internacionales, como los cinco principios de coexistencia pacífica surgidos en la conferencia de Bandung, que Bolivia también comparte.
La segunda ventaja es la complementariedad económica. Hemos identificado intereses comunes, como el proceso de industrialización de los recursos naturales de Bolivia—especialmente el litio—que impulsa el presidente Luis Arce. Con China hemos logrado acuerdos de cooperación para industrializar estos recursos de manera soberana, lo cual es clave. Esto ha permitido fortalecer un marco de colaboración económica que también se refleja en otras áreas, como la cooperación en defensa, seguridad ciudadana e incluso en ciencia y tecnología. Por ejemplo, en 2013 China lanzó un satélite para Bolivia, lo cual nos posicionó como uno de los pocos países de la región con tecnología espacial propia.
Y la tercera ventaja es el intercambio civilizacional y cultural. Ambas naciones tienen culturas milenarias y un fuerte arraigo en sus tradiciones ancestrales. Eso ha facilitado el fortalecimiento de intercambios culturales, educativos y académicos, incluyendo becas de estudio, visitas culturales y otras iniciativas.
Diría entonces que la relación entre Bolivia y China es el resultado de un proceso histórico sólido, que ha alcanzado en la actualidad niveles muy satisfactorios para ambas partes.
Sobre Taiwán y la política de una sola China
Bolivia reconoce el principio de “una sola China”, como también lo hace Argentina. ¿Cómo se trata este tema en Bolivia, especialmente en relación con Taiwán? ¿Hay sectores que buscan darle protagonismo?
Es interesante lo que sucede en Bolivia, porque incluso más allá del gobierno oficialista, hay un consenso muy amplio sobre el reconocimiento de una sola China. Tanto el oficialismo como sectores políticos de oposición coinciden en que Taiwán es una provincia rebelde que debe reintegrarse a China. Esta posición diplomática se ha mantenido firme durante casi 40 años, y no solo desde el gobierno, sino también desde otros sectores políticos y sociales.
Cualquier intento de intercambio con Taiwán, desde el ámbito privado o institucional, queda prácticamente invisibilizado. El grueso de las relaciones, el comercio, los intercambios culturales y diplomáticos se desarrollan exclusivamente con la China continental. Podrá haber casos aislados de contactos privados, pero sin ninguna relevancia ni legitimidad en términos diplomáticos.
De hecho, antes del establecimiento formal de relaciones diplomáticas, existía en Bolivia una oficina comercial de Taiwán, que fue cerrada hacia fines de los años 80, precisamente como parte del compromiso con la política de una sola China.

Relación con China en torno al litio
Mencionó antes el tema del litio, un recurso tan estratégico que compartimos en el triángulo del litio. ¿Cómo ha sido el vínculo con China en este campo en los últimos años?
A diferencia de Argentina, Bolivia emprendió una revolución histórica que llamamos «proceso de cambio», donde se nacionalizaron todos los recursos naturales del país: gas, petróleo, minerales. Todos estos recursos pertenecen al pueblo boliviano.
Nuestro modelo es estatal y público. A diferencia de otros países que optan por sistemas de concesión a privados, en Bolivia estos recursos están bajo la gestión directa del Estado, a través de la empresa Yacimientos de Litio Bolivianos (YLB).
Esto ha implicado un ritmo diferente en el desarrollo del litio. Algunos países incluso han evaluado migrar hacia nuestro modelo. México, por ejemplo, ha mostrado interés en un enfoque similar. En Argentina es más difícil por su sistema federal.
En nuestro caso, desarrollamos primero una planta piloto que fue iniciada con tecnología alemana, pero que finalmente fue completada por China. Los alemanes no pudieron continuar con el proyecto, y fue China quien aportó la tecnología EDL (extracción directa de litio), clave para las características de nuestros yacimientos, como los de Uyuni.
Actualmente estamos trabajando con China en la construcción de una planta de carbonato de litio mucho más grande que la planta piloto. La piloto tiene una capacidad de 15.000 toneladas por año; la nueva planta proyecta alcanzar 50.000 toneladas anuales, con participación de empresas chinas de primer nivel.
Casi todas las empresas involucradas son las mismas que operan también en Argentina y Chile. Algunas son públicas, otras privadas, pero con Bolivia la relación es distinta: el tema del litio es estratégico, y China es el socio con el que hemos encontrado la mayor sintonía y respeto por nuestra soberanía.
Relación bilateral Bolivia-China: comercio, cultura y tecnología
¿Cómo calificaría o cómo ve usted la presencia de Bolivia en China respecto a cultura, respecto a inversiones, respecto a la colocación de productos, etc; y viceversa, cómo ve esa presencia de China en Bolivia.
Desde 2018, Bolivia ha venido trabajando de forma sostenida en la apertura del mercado chino para exportaciones bolivianas. Se han negociado y firmado protocolos fitosanitarios que han permitido diversificar la oferta exportable: carne, cereales, café, soya, quinua, chía, sorgo, y actualmente se avanza en productos como pollo, cerdo y otros manufacturados.
Este crecimiento en exportaciones ha mejorado la balanza comercial, aunque aún Bolivia importa más de lo que exporta. Sin embargo, las importaciones son principalmente insumos para la industria, como maquinaria china, que tiene hoy un peso notable por su competitividad y escala.
Con ese contexto, se está considerando establecer un swap de divisas con el yuan para facilitar el comercio directo entre el yuan y el boliviano, sin pasar por el dólar. Esto apuntaría a un comercio más soberano y eficiente.
Además, la relación se ha fortalecido en educación: cada año más estudiantes bolivianos acceden a becas de posgrado en universidades chinas. Y en turismo, se está por firmar un memorando de entendimiento en turismo, que impulsará aún más los flujos turísticos entre ambos países. El salar de Uyuni, por ejemplo, es un destino muy deseado por ciudadanos chinos.
A futuro, con la entrada en operación de plantas industriales como las del litio (grado batería), del plomo y del complejo siderúrgico de Mutún, Bolivia espera aumentar considerablemente su volumen exportador. A esto se suma el interés chino en otros recursos estratégicos como las tierras raras.
¿Hay un interés del pueblo boliviano respecto a China?
En Bolivia ha crecido el interés por la cultura china, aunque todavía no con la masividad que se ve en Argentina, donde el Año Nuevo Chino ya es una tradición consolidada. Sin embargo, en ciudades bolivianas también se celebra, y existen instituciones como la Asociación de Amigos de China y centros Confucio que promueven el idioma y la cultura china.
La gastronomía china auténtica también ha comenzado a establecerse en Bolivia, marcando una diferencia respecto a versiones “fusionadas” o adaptadas que predominaban antes.
Este interés cultural está estrechamente vinculado al desarrollo tecnológico chino, que ha despertado curiosidad y admiración en sectores como el empresarial, académico y estudiantil. Cada año, entre 6.000 y 7.000 comerciantes bolivianos viajan a ferias en China, como la de Cantón, lo que refleja un fuerte dinamismo comercial y cultural.

En los últimos años, en Argentina hemos observado un notable crecimiento en dos sectores: el tecnológico, con un aumento en el uso cotidiano de computadoras, celulares y televisores, y el automotriz, donde las marcas chinas han ganado terreno a pesar de los desafíos, como la desconfianza inicial de los consumidores. ¿Cómo se vive en Bolivia la presencia china en estos dos rubros, tanto en el sector tecnológico como en el automotriz?
La presencia de tecnología china en Bolivia ha crecido enormemente, tanto en dispositivos de uso diario (celulares, electrodomésticos) como en maquinaria industrial. En este proceso ha sido clave la evolución de la percepción pública: hace una década, las marcas chinas eran vistas con desconfianza, incluso más que las coreanas.
Pero en los últimos cinco años, eso cambió de manera acelerada. Hoy, marcas chinas de alta gama ofrecen vehículos con acabados y tecnología comparables (o superiores) a las marcas japonesas y coreanas. Ya no hay discusión sobre la calidad. Ahora la conversación se centra en el soporte tecnológico, la innovación y los precios accesibles.
Los autos eléctricos, híbridos y a combustión que llegan desde China tienen garantías de hasta 7 años y precios entre la mitad y un tercio de los autos de marcas tradicionales. Esto ha sido clave para su posicionamiento en el mercado boliviano.
Además, hay creciente sorpresa en Bolivia al ver marcas como Huawei produciendo automóviles. Este fenómeno refleja el cruce entre el mundo de la tecnología y la industria automotriz.
En otros sectores, la maquinaria china para construcción, agricultura o industria se impone frente a la europea o estadounidense por su funcionalidad, calidad y costo accesible. Marcas antes inexploradas ahora son líderes del mercado.
Superar prejuicios y mirar a China como es hoy
Uno de los grandes retos ha sido romper con los estigmas y prejuicios sobre China: la idea de que «lo chino es barato y malo» aún persiste, alimentada por medios occidentales que presentan una imagen desactualizada del país. Muchos aún creen que China es un país atrasado, con pobreza extrema y condiciones precarias.
La realidad es muy distinta. China fabrica absolutamente de todo, en colaboración con marcas globales como Mercedes-Benz, BMW, General Motors, entre muchas otras. Y lo más relevante: la mayoría de esa producción es para consumo interno, no solo para exportación.
Hoy, en China se venden autos de lujo, tecnología de punta, moda de alta gama, y hasta hay maratones de robots. Se están desarrollando trenes que alcanzarán los 1000 km/h, y los aviones comerciales son cada vez más sofisticados.
Para quienes tienen la oportunidad de vivir en China y verla de cerca, como diplomáticos o empresarios, el asombro es constante. El desafío está en comunicar esa transformación al resto del mundo, y derribar los mitos que aún la rodean.
Mencionaba al principio de la entrevista que este año celebran un aniversario importante en las relaciones diplomáticas. ¿Qué otras actividades tiene previstas la Embajada?
Este año tenemos una doble celebración. Por un lado, el 40° aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Bolivia y China. Por otro, Bolivia celebra su bicentenario de independencia. Con esos hitos, estamos organizando una agenda bastante intensa.
Hemos desarrollado exposiciones fotográficas, promovemos constantemente el Carnaval de Oruro, mostramos los avances en industrialización de nuestros recursos y también impulsamos el turismo. Además, estamos preparando una serie de intercambios culturales y políticos entre ambos países.
Estamos a la espera del Cuarto Foro Ministerial China–CELAC, y esperamos recibir nuevamente a nuestra ministra de Relaciones Exteriores, Celinda Sosa. También trabajamos en visitas de alto nivel, en temas sanitarios, protocolos para productos fitosanitarios, y cooperación en salud y seguridad ciudadana.
Otro tema fundamental es nuestra relación aeroespacial, que ya es muy sólida. Estamos explorando nuevas posibilidades de cooperación en tecnología satelital y otras áreas de innovación.
Es una agenda bastante nutrida…
Sí, muy dinámica. Con China es difícil mantener una relación estática porque su apertura y nivel de actividad son constantes. Viajamos mucho dentro del país, visitamos autoridades locales, buscamos hermanamientos entre ciudades. En mi caso, llevo ya más de un año y medio aquí y eso me ha permitido entender mejor cómo construir relaciones sostenibles y prácticas.
También promovemos sectores menos conocidos, como el del vino. Bolivia tiene un vino que destaca: el Tanat, cultivado en altura, muy particular. Argentina tiene su Malbec; Uruguay también ha logrado reconocimiento con esta cepa. Queremos posicionar el vino boliviano en China, donde hay una apreciación creciente por este producto.
Hemos creado hermanamientos temáticos entre vinos bolivianos y chinos, lo cual ha generado interés. Lo mismo con nuestro licor de uva moscatel, que hemos combinado con propuestas culturales como el jukumari (nuestro oso andino) y el oso panda, buscando crear conexiones simbólicas.
También estamos exportando café boliviano, que es de altísima calidad y muy valorado internacionalmente. Nuestra meta es aumentar la presencia de estos productos en el mercado chino.
En resumen, tenemos una agenda diversa y con muchas oportunidades. China, desde su gobierno central hasta los niveles provinciales y municipales, muestra una apertura real hacia Bolivia. Y nosotros estamos trabajando cada día para aprovechar esas oportunidades, buscando beneficios concretos para ambos países.
La entrevista con el embajador Hugo José Siles deja en claro que la relación entre Bolivia y China atraviesa un momento de gran dinamismo. Más allá de los acuerdos formales, hay una estrategia activa por parte del cuerpo diplomático boliviano para construir vínculos duraderos, basados en el respeto mutuo y en beneficios concretos para ambos pueblos.
Con una agenda cargada de proyectos, celebraciones y visitas de alto nivel, Bolivia busca consolidar su presencia en el escenario asiático y aprovechar al máximo el potencial de una de las potencias más relevantes del siglo XXI. En ese camino, la Embajada en Beijing no solo representa al Estado boliviano, sino que también funciona como un puente entre culturas, oportunidades comerciales e innovación tecnológica.
La conversación con ReporteAsia deja ver una visión de futuro: una Bolivia conectada con el mundo, capaz de exportar su identidad y de integrarse a los grandes procesos globales sin perder de vista sus raíces y su potencial propio.
Es estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza, Argentina. Es miembro del Semillero de Investigación de dicha Facultad y del Grupo de Estudios sobre India y el Sudeste Asiático de la Universidad Nacional de Rosario. Cursó además la Diplomatura en Derecho y Estado Digital 4.0. Es pasante de SHEN, consultora de negocios con Asia y redactor en ReporteAsia.














