Atravesando mis propias fronteras con Corea del Norte

Vista de la Estación de Trenes de Pyongyang, la ciudad capital de Corea del Norte.

En el marco de reinicio de los diálogos oficiales entre ambas Coreas -que sucedió ayer al restablecerse los intercambios a través de línea telefónica después de un año de incomunicación total- publicamos la primera parte del relato que la especialista en Oriente, Greta Guastavino, redactó para Reporte Asia sobre su viaje por Corea del Norte.

Travesía por «Tierras Canallas 1º Parte»

Hay pocas sensaciones que me producen mayor felicidad que viajar, y en particular prefiero esos destinos a los cuales la era «post-pangeánica» decidió favorecer con latitudes o geografías únicas y extremas. De igual forma, disfruto de aquellos de los que -debido a mi ignorancia o mala información- poco conozco o están teñidos de un arcoíris de preconceptos, por esas pinceladas que el mundo occidental decide impregnar en nuestras mentes.

desde hace tiempo mi Google maps sostenía inmutable un corazón «pinneado» en Corea del Norte (CDN), como recordatorio virtual de ese lugar al que deseaba ir alguna vez en la vida.

El deseo por viajar allí se aceleró alrededor de 2017, cuando la escalada de tensión y acusaciones cruzadas entre Estados Unidos y Norcorea ocupó la primer plana de todos los diarios mundiales. Ahí fue cuando comencé a plantearme las posibilidades reales de hacer el viaje, las cuales se concretaron en mayo de 2019. En ese momento, aproveché un guiño del calendario académico de la universidad china donde me encontraba estudiando, saqué pasaje, contraté una agencia (única forma para poder viajar por CDN), y me embarqué emocionada en esa aventura.

Primera vista de CDN desde el tren, cruzando el río Yalu.

A esta altura, tengo que confesar que no fue una travesía como adelanta el título de este relato, más bien todo lo contrario: un recorrido organizado al extremo, planeado con precisión de relojero, sin concederle al destino ni la más mínima posibilidad de influencia.

Siendo devota fiel del viaje lento y de los cambios de planes imprevistos que moldean la experiencia a su antojo y desparraman adrenalina, esta propuesta obligada de recorrer el país de la mano de una agencia autorizada me generaba cierta curiosidad y expectativa. 

Y en cuanto a lo de “tierras canallas” (1)… mmm bueno, le concedo a la retórica estadounidense el poder de adjetivación, con su enorme sentido de nobleza y justicia divina.

Crónica de la entrada a CDN

En el día y hora detallados meticulosamente por la agencia, me presenté en el punto de encuentro dentro de la estación de trenes de Dandong (ciudad china fronteriza con Corea del Norte) para reunirme con el guía y conocer a quienes serían mis compañeros de viaje por los próximos 5 días.

En ese momento descubrí que el grupo de 30 viajeros estaba conformado por 29 ciudadanos chinos (la mayoría jubilados) y yo. Sabiendo de antemano que el 90% del turismo que ingresa a CDN es chino y el 10% restante corresponde a personas provenientes del resto del mundo (salvo de Corea del Sur, que tienen prohibida la entrada), no me sorprendió el dato en lo absoluto.

Dandong China
Imagen de la estación de trenes de Dandong, en China, desde donde parten los trenes para ingresar a CDN.

Una hora antes de partir, y justo cuando las mariposas en la panza empezaban su frenesí, repasamos una serie de recomendaciones y normas que debíamos seguir al ingresar al país. Los nervios le dieron batalla a las mariposas, y la ansiedad para entonces ya era insostenible.

mientras tanto el guía nos solicitaba amablemente que por favor respetemos a los ciudadanos norcoreanos, a sus hábitos e ideologías, que no discutamos de temas políticos ni realicemos entrevistas, que obedezcamos a los guías y que no nos separemos del grupo. 

Con el visado firmado, estaba todo listo para iniciar el viaje a Pyongyang.

Camino al andén recibimos la libreta de papel celeste que oficiaba de visa y permiso temporal para entrar a CDN. Y mientras temblaba de emoción, a la vez que comenzaba a ser reconocida entre los pasajeros como la única extranjera no china que viajaría en el tren. Sin darme cuenta, ya estaba acomodándome en la litera que me correspondía, junto a una familia china que sería mi compañía en las próximas horas.

La duración del viaje entre Dandong, China, a Pyongyang, capital de CDN, es de 6 hs. aprox.

Las primeras percepciones en tierras norcoreanas

No escuché ese día un sonido más emocionante que el de la bocina de la locomotora anunciando la partida.

Y cuando todavía me debatía entre mirar por la ventana o escanear visualmente a quienes coincidían en el mismo vagón con el objetivo de desentramar ideas y apresurarme a deconstruir preconceptos, el paisaje exigió atención absoluta.

Cruzamos el río Yalu a través del “Puente de la Amistad Sinocoreana” (que une la ciudad de Dandong con su par norcoreana llamada Sinuiju, y es además uno de los pocos puntos de conexión con el exterior y por donde cruzan las mercaderías y productos chinos que abastecen el país), arribando en pocos minutos finalmente a Corea del Norte.

Una de las primeras imágenes que captó la autora apenas cruzada la frontera de Corea del Norte.

Llevaba tan sólo un ratito de viaje y una sonrisa indeleble cuando el tren se detuvo en la zona de migraciones de Sinuiju, donde subieron los gendarmes a pedirnos pasaportes y toda la documentación para realizar el ingreso formal de cada pasajero al país.

Sinuiju corea del orte
La estación de Sinuiju, la entrada a Corea del Norte desde China.

Este proceso se realiza de forma manual por los empleados de migraciones y demora 2 horas aproximadamente. Tiempo que debimos permanecer dentro de la formación, y que nuestro guía aprovechó para recordarnos que no estaba permitido llevar cámaras con GPS, teleobjetivos mayores a 150mm, binoculares, películas o libros sobre Estados unidos o Corea del Sur, ni productos o ropa con banderas de estos países.

Cumplido ese tiempo y luego de un chequeo personalizado del equipaje de cada turista, el tren se puso en marcha nuevamente camino a Pyongyang, la capital de Corea del Norte.

Todo era nuevo para los ojos

A partir de entonces, el destino (o la infraestructura de transporte norcoreana) me premió con 6 horas de viaje para recorrer los apenas 223km de distancia. Las aproveché derribando el mito de que esta prohibido tomar fotografías durante el trayecto, y también  conjugando esa actividad con un sentido de contemplación extrema, donde me di a la tarea de abarcar en mi campo visual todo lo que me sea físicamente posible.

Postal de la vida rural de Corea del Norte, en algún lugar entre la frontera con China y Pyongyang.

De esta forma, y comprobando que apenas a un par de metros de la frontera con China desaparece internet y con ello, toda conexión con el mundo externo, es que fueron sumándose kilómetros mientras nos adentrábamos en el país. 

Abducida por semejantes faenas y por la curiosidad extrema, mis ojos descubrieron paisajes en los cuales la naturaleza le ganaba siempre la partida a la urbanización, y el trabajo campesino manual a la maquinaria agrícola.

El viaje en tren permite una mirada privilegiada de la zona rural de CDN.

Entendí que la bicicleta era la reina de cada paraje, y los testigos casuales de nuestro andar no saludaban al tren como mi expectativa indicaba.

También confirmé que el color rojo en los carteles está de moda y la foto de los líderes es decoración omnipresente.

El viaje recién empezaba

Semejantes relatos visuales que comenzaba a percibir sacudían mi cabeza, que todavía intentaba «resetearse» después de haber vivido los últimos 10 meses en China. País que, a solo un río de distancia, se encontraba en las antípodas de la propuesta experiencial. 

Luego del almuerzo, que con una perfección e higiene extremas nos sirvieron las empleadas del tren, entendí que la lentitud con la que nos movíamos había contagiado a todo el entorno, y una calma de tarde dominguera había invadido la escena.

Las comidas son servida organizada y prolijamente por el staff del tren.

Esto pasó justo cuando mi espíritu explorador tenía la ansiedad de un niño en las vísperas de Navidad, y se había dado a la tarea de hacer contacto visual con algún pasajero para charlar un rato, o al menos ensayar un intercambio de señas para comunicarnos y conocer un poquito de su cultura.

Fue en ese momento cundo un señor de porte serio, con vestimenta oscura y formal, y un pin rojo con las figuras de Kim Il-sung y Kim Jong-il -fundador de la República Popular Democrática de Corea y su hijo- me llamó en un inglés claro para que me acerque. Caminé ansiosa los 5 metros que separaban mi litera del banquito -ubicado contiguo a la ventana- donde se ubicaba esta persona, y con timidez e impulsividad a la vez, me senté frente a él pronunciando un “Hello” que entrelineas rugía las ganas que tenía de generar ese intercambio.

Interior del tren a Pyongyang, donde la interacción con los lugareños es parte del viaje.

Debo confesar que cuando me miró y sentenció inmutable: “no esta permitido usar el celular” (2) desencantó por completo el primer momento del encuentro. Y hasta tuvo reminiscencias de todos esos videos de turistas europeos que había visto antes de viajar, donde relataban lo peligroso que podía ser CDN.

Por suerte para mi, la sonrisa nunca falla ni se malinterpreta, y con una muy grande le pedí disculpas, guarde mi teléfono y comenzamos una charla donde me contó que vivía en Pyongyang, que viajaba seguido a China por trabajo y algunos detalles más de su vida, a la vez que me preguntó sobre Argentina y acerca de mi decisión de estudiar en China.

La charla terminó con un sincero “gusto en conocerte” de ambas partes, y volviendo a mi litera disfruté los últimos momentos deL viaje y la ansiada llegada a la capital.

Arribando a Pyongyang

Al desembarcar en la estación de tren de Pyongyang, me di cuenta que cumplía con todas mis expectativas previas: pulcritud, inmensidad, carteles rojos con letras blancas, y una estética austera similar a las terminales ferroviarias que en viajes anteriores conocí en Rusia.

Guastavino ante la entrada de la Estación de Trenes de Pyongyang.

Pero lo que inesperadamente me llamó la atención, fue la formalidad de la vestimenta de las mujeres coreanas que caminaban por allí y la metodología con la cual se organizó la salida al exterior de los cientos de pasajeros que recién llegábamos.

Cada grupo fue organizado en una fila perfecta que avanzaba a ritmo constante, cual orquesta ensayada por años, y que ni el vigor y alboroto de mis compañeros chinos pudo descalibrar. Y respetando esa fila es que atravesé el último pasillo verde de la estación y pise por primera vez las calles de Pyongyang.

Experimentando un sin fin de sensaciones

Confieso haberme sentido obnubilada de la emoción, y en los pocos pasos que duró esa caminata en la calle, hasta que nuestro guía nos apuró a subir al micro, me invadió la incómoda sensación de estar dentro de un reality, donde el escenario estaba perfectamente limpio y organizado, y los actores -vestidos todos igual con la vista totalmente ajena a nuestra presencia foránea- desarrollaban su papel con un «timming» extremo.

Pero como las primeras impresiones suelen ser traicioneras, seguí al grupo sin distraerme ni adelantarme con conclusiones precoces, subí al micro y me preparé para llegar al hotel que nos alojaría durante todo nuestro viaje…

continuará.

NOTAS DE LA AUTORA

(1) El término «Estados canallas» (rogue state) se remonta al gobierno estadounidense de George W. Bush, que lo utilizó para describir a los estados agresivos que amenazan tanto a los propios Estados Unidos como a sus aliados. Los primeros países en ser considerados «Estados canallas» fueron Corea del Norte, Cuba, Irán, Irak y Libia, aunque esta lista fue cambiando con el tiempo. La definición de «Estado canalla» es determinada exclusivamente por el gobierno de los Estados Unidos, que percibe la amenaza de estos países como la justificación de su política exterior e iniciativas militares, e incluye principalmente a los países que apoyan el terrorismo o utilizan o desarrollan armas de destrucción masiva.

(2) Luego del encuentro me remití a la fuente de información más segura que tenia al alcance: el guía de nuestro grupo, quien me aseguró que esta totalmente permitido usar el teléfono libremente, sacar fotos y filmar. Pero muchas veces, los pasajeros norcoreanos se sienten incómodos y hacen este tipo de comentarios.

Acerca del autor

Es directora de arte, diseñadora gráfica, fotógrafa y viajera. Desde su primer viaje a China en 2013 se siente profundamente atraída por su historia, cultura e idioma, motivo por el cual viajó en otras 3 oportunidades a dicho país. En el año 2017 viajó por China durante 5 meses, 2 de los cuales los dedicó a estudiar el idioma chino en escuelas de Beijing y Yangshuo. En 2018 ganó una beca para estudiar el programa de 1 año de idioma chino en la Universidad de Idioma y Cultura de Beijing. En 2019 realizó el Programa Ejecutivo sobre China Contemporánea en la UCA (Universidad Católica Argentina), a cargo del Dr. Jorge Malena, y a fin de ese año rindió el examen de chino mandarín HSK4. En 2020 obtuvo otra beca para estudiar el programa de 1 año de idioma chino y cursó el programa “Argentina Estudia China” en la UNDEF (Universidad de la Defensa Nacional). Actualmente trabaja como diseñadora para una agencia de comunicación y para una de las bodegas más importantes de Argentina. Estuvo a cargo del área de diseño y comunicación del CEACH (Centro de Estudios Argentina China). Es coordinadora y diseñadora en ADEBAC (Asociación de Ex Becarios Argentina China) y responsable de contenidos en la agencia Bridge to Asia para la campaña de posicionamiento de la Ciudad de Buenos Aires en China. Lleva adelante un programa de fidelización de clientes en el segmento B2B enfocado en supermercados chinos de Buenos Aires para una distribuidora argentina. Colabora con la identidad visual y diseño de ADEACH (Asociación de Argentinos en China). Asimismo, forma parte de un grupo de estudio sobre arte oriental (con foco en China), a cargo de la Dra. Verónica Flores.