Donald Trump Jr. aterrizó esta semana en Corea del Sur en una visita cargada de simbolismo económico y geopolítico. El hijo mayor del presidente de Estados Unidos se reunió el miércoles con una veintena de altos ejecutivos de conglomerados surcoreanos, en encuentros privados que buscaron abrir nuevas vías de cooperación en sectores clave como defensa, energía y construcción naval.
La jornada, desarrollada bajo estrictas medidas de seguridad en el exclusivo hotel Josun Palace en Seúl, se extendió por casi 12 horas. Cada sesión individual duró entre 30 minutos y una hora, sin acceso a la prensa ni comunicación oficial sobre los contenidos discutidos.
Entre los nombres más destacados figuró el de Kim Dong-kwan, vicepresidente del Grupo Hanwha, quien acudió junto a sus hermanos Kim Dong-won, presidente de Hanwha Life, y Kim Dong-seon, responsable de innovación en Hanwha Galleria. La familia Kim ha sido históricamente cercana al Partido Republicano en EE.UU., lo que añade una capa de lectura política a la reunión.
La visita fue gestionada por Chung Yong-jin, presidente de Shinsegae Group, quien invitó personalmente a Trump Jr. a Corea. Ambos compartieron una cena privada el martes por la noche en la residencia del empresario, inmediatamente después de la llegada del visitante en jet privado al aeropuerto de Gimpo.
Pese a la relevancia de los encuentros, los directivos de los cuatro grandes chaebols del país —Samsung, Hyundai, SK y LG— estuvieron ausentes. Esto no impidió que Trump Jr. sostuviera reuniones con representantes de empresas de peso como CJ Group, Celltrion, Naver, Lotte, Korean Air y LS Group.
Un portavoz de CJ confirmó que su presidente, Lee Jae-hyun, abordó con Trump Jr. la posibilidad de ampliar su presencia en EE.UU., donde la demanda de productos como los populares dumplings Bibigo sigue creciendo. En el caso de Lotte, se comentó que el encuentro giró en torno al fortalecimiento de operaciones en territorio estadounidense, donde la firma ya cuenta con una planta química, una instalación farmacéutica CDMO y cuatro hoteles.
Desde el sector industrial señalan que el interés por establecer lazos con el entorno cercano a Trump creció en los últimos meses, a la luz de las medidas proteccionistas impulsadas por el mandatario. El 9 de abril, EE.UU. impuso aranceles recíprocos del 25% sobre productos surcoreanos, aunque posteriormente aplicó una pausa de 90 días para renegociar los términos.
En este contexto, empresarios coreanos ven en Trump Jr. una vía directa para posicionarse frente a un eventual segundo mandato de su padre. El propio Chung ya había visitado el resort Mar-a-Lago en Florida a fines de 2024, lo que facilitó el acercamiento actual.
La estrategia de las empresas surcoreanas está alineada con las conversaciones comerciales en curso entre Seúl y Washington, que apuntan a lograr un acuerdo integral antes del 8 de julio, fecha límite de la tregua arancelaria. En este escenario, las reuniones de Trump Jr. cobran una importancia especial: pueden actuar como catalizador de alianzas y negocios que protejan los intereses coreanos ante posibles endurecimientos comerciales.
Aunque no se revelaron detalles concretos sobre acuerdos o compromisos, fuentes de la industria apuntan a que varios sectores —semiconductores, energía, acero, automoción y defensa— expresaron intención de avanzar en acuerdos bilaterales. Trump Jr. se mostró receptivo y abierto a colaborar.
Las expectativas en el sector empresarial coreano son altas. La visita representa no solo una oportunidad para influir en la futura política comercial de EE.UU., sino también para reposicionarse en un mercado estratégico que está en plena reconfiguración.
«Trump Jr. no tiene un cargo oficial, pero es una figura clave del entorno presidencial y mantiene contacto permanente con los equipos económicos de la Casa Blanca. Su visita a Corea no es meramente simbólica, sino parte de una estrategia más amplia», afirmó un analista local consultado por Yonhap.
El hecho de que se mantuviera la visita en la más estricta reserva y que participaran nombres de tanto peso, refuerza la lectura de que Corea del Sur está dando pasos concretos para salvaguardar sus intereses en medio de un escenario internacional incierto.
Por ahora, las conversaciones se han mantenido en el plano privado. Pero no se descarta que en los próximos meses empiecen a concretarse anuncios públicos vinculados a inversiones conjuntas, expansiones de plantas o nuevos convenios tecnológicos.
En definitiva, la presencia de Donald Trump Jr. en Seúl simboliza la apuesta surcoreana por mantener canales abiertos con el poder en Washington. En tiempos de proteccionismo y tensiones comerciales, sentarse a dialogar con los actores del futuro se vuelve, para muchos conglomerados, una estrategia de supervivencia.













