Junko Tabei: la mujer que escaló el Everest cuando el mundo le decía que no podía

El 16 de mayo de 1975, una mujer japonesa de 1,45 metros de altura y 36 años se arrastró por una cornisa de hielo afilada como un cuchillo y se paró en la cima del mundo. Dos días antes había sido desenterrada inconsciente de una avalancha. Nadie la había esperado ahí.

Su nombre era Junko Tabei, y lo que hizo ese día no fue solo escalar una montaña. Fue desmantelar, metro a metro, la idea de que ciertos lugares no le pertenecían a las mujeres.

Una infancia improbable para una alpinista

Tabei nació en 1939 en Miharu, Fukushima, Japón, como la quinta de siete hijos. Era una niña frágil, propensa a la neumonía, de contextura pequeña. Nada en su infancia anunciaba lo que vendría. La chispa llegó a los diez años, durante una excursión escolar al Monte Nasu: algo en esa experiencia se quedó grabado con una claridad que no la abandonaría jamás.

Lo que la enamoró del alpinismo no fue la competencia sino su ausencia. Escalar, entendió desde joven, no se trata de ganarle a otro sino de encontrar los propios límites y empujarlos. Esa filosofía la acompañó toda su vida.

Los límites que más resistencia opusieron no fueron los de las montañas. Cuando quiso integrarse a grupos de escalada, encontró hombres que se negaban a trepar con ella o que asumían directamente que buscaba marido. La industria del alpinismo japonés de los años 60 era, como casi todo lo demás, un territorio vedado para las mujeres.

El 16 de mayo de 1975, una mujer japonesa de 1,45 metros de altura y 36 años se arrastró por una cornisa de hielo afilada como un cuchillo y se paró en la cima del mundo.

La respuesta: construir la propia puerta

En 1969, Tabei fundó el primer club de escalada exclusivamente femenino de Japón. La lógica era simple y contundente: si los hombres no querían incluirlas, las mujeres organizarían sus propias expediciones internacionales y las liderarían ellas mismas. El club no era un gesto simbólico. Era una estructura operativa.

Seis años después, ese club llevaría a Tabei al Everest.

La expedición que cambió la historia

La expedición femenina japonesa al Everest de 1975 enfrentó dificultades desde antes de partir. Los fondos escaseaban y las patrocinantes no sobraban para un equipo de mujeres que quería escalar la montaña más alta del mundo. Llegaron de todas formas.

En el Campo II, una avalancha sepultó a Tabei y a sus compañeras bajo la nieve. Su sherpa la arrastró inconsciente hacia la superficie. Tardó dos días en recuperarse lo suficiente para seguir. Siguió.

El 16 de mayo alcanzó la cima. Era la primera mujer en la historia en hacerlo. Cuando le preguntaron después por qué había continuado tras la avalancha, su respuesta fue característica: la única alternativa era bajar, y bajar no era lo que había ido a hacer.

Más allá del Everest

La cima del mundo resultó ser solo el comienzo. En 1992, Tabei completó las Siete Cumbres —la cumbre más alta de cada continente— al escalar Puncak Jaya en Indonesia, convirtiéndose en la primera mujer en lograrlo.

Pero lo que más la preocupaba en sus últimos años no eran las montañas que le faltaban por escalar sino el estado de las que ya había subido. La degradación ambiental del Everest la horrorizaba. Completó una maestría en la Universidad de Kyushu centrada en la crisis de residuos en la montaña y dedicó parte de su activismo a visibilizar el daño que el turismo masivo estaba causando en los ecosistemas de alta montaña.

Tabei fundó el primer club de escalada exclusivamente femenino de Japón. La lógica era simple y contundente: si los hombres no querían incluirlas, las mujeres organizarían sus propias expediciones internacionales.

Tras el terremoto y tsunami de 2011, organizó ascensiones anuales al Monte Fuji para niños afectados por el desastre de Fukushima, la misma prefectura donde había nacido. La montaña como terapia, como espacio de recuperación, como lugar donde el cuerpo aprende que puede más de lo que cree.

El legado

Junko Tabei murió en 2016 a los 77 años, tras una batalla contra el cáncer que enfrentó con la misma ecuanimidad con que había enfrentado todo lo demás. Hoy lleva su nombre un asteroide —el 6897 Tabei— y una cordillera en Plutón: Tabei Montes.

Tiene el tipo de legado que trasciende los récords. Demostró que la voluntad no tiene talla ni género, y que a veces la única manera de abrirse un camino es construirlo desde cero.

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Colaboradora, especialista en Comunicación & Relaciones Internacionales.