La industria naval japonesa, que dominó los mercados globales durante los años ochenta, atraviesa hoy una crisis estructural sin precedentes. Según datos de Clarksons Research, la cuota de nuevos pedidos de Japón cayó al 1,4% en el primer trimestre de 2026, mientras Corea del Sur captó el 20% del mercado mundial, liderando los segmentos de mayor valor agregado.
El diagnóstico es contundente: Japón tiene diques y financiamiento, pero carece de ingenieros capaces de diseñar buques. La Asociación Japonesa de Exportadores de Barcos informó que los pedidos de exportación para el año fiscal 2025 cayeron un 15% interanual, hasta 9,05 millones de toneladas brutas. Los contratos para buques metaneros de alto valor prácticamente desaparecieron desde 2016.
La raíz del problema es la destrucción deliberada del capital humano durante las recesiones anteriores. La Universidad de Tokio disolvió su Departamento de Ingeniería Naval en 2000, mientras que la Universidad de Hiroshima eliminó «construcción naval» de su denominación en 1991. Esa interrupción en la formación de talento de élite es hoy irreversible en el corto plazo. Yukito Higaki, presidente de Imabari Shipbuilding, la mayor astillera del país, reconoció que la empresa tiene dificultades incluso para atender la demanda de reposición doméstica.
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El gobierno de Sanae Takaichi reaccionó tarde: declaró la industria naval como sector estratégico nacional e impulsó una hoja de ruta para duplicar la producción anual a 18 millones de toneladas brutas hacia 2035, con una inversión de 350.000 millones de yenes en diez años. Pero los propios actores del sector reconocen que el dinero no fabrica ingenieros.
Corea del Sur observa el escenario japonés como un espejo incómodo. La Asociación Coreana de Industria Naval estima un déficit de 135.000 profesionales para 2027. La tasa de vacantes no cubiertas en el sector alcanzó el 14,7% en la primera mitad de 2024, el doble del promedio nacional. Frente a la presión de China —que gradúa miles de ingenieros navales por año— Seúl apuesta por tecnología de alto rendimiento y bajos costos operacionales en el ciclo de vida del buque, no por precio de construcción.
La lección japonesa es clara: tres décadas después de abandonar la formación de talento especializado, ningún plan de inversión ha logrado revertir la caída.
Fanático de Asia, periodista part-time.













