Los episodios protagonizados por Wanda Nara, ahora, y Nicolás Cabré, el año pasado, en el transporte público japonés vuelven a poner el foco en un fenómeno recurrente: el desconocimiento —o la indiferencia— de los turistas occidentales frente a las normas culturales de uno de los países con mayor disciplina social del mundo.
Japón volvió a ser noticia en Argentina, pero no por sus avances tecnológicos ni por su diplomacia. En distintos momentos de los últimos meses, dos celebridades argentinas protagonizaron episodios viralizados en redes sociales por comportamientos considerados inapropiados en el transporte público nipón, desatando un debate que excede el ámbito del espectáculo y toca de lleno la cuestión del respeto intercultural.
El caso más reciente involucra a Wanda Nara y a su pareja, Martín Migueles, quienes se encontraban de vacaciones por Asia. El episodio ocurrió a bordo del Shinkansen, el icónico tren bala japonés, cuando un pasajero local publicó en X una imagen cuestionando la conducta de la pareja: según describió, una extranjera hablaba a los gritos por teléfono, con el asiento completamente reclinado y los pies apoyados sobre el respaldo del asiento de adelante. La foto, tomada de espaldas, muestra a Wanda completamente recostada con sus zapatillas deportivas sobre el asiento delantero, mientras Migueles adoptaba una postura similar con el teléfono en mano.

La ironía del episodio es que el repudio llegó apenas días después de que Nara compartiera con sus 17,6 millones de seguidores en Instagram su «sueño cumplido»: viajar en el exclusivo Hello Kitty Shinkansen, el tren decorado con la estética de Sanrio que une Osaka con Fukuoka. El contraste entre la postal idílica y la denuncia del pasajero japonés no pasó desapercibido.
El precedente Cabré
El episodio de Nara no es aislado. En marzo de 2025, fue el actor Nicolás Cabré quien generó indignación al visitar Japón para correr la Maratón de Tokio. En un video que rápidamente se viralizó, se lo ve colgado de uno de los pasamanos del subte con movimientos oscilantes y llamativos, ante la indiferencia de los pasajeros locales. «Me mira de reojo», se lo escucha decir burlándose de uno de ellos, mientras su hija Rufina, entre risas y algo incómoda, le pedía que parara.
Un usuario argentino radicado en Japón retomó el momento y expresó su malestar en un video de opinión que también se viralizó, advirtiendo que este tipo de actitudes afectan la percepción que los japoneses tienen de los turistas argentinos: «Por acciones como esta, algunos japoneses ya tienen mala predisposición con los que después hacemos las cosas bien o lo intentamos».
El meiwaku y la brecha cultural
Ambos episodios tienen un denominador común: el choque con uno de los valores más arraigados de la sociedad japonesa. En Japón rige el concepto de meiwaku —no molestar al prójimo—, y acciones como apoyar el calzado donde otros apoyan la cabeza, hablar a los gritos por teléfono o perturbar la calma del espacio compartido son consideradas ofensas graves.
No se trata de caprichos culturales, sino de una filosofía de convivencia que atraviesa cada aspecto de la vida pública japonesa y que está en las antípodas del estilo expresivo y extrovertido que suele caracterizar al turista latinoamericano.

Algunos internautas japoneses y residentes extranjeros en el país lo graficaron con una analogía elocuente: «Hacer eso en Japón es como que venga un japonés a tu casa y te tire un balde de agua en el asado».
Una imagen que trasciende a los protagonistas
Más allá de los nombres propios, lo que estos episodios ponen en evidencia es una falla sistemática en la preparación cultural de quienes viajan a destinos con códigos radicalmente distintos a los occidentales. Japón no es un parque temático: es una sociedad con reglas de convivencia precisas, no escritas pero universalmente conocidas por quienes la habitan.
Ni Wanda Nara ni Martín Migueles se pronunciaron al respecto. Los videos, en cambio, siguen circulando — y con ellos, el debate sobre qué significa viajar con responsabilidad cultural.
Fanático de Asia, periodista part-time.













