Ali Khamenei: el hombre en el centro de la tormenta que lleva cuatro décadas al frente de la República Islámica

La ofensiva conjunta de Estados Unidos e Israel contra Irán no solo apuntó a infraestructura militar: varios de sus blancos estuvieron simbólica y físicamente ligados al líder supremo, el ayatollah Ali Khamenei, revelando que uno de los objetivos estratégicos de la operación es desmantelar el núcleo de poder del régimen.

La agencia semioficial iraní Tasnim informó que siete misiles impactaron en zonas próximas al palacio presidencial, ubicado en el barrio norteño de Shemiran, y en los alrededores del complejo residencial del propio Khamenei. The Associated Press añadió que los ataques también alcanzaron áreas cercanas a sus oficinas administrativas. Según Reuters, el líder supremo, de 86 años, no se encontraba en Teherán al momento de los bombardeos, y habría sido trasladado de antemano a un lugar seguro. Las autoridades iraníes cortaron los accesos por carretera a su complejo mientras las explosiones continuaban sacudiendo la capital.

Cuatro décadas en el vértice del poder

Desde 1989, cuando sucedió al fundador de la República Islámica, el ayatollah Ruhollah Khomeini —artífice de la revolución que derrocó al sha Mohammad Reza Pahlavi en 1979—, Ali Khamenei ejerce como máxima autoridad del Estado iraní. Su poder abarca lo político, lo militar y lo judicial, y tiene una dimensión espiritual que lo convierte en referencia religiosa para millones de chiítas. Durante sus más de tres décadas al frente del régimen ha enfrentado sucesivas oleadas de sanciones internacionales, protestas internas motivadas por crisis económicas y sociales, y una relación abiertamente confrontacional con Occidente.

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Su base de apoyo descansa, en gran medida, sobre dos pilares: la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) y la fuerza paramilitar Basij, que reúne a centenares de miles de voluntarios leales al régimen. Khamenei ha calificado públicamente a Estados Unidos como el «principal enemigo» de Irán, ubicando a Israel en segundo lugar.

En materia nuclear, el líder supremo ha insistido en que el programa atómico iraní tiene exclusivamente fines civiles, sin permitir inspecciones internacionales que lo verifiquen. Tanto Israel como sectores del gobierno estadounidense —en particular durante la administración de Donald Trump— han desestimado esa afirmación, argumentando la existencia de un programa militar encubierto.

Amenazas directas y presión creciente

En los meses previos a los ataques, las declaraciones contra Khamenei se fueron intensificando. El ministro de Defensa israelí, Israel Katz, llegó a afirmar públicamente que un líder que busca destruir Israel «no puede continuar existiendo». El primer ministro Benjamin Netanyahu, por su parte, sostuvo que Israel no descartaba intentar eliminarlo, señalando que esa acción «pondría fin» al prolongado conflicto entre Israel y el régimen iraní.

Trump, en tanto, advirtió que Khamenei «debería estar muy preocupado» y declaró que un cambio de régimen sería lo mejor que podría ocurrirle a Irán. En otra ocasión afirmó conocer el paradero del líder supremo, aunque descartó planes inmediatos para atacarlo personalmente. Tras los bombardeos de este sábado, el mandatario estadounidense prometió destruir la armada y los sitios de misiles iraníes, e instó a la población a derrocar a su propio gobierno.

Descabezar la cúpula

El corresponsal de Al Jazeera Ali Hashem señaló que la serie de ataques apunta principalmente a neutralizar a la élite política del régimen. Medios israelíes, citando fuentes castrenses, confirmaron que entre los objetivos se encontraban tanto Khamenei como el presidente Masoud Pezeshkian. Sin embargo, evaluar si la estrategia logró desestabilizar la conducción del Estado iraní es, según Hashem, todavía prematuro.

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Colaboradora, especialista en Comunicación & Relaciones Internacionales.