China redefine su financiamiento en África y deja atrás la era de los grandes megaproyectos

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El flujo de préstamos de China hacia África volvió a caer y marcó un nuevo punto de inflexión en una relación financiera que durante más de una década estuvo dominada por obras de infraestructura de gran escala. De acuerdo con un informe reciente de la Universidad de Boston, el volumen de créditos otorgados el año pasado se redujo de manera significativa respecto de ejercicios anteriores, en una señal clara de que Beijing está ajustando su estrategia en el continente.

El repliegue no es un hecho aislado ni responde únicamente a coyunturas externas. Los investigadores señalan que China viene abandonando progresivamente los proyectos multimillonarios que caracterizaron los primeros años de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, como ferrocarriles, carreteras y represas, para concentrarse en iniciativas más acotadas, con mayor viabilidad comercial y menor exposición al riesgo financiero.

Este giro está estrechamente ligado a las dificultades que enfrentaron varios países africanos tras la pandemia, cuando la presión sobre las cuentas públicas derivó en incumplimientos de pago y obligó a Beijing a asumir pérdidas en algunos de sus préstamos. A partir de esa experiencia, las autoridades chinas comenzaron a privilegiar esquemas más prudentes, con instrumentos financieros distintos y una evaluación más estricta de los proyectos.

El estudio destaca que el financiamiento chino ya no se apoya de forma predominante en créditos denominados en dólares ni en préstamos soberanos tradicionales. En su lugar, gana peso el uso de la moneda china, el canal de préstamos a pequeñas y medianas empresas a través de bancos locales y, sobre todo, la inversión directa en sectores específicos. Este enfoque busca reducir el riesgo de endeudamiento excesivo y al mismo tiempo mantener la presencia económica china en África.

Algunos países se convirtieron en ejemplos de esta nueva etapa. En África oriental, por ejemplo, los proyectos de infraestructura financiados recientemente por China se estructuraron íntegramente en moneda china, una tendencia que otros gobiernos de la región analizan replicar. También se multiplicaron los acuerdos entre bancos de desarrollo chinos y entidades financieras africanas para canalizar recursos de manera conjunta.

La selección de proyectos muestra, además, un mayor grado de concentración. En el último año relevado, el financiamiento se distribuyó entre un grupo reducido de países y estuvo orientado a sectores estratégicos como la energía y el transporte, con un énfasis particular en relaciones bilaterales de larga data. Angola se ubicó entre los principales receptores, en línea con el interés de Beijing por sostener alianzas consideradas clave.

Para los autores del informe, el patrón que emerge es el de una China más cautelosa, que combina una reducción del préstamo directo con herramientas financieras de mercado. El objetivo, sostienen, es acompañar el crecimiento africano sin repetir los desequilibrios que marcaron el ciclo anterior. Así, la relación entre China y África no se detiene, pero sí cambia de forma, dejando atrás la etapa de los megaproyectos para dar paso a una cooperación más selectiva y calculada.

 

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